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EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS: Donde los actores son el centro



 Por Luis Santillán/ El juego que todos jugamos es un texto escrito en 1970 por Alejandro Jodorowsky, su línea anecdótica plantea la forma en que un grupo de actores pretenden realizar una puesta en escena, la estructura es de viñetas donde hay una exposición temática de lo que podría ser preocupaciones ideológicas y sociales del autor, está dividida en dos actos, en el primero se hacen los planteamientos, en el segundo se desea esbozar posibles soluciones.

Cinco actores le cuentan al público como fueron convocados para formar parte de un proyecto escénico, un sexto integrante llega a escena para plantear el sentido de “verdad” que desea lograr el director; eso da paso a una exposición de lo que no se quiere hacer en la escena y, eventualmente, los buenos deseos y las aspiraciones que motivaron a Jodorowsky van desarrollando una serie de momentos.

El juego que todos jugamos bien puede ser un espacio de practica escénica, el público se mantiene atento gracias al trabajo actoral. Cada uno de quienes integran el elenco mantienen un trabajo coaccionado por el punto de partida, sin embargo, la comunicación escénica que tienen les permite alcanzar momentos paródicos que generan la risa del público, asumen con rigor la premisa de los bloques y juegan con ella como ocurriría en un espacio de exploración actoral, los resultados que alcanzan son gratos.

Georgina Rabago es una actriz sobresaliente, prueba de ello son varias obras en su hacer, sus herramientas actorales quedan expuestas en esta producción, la creación de personajes a partir de la simplificación de rasgos permite que haya una agilidad disfrutable, además de que genera momentos cómicos contrastados por otros donde la carga emotiva toca al espectador; crea tanto con matices vocales como corporales, y es innegable su capacidad actoral.

Sergio Suárez destaca también, las variaciones con las cuales trabaja sus personajes le permiten mostrar un abanico de recursos, logra no empalmar rasgos de personajes, del elenco masculino es quien mejor construye vocalmente.

María Ayuso llama la atención por el crecimiento durante la obra, al inicio es discreta, pero conforme los bloques suceden su trabajo se fortalece, puede pasar de personajes muy estereotipados a aquellos que requieren de mayor pericia actoral.

En conjunto el elenco mantiene un trabajo logrado, motiva querer verlo en otros proyectos, en El juego que todos jugamos ofrecen momentos de entretenimiento que revelan lo extraordinario que es el trabajo del actor.

Jodorowsy, con el paso del tiempo, se ha convertido en una especie de leyenda urbana, mucho se escucha sobre sus “provocaciones” escénicas, y en tanto que uno no fue coetáneo de esas obras no queda más que creer en la leyenda, lo cierto es que sus textos no envejecieron de la mejor manera, lo que antes podría haber sido una confrontación ideológica, hoy queda solo como una postura naif.

El elenco ofrece la oportunidad de pasar un momento de diversión gracias a sus capacidades, es una obra donde los actores son el centro y fin del proyecto.

La obra se presenta de manera indefinida en el Teatro Sogem Wilberto Cantón de jueves a domingo, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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