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BUSCO AL HOMBRE DE MI VIDA, MARIDO YA TUVE: Canciones, humor y crítica por la equidad



Por Alegría Martínez/ Ante la aclaración, por parte de la actriz Ana Patricia Rojo, de que Busco al hombre de mi vida…marido ya tuve, no es un discurso feminista, sino una vía para para hablar de las diferencias entre hombres y mujeres, llegar a acuerdos y dejar de pintar la parte inferior de la estatua de Cuauhtémoc en Avenida Reforma, la obra escrita por la bonaerense Daniela Di Segni, que critica con humor la vida heterosexual de pareja, bajo la dirección y producción general de Antonio Escobar, hace cómplice a un público que festeja la parodia en torno al machismo y aboga por la equidad de género.

Di Segni, también autora de títulos como “Vivir sola ¡Se puede!”, “Mujeres de 50”, “Que las sobras no sobren” y “Amigas. Los códigos de la amistad femenina”, entre otros, plantea en Busco al hombre de mi vida…marido ya tuve, la situación de tres amigas que comparten sus tropiezos y desdichas amorosas, al tiempo en que buscan sentirse amadas y valoradas, o según el personaje, avanzar rumbo a la meta de sentirse individualmente plenas.

El desengaño amoroso, del que se desprende rabia, dolor, deseo de venganza -y luego de un proceso de superación de la pérdida-, comprensión y gratitud, conforma parte de la secuencia dramática por la que atraviesa el personaje llamado Garda, que es interpretado con soltura por Ana Patricia Rojo y en funciones alternadas, por Ana Ciochetti.

La eterna espera de una llamada telefónica que devuelva la confianza y genere ilusiones nuevas, permea la existencia del personaje de Teresa, a cargo de Olivia Collins, quien alterna funciones con las también vocalistas, Liza Muriel y Lorelí Mancilla.

Por otra parte, el personaje de Daniela, representado en alternancia por Issabela Camil, Lourdes Munguía y Daniela Carvallo, transita por la transformación de viejos hábitos que han estancado el avance de la relación tradicional de pareja.

Entre escenas cómicas que subrayan enquistadas conductas machistas relacionadas con los deportes, el sexo y el manejo de un bajo perfil femenino para evitar inseguridades masculinas, el montaje cuenta con la participación de dos vocalistas por función que interpretan breves fragmentos de canciones populares vinculadas con cada tema planteado desde el escenario.

Así es como entre algunos temas se escuchan: “Rata de dos patas”, “Corazón de piedra”, “La pareja ideal”, “Macumba”, y “Un nuevo amor”, entre muchos más que, sin embargo, como lo aclara uno de los personajes en algún momento, el contenido de las composiciones no implica que “ellos sean los malos del cuento”.

Como si el cuestionamiento de ¿por qué no nos dimos cuenta antes?” fuera una celebración, Busco al hombre de mi vida…marido ya tuve, es una especie de acto catártico para buena parte del público, que acude con afán de divertirse.

Escenas que reproducen actos cotidianos en los que el elenco representa roles masculinos con bigote falso, exagerada postura corporal y voz en tono grave, incluidas la alusión y en algún momento la presentación de algún aditamento de placer sexual, son celebrados por el público con carcajadas, aplausos, y en su momento, con coros que acompañan la brillante voz de Massiel Sanguinetti, Lorelí Mancilla y Claudia Vázquez.

Antonio Escobar, de larga trayectoria como actor de teatro y televisión, en su actual faceta de director y productor general, crea un espectáculo, con adaptación al contexto mexicano realizada por Andrés Tulipano, que invita a público a pasar un buen rato sin remordimientos de género.

La escenografía, que consta de una estancia con mobiliario en diseño contemporáneo color blanco, incluye dos sillones individuales, un banco, cuatro celosías , algunos elementos que semejan columnas y un escritorio con laptop, conjunto que permite al diseño de iluminación de Kazu Kataoka, así como a las proyecciones y el diseño de iluminación adicional y robótica de Javier Ramírez, recibir un baño de colores mediante el cual el espacio abre libre tránsito a los personajes por una amplia diversidad de lugares y sucesos.

Especial esmero ostenta el vestuario de las actrices que va cambiando conforme progresa la acción de pantalones, playeras y zapato bajo, de agujeta en algunos casos, a prendas de vestir elegantes y elaboradas y rumbo al final de la obra, vestidos de gala, a diferencia de las vocalistas que desde el inicio portan vestidos de noche, propios de un espectáculo nocturno, con diseños de Vestuario Shooting de Gustavo Matta, de Juan Carlos Echevarría para Olivia Collins, de Mitzy para Lourdes Munguía y de Star Dance para actrices.

Ante la certeza de que “Lo que no funciona es asunto de dos”, la obra plantea la necesidad de un cambio positivo en las relaciones de amor heterosexual desde la risa, a través de un montaje que culmina con aplausos y canto por parte de un publico que goza ser parte de la función.

Las funciones son los sábados y domingos hasta el 31 de diciembre en el Teatro Xola Julio Prieto, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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