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ANDROIDE IRREVERSIBLE: La perversidad de las palabras largas



Fotos: Alfredo Millán

Por Luis Santillán/Teatro desde la nada y La Bota Teatro colaboran en conjunto para llevar a escena Androide irreversible de Carlos Virgen. La línea anecdótica que rige es aquella donde un empresario desea hacerse de un conjunto de espacios para derribarlos y generar una nueva construcción, pero su plan no se puede realizar hasta que un librero acepte vender su propiedad, cosa que aparentemente no pasará. Las otras líneas que forman la trama son: un “disidente” social que necesita pernoctar en la librería (de la cual es empleado), una mujer que trabaja como cajera y asume que será beneficiada de la relación que tiene su hija con el librero, y la del librero. El librero tiene un gusto peculiar, mismo que trata de complacer con la hija de la cajera, su aparente normalidad se ve fracturada cuando recibe como regalo un androide.

El texto fluye de manera ágil; los caracteres de los personajes son claros y ayudan al desarrollo de la trama, las situaciones generan tanto la acción como la información necesaria para que la comedia funcione. Quizá la parte del planteamiento tiene una duración más extensa de lo ideal, en tanto que el detonador tarda en aparecer y eso provoca que las consecuencias vengan en oleadas donde ciertos puntos se dejan pasar.

Paulina Elías tiene el personaje del androide, la corporalidad y entonación que emplea está acorde a la propuesta de dirección, solo que en la evolución de la relación con el librero algo impide el desarrollo, no queda del todo claro si es una cuestión de dirección o de asimilación de la situación. Hay elementos planteados por Guillermo Amador que funcionan bien, pero tienen una contraparte que debilita los aciertos.

Marca una línea para el librero, juego con la ambigüedad de su comportamiento, pero cuando éste se confronta con su nueva realidad, todo lo que era relevante pierde peso en un instante. Es como si la mitad de la obra se hubiera creado con detalle, pero el último tercio hubiera sufrido una presión de tiempo por llegar a escena, y eso afecta el todo. Si el texto tiene una pequeña debilidad por la solución a voluntad, la puesta en escena, en lugar de cobijarla o matizarla, la expone.

El personaje que provoca la resolución del final tiene un comportamiento en su primera aparición, mismo que se quiebra para poder hacer la acción requerida que provoque la desgracia del librero. El librero se jacta de leer el instructivo del androide, pero no puede resolver una cuestión que –quien le dio el regalo- indica que está en el instructivo. Ambas situaciones podrían ser alimentadas desde la dirección para no simplificar la ruta marcada por el autor, mas no es así.

La filia del librero, la que se muestra como la real, quizá debería tener la misma intensidad que aquella protagonizada por la hija de la cajera, es extraño que la pasión sea por las palabras y no se vea en escena esa satisfacción.

Androide irreversible de Carlos Virgen, bajo la dirección de Guillermo Amador es una comedia que pone en la mesa una serie de elementos para reflexionar, que sucede de manera amena, donde los personajes son simpáticos y logran conectar con el público generando una grata experiencia.

Las funciones son en el Centro Cultural “El Hormiguero” hasta el 7 de marzo, consulta precios y horarios, aquí.

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