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CITA EN NOTREDAME: La eterna espera de Antonieta



Por Alegría Martínez/ Sobre el escenario del Teatro María Tereza Montoya, nombre de la actriz conocida como “La gran trágica” que debutara en el cine con “El automóvil gris” en 1919, se evocan fragmentos de la vida de su mecenas: Antonieta Rivas Mercado, criticada activista política, benefactora y promotora cultural, escritora y actriz que en 1931 puso fin a su “existencia errabunda”, como lo anotó en su diario, frente al altar del Crucificado en Notre Dame.

Como si el trabajo dedicado a la creación del patronato para formar la Orquesta Sinfónica Nacional y a la renovación de la escena nacional mexicana con Los Contemporáneos, no fueran mérito suficiente para recordar a Antonieta Rivas Mercado, el modo y el lugar en que decidió quitarse la vida es lo que más se conoce de la mujer que se propuso enriquecer la cultura de su país.

La escritora que desde los nueve años de edad quiso ser bailarina, es interpretada en escena por la actriz Roxana Andrade, autora con Vicente Ferrer, de Cita en Notredame, dramaturgia basada en datos biográficos y cartas escritas por la también benefactora del escritor Andrés Henestrosa, conocido autor de origen oaxaqueño.

Un perchero, un baúl, alguna silla, un escritorio, libros, un banco y una lámpara, entre otros enseres cotidianos, se distinguen sobre el escenario que, en lo alto, ostenta un círculo blanco, elemento que funciona como breve pantalla, donde se proyectan imágenes de sucesos y personajes históricos.

Semejante a un andar que inicia, se interrumpe y retoma para detenerse de nuevo, la vida de la mujer que en voz de la actriz menciona haber descubierto la belleza de la mano de su padre, se desarrolla mediante una narrativa que aborda el matrimonio de la protagonista a los 18 años, el divorcio en una época de estricta moral y el recorrido por un México en transformación que Antonieta se propone universalizar en el terreno artístico.

La distancia entre Antonieta y su madre, que abandonó a la familia, el hacerse cargo de sus hermanos, su primer fracaso amoroso y la imposibilidad de convivir con su hijo, contrastan con la creación del Teatro de Ulises y la revista Contemporáneos, que en 1928 mantuvieron en alto el buen ánimo de la activista que, en ocasiones, viajaba en limusina hasta su próximo emprendimiento.

Su esperanza de ser amada por Manuel Rodríguez Lozano y su apoyo a favor de la candidatura presidencial de José Vasconcelos, marcaron episodios de intensa espera y desolación en la benefactora de Tina Modotti, dispuesta por largos periodos a entregarse por completo a una causa mediante una relación contradictoria entre su deseo, la devoción casi religiosa y el rechazo que causaba en algunos círculos culturales su apoyo a las expresiones vanguardistas de Europa y Norteamérica, más que al arte revolucionario mexicano.

La directora Gema Aparicio, poseedora de una importante trayectoria en México, España y Latinoamérica, realiza un trabajo cuidadoso y estético que le permite a la actriz viajar por las palabras y compartir con el público las iniciativas de la protagonista, logros, decepciones, nuevos retos y desesperanzas.

El texto de Andrade y Ferrer, sin ahondar en contradicciones, en su trabajo literario y en su activismo a favor de las mujeres, alude a metas alcanzadas y tropiezos en la vida del personaje y a esa especie de infinita espera que inicia desde su infancia, cuando le hubiera gustado continuar con sus estudios de danza en París.

Pareciera que la Antonieta de Cita en Notre Dame ha pasado ya varias veces por su propia historia, incluso antes de usar contra sí la pistola que trajera consigo Vasconcelos durante sus giras, como si se tratara de una narración en espiral.

Alejandro Ainslie, actor, docente y director de escena, que en esta ocasión realiza el diseño de iluminación, genera eficazmente una atmósfera que apoya al espectador en el tránsito de 1900 a 1931, periodo que abarca la existencia de Antonieta Valeria Rivas Mercado Castellanos.

El video realizado por Julio Martínez, que dirige la atención a las manifestaciones políticas y al rostro de Manuel Rodríguez Lozano, al de José Vasconcelos y Federico García Lorca entra otras imágenes, aporta el elemento histórico y documental a la experiencia.

La escenografía y el vestuario de Carolina Jiménez, resuelven el paso de las décadas mediante un vestido base y dos o tres prendas más, entre los objetos que recuerdan la casa de una familia acomodada en el México del porfiriato y la postrevolución.

Con la asesoría en movimiento de Ruby Tagle, que perfila cuidadosamente la educación del recato en una hija de familia que buscó trascender, logrando el foco de atención para artistas e intelectuales más que para sí misma, el montaje cuenta con composición, diseño sonoro, foto fija y diseño gráfico de David Gabriel Martínez; producción ejecutiva de Roxana Andrade y Gema Aparicio, y la programación multimedia de Carolina Jiménez.

Cita en Notredame, otorga pistas desde el escenario para continuar la búsqueda de respuestas sobre la infatigable labor de una mujer, que en su ímpetu de sentirse necesaria en la vida de su país y de los seres que amó, vivió una eterna espera.

La obra se presenta de viernes a domingo hasta el 26 de septiembre (excepto el 24) en el Teatro María Tereza Montoya, consulta horarios y precios, aquí.

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