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BLUE ROOM: Las sutilezas de la creación



Por Luis Santillán/ En 1887 Arthur Schnitzler comenzó a escribir un texto que pensaba llamar La danza del amor (Liebesreigen), sin embargo, Alfred Kerr le recomendó otro título: La ronda (Reigen) en alusión a un baile en el que hay cambios de parejas.

Schnitzler construye La ronda con diez escenas, que según sus propias palabras son “una serie de escenas perfectamente impublicables, y sin gran peso literario, pero si se desenterrasen tras unos pocos cientos de años, podrían sin duda arrojar una luz sobre aspectos peculiares de nuestra civilización”. Y ciento un años después (1998) David Hare hace adecuaciones al texto original y propone, The Blue Room (El cuarto azul), modifica el perfil de personajes (cambia al “soldado”, “camarera”, “señorito”, “conde”, etc.) y propone que sea representado con solo una actriz y un actor, además da un énfasis en las experiencias sexuales del fin de ese milenio.

La ronda y El cuarto azul funcionan con un ciclo de diez situaciones, cada una protagonizada por una pareja, uno de los integrantes se repite en la siguiente situación y de ahí la alusión a la danza de los emparejamientos. Las parejas pertenecen a diferentes clases sociales, distintas percepciones del mundo y van pasando la estafeta situacional, quien inicia el recorrido y lo cierra es un personaje femenino dando la sensación de circularidad.

Tercera Llamada convoca a Paula Zelaya Cervantes para hacer la traducción del texto de Hare y a Anacarsis Ramos para hacer la adaptación y, bajo la dirección de Diego del Río, se estrena en la Ciudad de México con el nombre Blue Room.

Diego del Río reúne a dos elencos, uno de ellos lo conforman Zuria Vega y Pierre Louis; el otro Naian González Norvind y Alfredo Gatica. Esta decisión es un reto de interés porque, dado los resultados, no es preparar actores para rolar personajes, sino es montar dos obras al mismo tiempo y ofrece la oportunidad del espectador de ver dos versiones que surgen a partir de quienes la ejecutan. Si bien la estructura es la misma, las sutilezas marcan grandes diferencias.

En la propuesta Vega-Louis existe un dominio de los personajes femeninos, son ellos quienes, a partir de las acciones, dan énfasis en las formas en que cada situación se desarrolla; los personajes masculinos se mantienen en un equilibrio entre el deseo y la fragilidad; hay variantes que provocan momentos de comicidad y otros donde queda expuesto la vulnerabilidad de los personajes. En la propuesta González-Gatica los personajes femeninos responden a la situación más que provocarla; los masculinos presentan menos variantes; en esta dupla da la impresión de que la apuesta es a reforzar la repetición de comportamientos.

Lo interesante radica en que las diferencias se dan a partir de pequeñas variantes, por ejemplo, en la secuencia de la “niñera” y el “joven”, en la propuesta Vega-Louis se ve cómo ella direcciona al joven amante, ella tiene el control inicial y cuando cambia la situación el desequilibrio de poder cambia; en la dupla González-Gatica es ella quien satisface en principio los lances del joven amante y eso evita la transformación que en la primera dupla es muy lograda. ¿Qué es lo que es distinto? La secuencia de contacto. En la primera dupla literalmente ella guía la mano de él; en la segunda ella es condescendiente en cuanto al placer de él, esa sutileza en una obra donde el punto de partida es la manifestación sexual lo cambia todo.

Momentos así se dan en el desarrollo de la obra, eso es lo que permite que el espectador no vea solo duplas distintas, sino dos versiones de la misma obra, ejercicio muy interesante porque son las acciones, los matices, donde la razón de los dos elencos toma relevancia, con Vega, la “actriz” muestra dos caras, en un cuadro se ve la majestuosidad de la diva, en la otro hay un matiz más íntimo, frágil; cuando el personaje está en manos de González, la “actriz” es más manipuladora en ambos cuadros. Con Louis el “marido” tiene mayor complejidad porque en su primer cuadro se percibe más afectado por la construcción de familia y su rol social, en el segundo se puede ver el contraste de carácter; cuando el personaje lo hace Gatica las variantes son menos; en el primero el discurso se basa en un estado aparentemente alcohólico, en el segundo “festivo”.

Quien destaca actoralmente es Zuria Vega. La transformación entre situaciones es muy limpia y concreta, construye muy sólidamente a los personajes de manera corporal, eso le da ritmos particularidades que son consecuentes con su manifestación sexual y enriquece el contexto situacional de cada bloque; hay un cuidado en otorgar a cada personaje una distinción vocal que ayuda a generar diferentes rangos sociales y de edad.

Por su parte, la escenografía de Jorge Ballina, propone un dispositivo que gira y permite la recreación de cada uno de los espacios, y con la propuesta de iluminación de Félix Arrollo se crean ambientes sórdidos, otros íntimos, aquellos tradicionales; es un trabajo visual que acompaña de manera muy orgánica cada situación y resalta el comportamiento de los personajes.

La propuesta de dirección de Del Río evoca otras obras creadas por él, esto logra un sello donde la teatralidad y el trabajo actoral marcan la constante; hay mucho para reflexionar a partir de la distancia que adquiere la escena según el elenco que esté en ella.

Dada la evolución del texto desde su primera versión, pasando por las modificaciones del siglo pasado, y la oportunidad de llevarlo a escena en este comienzo de milenio había expectativas sobre cómo sería la exploración y apropiación de los personajes desde la adaptación, qué elementos serían el soporte para mantener fresca la provocación que marcó el autor original. Es curioso porque una obra que rompía la mirada sobre el comportamiento social y sexual en la versión de Ramos tiene un tono aleccionador que hubiera sido interesante que quedara en los personajes y no solo en la palabra y en lo metateatral.

Diego del Río es un director en constante creación donde lo importante es la búsqueda que emprende en cada proyecto, en Blue Room hay una apuesta muy interesante que requiere de la observación de los dos elencos para poder dimensionarla a profundidad. Por lo tanto, es una invitación a que el espectador se de la oportunidad de ver la obra con ambos elencos, sin embargo, tampoco es un requisito para poder disfrutarla.

La obra se presenta de viernes a domingo en el Teatro Virginia Fábregas, excepto 24 y 31 de diciembre, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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