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Diario de un loco, con Mario Iván Martínez en el Helénico



Por Oscar Ramírez Maldonado / Un actor solo, una escenografía simple, idónea para lo que estamos por presenciar sobre el escenario. Estos son los elementos que nos transportan a la geografía de la mente de un hombre, la cual se desdibuja bajo el peso de una sociedad rígida y aplastante. Un ser que frente a sus obsesiones -o por efecto de ellas- ve cómo los puentes imaginarios que nos unen con una realidad única y definida se van esfumando. Es Mario Iván Martínez interpretando, magistralmente, a Aksenti Ivanovich Poprishchin en Diario de un loco.

El actor con una amplísima gama de matices dramáticos se mueve por todo el escenario y se sumerge por los caminos atormentados de la psique de Poprishchin. Un burócrata que, como una roca sometida al constante embate de los elementos, se va erosionando; la cordura del personaje de este monólogo de Nikolai Gogol se desintegra ante nuestros ojos. En una Rusia zarista, en donde la sociedad se mueve entre vicios y preceptos que se parecen peligrosamente a los que todavía hoy vivimos, vemos a Mario Iván Martínez interpretar -dueño absoluto del escenario- a un personaje que se deja llevar, asido solamente de fragmentos de realidad que ya han sido arrastrados por el caudal desbocado de su mente.

Desde la butaca vemos a un personaje apasionado, capaz de sucumbir a la risa y al llanto; un espejo sobre el escenario -en cierto sentido- para todo el público. Los elementos y las luces que rodean al actor se movilizan en sincronía con los impulsos de la mente del protagonista. Se pone en juego una especie de danza que sirve para resaltar el imponente despliege actoral de Mario Iván.

Estamos ante un estupendo montaje que es el resultado de la unión de un talentoso equipo; la directora y traductora de esta adaptación logró integrar todos los elementos en juego dentro de esta puesta de manera redonda. La escenografía de Edyta Rzewuzka tiene los elementos justamente necesarios, que sirven, todos, como herramientas para el actor; la iluminación de Matía Gorlero destaca el juego escenográfico y soporta el trabajo corporal de Mario Iván de manera precisa; la música de forma solvente apoya y resuelve los pasajes humorísticos y dramáticos de la obra.

Esta puesta en escena de Diario de un loco es el resultado de una afortunada complicidad entre directora y actor, y de éstos con un extraordinario equipo de trabajo. Una obra que, a través de una propuesta propia, es un extraordinario homenaje a la memoria del maestro Carlos Ancira, quien durante 16 años interpretó este monólogo; una interpretación que por cuestión de edad muchos no pudimos disfrutar (la del maestro Ancira) pero que se ubica en la memoria colectiva de esta ciudad como entrañable.

Aquí pueden conocer más datos de Diario de un loco (dirección, horarios, boletos, etc.).

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