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LA NARANJA MECÁNICA: Una exitosa exhibición de cómo el cine puede traducirse en teatro



Fotos: Cortesía SG Producciones

Por Luis Santillán/Pensar en llevar clásicos del cine al teatro, casi siempre, genera expectativas a favor y en contra, más allá de que el público conoce la historia lo que está fijo en la memoria es el relato visual, mismo que tiene herramientas totalmente distintas a las de la escena, por eso, lo primero que destaca de La naranja mecánica, bajo la producción de Sergio Gabriel, es la forma en que se asimila tanto el texto de partida como la película de Kubrick.

Manuel González Gil, director y adaptador, entiende que un gran error sería “competir” contra el creador literario (Anthony Burgess) y el creador icónico de La naranja mecánica (Stanley Kubrick); lo que hace explotar al máximo el lenguaje teatral, para, desde una forma totalmente escénica, crear y desarrollar este universo.

La adaptación es afortunada, las adecuaciones que hace son para potenciar la expectación y flujo del relato, fortalecer a los personajes y, finalmente, apropiarse del material de partida para proponer un trabajo que se aleja de toda comparación y se defiende desde sus elementos.

Fátima Yañez tiene el crédito de “Ambientación”, si a lo que se refiere es la creación del dispositivo escénico, se puede decir que de una manera concreta, con pocos elementos, genera los espacios físicos de acción y, mediante la luz, propone los espacios emotivos. Los cambios de elementos van de la mano tanto con las variaciones rítmicas como las actividades de los personajes, eso hace que siempre sean limpias, breves y exactas. El espacio cambia y proyecta distintos recintos, y lo que parecía a primera vista como elementos que estorbarían, se muestran maleables y en servicio pleno de la escena.

El reparto está integrado por 1 actriz y 7 actores. Hay escenas donde forman coros, en esos bloques se unifican, se integran de manera equilibrada para mantener una unidad. Cada uno de ellos, salvo quien tiene el personaje central Leo Deluglio, interpretan diversos personajes; quizá por las variantes que requiere cada uno de ellos, quien destaca es la actriz Florence de Blauve, va de una sexy mujer a la madre temerosa de Alex, pasando por una cantante de ópera y una doctora que se opone al experimento central del relato.

De Blauve muestra una gran capacidad para distintas necesidades de los personajes, un trabajo corporal en coherencia con las particularidades de cada uno, y cuando se requiere, emana la fuerza para integrarse en un universo distópico colapsado por la violencia.

La Naranja mecánica, con la dirección de González, es una propuesta que sale exitosa de la gran hazaña de llevar a escena un monstruo cinematográfico. Todo su equipo de trabajo colabora para que los resultados puedan sorprender a los escépticos y vale la pena ver el relato creado por Burgess sobre un escenario.

Las funciones son en el Teatro Sogem Wilberto Cantón, consulta precios y horarios, aquí.

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