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EL DONADOR DE ALMAS: Sobre los deseos y la ausencia de afectos




Fotos: Úlises Ávila

Por Omar Muñoz / ¿En qué radican la tristeza y la insatisfacción? Todos deseamos ser amados, poseer cosas y ser felices en consecuencia; pero ¿estamos buscando en el lugar correcto? Amado Nervo escribió El donador de almas en 1889, novela corta que, en apariencia, invita a reflexionar en torno a temas universales como la felicidad y el amor, pero que se sumerge en cavilaciones de tal profundidad que nos lleva a cuestionarnos la espiritualidad y el sentido mismo de la existencia. Adrián Chávez retoma el texto de Nervo y lo lleva al teatro, haciendo equipo con Ro Banda como director y con Serebroz (Ro Banda y Sergio Zermann) y el Teatro La Capilla (Boris Schoemann) como productores.

El donador de almas cuenta la historia de Rafael Antiga, un médico en una situación económica acomodada que encuentra hartazgo en todo lo que le rodea. Es infeliz y dice carecer de afectos. Sólo cuenta con un gato y con su ama de llaves, Doña Corpus, quien anhela el fin del mundo. Finalmente, después de mucho reflexionar decide que lo que le hace falta es tener a alguien que lo quiera. Es entonces, cuando su amigo, Andrés Esteves, un poeta y hombre de una fuerza psíquica elevada, lo visita y decide regalarle un alma que tiene en su poder y cuyo nombre espiritual es Alda. Aunque al principio Rafael se muestra un poco escéptico, finalmente decide aceptar el regalo, sin saber que con ello experimentará el capítulo más importante de su existencia.

La dramaturgia de Adrián Chávez es fiel al original de Nervo: profunda e inteligente, pero con una ligereza excepcional. Chávez decide acertadamente dotar a Doña Corpus y a Andrés Esteves de un peso especial al convertirlos en narradores de la historia. La dirección de Ro Banda funciona muy bien; se nota un concepto estético y narrativo íntegro y coherente con el texto. El trazo y las líneas de tensión entre los personajes son claros.

La escenografía consta de dos sillas y una mesa rectangular de madera, así como, de varios tipos de focos que cuelgan a distintas alturas sobre el escenario. La iluminación juega con las diversas intensidades de los focos, mezcladas con la luz convencional. También a través de la luz, se plantean momentos de rompimiento que permiten a los actores comunicación más directa con el espectador. En conjunto, el diseño espacial y lumínico de Isaías Martínez mezcla satisfactoriamente tres planos distintos: el de los narradores, el de la historia de Rafael Antiga y el de los viajes interplanetarios de las almas. Por su parte, el vestuario de época de Sandra Garibaldi refuerza la estética total de la puesta.

En cuanto a las actuaciones, Conchi León interpreta a una Doña Corpus irreverente y divertida que se convierte en un importante elemento de distensión para el público. Miguel Conde da vida a un atormentado y confundido Rafael Antiga, con quien los espectadores logran conectar. El poeta (y narrador) Andrés Esteves es actuado por Santiago Stephens y logra con éxito llevar de la mano al público a través de la ficción. Natalia Sosa interpreta a Alda, un personaje especialmente difícil por encontrarse en un plano espiritual, pero que no debe dejar de relacionarse con el resto de los personajes.

El donador de almas es el ejemplo perfecto de teatro inteligente y a la vez divertido. Es en el fondo una historia de amor de alcances infinitos, que termina revelando ante los ojos del espectador rotundas verdades que lo transforman. Porque la tristeza y la insatisfacción son tan solo resultado de nuestra incesante búsqueda de la felicidad. No nos damos cuenta de que se encuentra en el amor sin condición. De que no está en el desear, sino en el dar.

Las funciones son los martes hasta el 2 de abril en el Teatro La Capilla.

Consulta precios y horarios aquí.

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