En el marco del Día Internacional de la Mujer, es fundamental reconocer y celebrar la invaluable contribución de las mujeres al mundo del teatro.
A lo largo de la historia, las mujeres han desafiado obstáculos y estereotipos para destacar en todas las facetas de las artes escénicas, desde actrices y directoras hasta dramaturgas y diseñadoras. Su presencia en el teatro ha enriquecido las narrativas, ofreciendo perspectivas únicas y poderosas que han transformado la forma en que experimentamos y comprendemos el arte escénico.
En este día tan significativo, queremos destacar el talento de ocho jóvenes creadoras que están dejando una huella importante en el mundo del teatro, pues no solo se destacan en la actuación, sino que también brillan en diversas facetas del quehacer escénico y nos comparten una breve reflexión sobre el teatro y su significado con motivo del 8M.

“Ahora me siento libre de poder, a través del teatro, cuestionar mi entorno y las costumbres que me han enseñado que debo seguir como mujer. Al momento de crear, ya no me juzgo por el hecho de hablar desde cómo veo al mundo como mujer, porque en el camino me he dado cuenta de que no estoy sola”.

“No se puede pensar en el teatro sin pensar en la mujer. Nos han enseñado que es mucho más fácil identificarnos con las historias de los héroes, de ellos, que con las historias de ellas, que la experiencia femenina es tan reducida, cuando en realidad es amplísima. El teatro tiene una deuda histórica con la mujer y tenemos qué revisar porque consumimos las historias que consumimos. Si queremos hacer algo al respecto, podemos empezar por decidir qué historias consumir, por pelear que haya mujeres en la escena, no solamente mujeres actrices, podemos ser actrices creativas, podemos ser directoras, dramaturgas, escenografías, iluminadoras en la medida que vayamos tomando esas posiciones que siempre han estado ahí para que las agarremos y transformemos, vamos a poder encontrar posibilidades teatrales que jamás nos habíamos imaginado”.

“Ser mujer productora directora actriz y gestora era algo que antes parecía un tanto imposible, el trabajo de mujeres no estaba reconocido, o podría ser nada más productora o productora de directores hombres, o a lo mejor una directora de las pocas que había en el país, pero que puedas ser actriz y al mismo tiempo tener otros cargos, sin duda, es porque se ha dado una evolución en cómo se concibe la cultura, gracias al empoderamiento de muchas mujeres, a partir de 4 o 5 años para acá, con un montón de movimientos feministas a lo largo del mundo. Para mí celebrarlo haciendo teatro, llevando mi obra al extranjero es la mejor manera de darme ese tributo a mi misma, y decir, lo estoy haciendo bien, estoy caminando hacia donde quiero caminar”.

“Visibilizar a las creadoras que día con día luchan por espacios, por otros discursos y otras maneras de producir. Seguirnos cuestionando, todos los días, sobre qué queremos hablar en escena y desde dónde”.

“El teatro para mí ha estado ligado siempre como una herramienta y una vía para mi autonomía discursiva, creativa, de cuidado y de trabajo. En ese sentido me considero una persona que ha sido afortunada por haber sido arropada por el teatro y que cuando digo arropada, es porque he estado en contextos en los que he estado con el reto de cada vez ser una mujer más entera, más decidida, más aguerrida. He podido estar en espacios en los que he aprendido a ser una mujer que comparte con otras mujeres, que aprende de otras mujeres, que ha aprendido, como dicen, ser trinchera, porque todas estamos haciendo y dando para una misma causa, que está ligado al compromiso como sociedad y de hacerlo como un motor que nos dignifique como trabajadoras creativas de las artes escénicas. En este contexto del 8M, me pone sensible pensar que, aunque hay espacios más amorosos, cuidados, hay todavía un camino que tiene que ser constante y que no hay espacio para bajar la guardia en seguirnos defendiendo y visibilizando como mujeres”.

“Pienso el teatro como mi lugar seguro, como el territorio que visito y el territorio que soy. El Teatro HOY, como espacio de reflexión, de autoconocimiento, de encuentro, de gesto, de comunidad, de libre pensamiento, de tejido, de ternura, un lugar que no sería posible para nosotras sin las mujeres que nos antecedieron, las que dijeron ¡ESTAMOS AQUÍ! Hoy el Teatro está cada vez más lleno de mujeres que alzan la voz para contar sus historias, para escribirlas, dirigirlas, producirlas, actuarlas, registrarlas, fotografiarlas, promoverlas, gestionarlas, diseñarlas, mostrarlas, defenderlas; sabemos lo que implica hacer Teatro en un país como México, con desigualdades laborales, económicas y sociales, pero aun así luchamos por ocupar espacios que nos permitan hacer lo que más amamos. Para mí significa mujeres exigiendo espacios seguros de cualquier tipo de violencia, mujeres reivindicando su voz y su existencia”.

“El teatro es y siempre será un espacio de creación artística, es decir creación de mundos ficticios y utopías personales. Para crear mundos hay que ensayar y ensayar, en ese intento constante de concretar un nuevo mundo podemos ensayar realidades nuevas con redes de apoyo, visiones femeninas de la vida, espacios de trabajo horizontales, discursos de mujeres inteligentes y capaces que cuestionan el mundo de fuera, el que existe más allá de las butacas. Con fortuna, mucho ensayo y un público ávido de reflexionar tal vez podamos ir cambiando poquito a poco las conciencias”.

“El teatro” y por consecuencia la comunidad teatral ha sido una vía fundamental para entender, acompañar, cuestionar, sanar y elegir mi identidad como mujer en una sociedad y (círculo profesional) que ha perpetuado un sistema opresor y machista, llamado patriarcado. Dentro del medio han habido personas que me han transgredido y violentado fuertemente, pero también personas que me han ayudado a florecer, a empoderarme y a tener una mirada crítica, inteligente y sensible respecto al tema. El teatro mismo es un espacio para poner en crisis y sin duda en mi camino profesional este tema ha atravesado innumerables veces mis ojos como espectadora y mi corazón y cabeza como creadora escénica. Que viva el teatro como frente de resistencia”.
Cada una de estas creadoras coinciden en que si bien, la disparidad en el ámbito escénico ha ido cambiando, la lucha sigue y nadie debe bajar la guardia, pues el teatro, como espejo de la sociedad, requiere de la diversidad de voces y perspectivas femeninas para enriquecer su narrativa y reflejar de manera auténtica la complejidad de la experiencia humana.
Por Itaí Cruz, Fotos: Cortesía
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