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LA BELLEZA: La palabra encarnada en acción



Fotos: Blenda

Por Luis Santillán/ Julia Pastrana nació en 1834 con el síndrome de hipertricosis lanuginosa y fue vendida al empresario estadounidense Theodore W. Lent, que se dedicaba a los freak shows. Esta relación sirve para que David Olguín escriba La belleza, obra donde Lent es quien guía el desarrollo del relato y muestra una perspectiva más compleja sobre el empresario.

Sin un deseo de justificar, pero sí de explorar el campo emotivo de Lent, Olguín platea un personaje contradictorio, complejo, que explota y protege a Julia. Toma como punto de partida el caso real de Pastrana, pero lo usa para producir un texto que reflexiona sobre conceptos como belleza, amor, conveniencia, y humanidad.

Como sello de su dramaturgia, el texto de La belleza tiene como soporte la acción cimentada en la palabra. Olguín se permite desarrollar lo que le interesa primero por medio de lo que expresan los personajes, de tal forma que, en principio, la confrontación en su universo se da por medio de los conceptos; atacan, seducen, convencen, conmueven al otro por medio del habla. Uno de los momentos que exponen cabalmente esta construcción, se pueden ver cuando Lent busca definir Pastrana como el eslabón perdido, pero Darwin no cede y se niega en emplear esa palabra.

Olguín, en la faceta de director, logra poner en la escena las consecuencias de la palabra. Primero de manera magistral con el trabajo actoral de Laura Almela. Ella, al darle voz a Lent, hace visible el maremoto interno que provoca discursos desesperados del personaje; discursos afectados por la necesidad de convencer a Pastrana, en otro momento, la desesperación se da por el vacío que lo invade.

El ritmo de la puesta en escena tiene variaciones que matizan el contenido. Hay bloques muy fluidos, a partir del diálogo entre Emmanuel Varela al interpretar al general Tom Thumb y Lent. Esas escenas aportan mucho porque permiten ver otra faceta de Lent, otra textura de ese universo.

La decisión de dirección de colocar en Almela al Lent y en Mauricio Pimentel el personaje de Juliana Pastrana da grandes resultados. El trabajo de ambos en la construcción corporal es detallado, emplean el cuerpo para concretar los estados de los personajes, para potenciar las situaciones. Pimentel hace un gran trabajo al tener que dimensionar al segundo personaje (Marie Bartel) porque lo distancia de Pastrana de manera contundente.

La belleza vuelve a reunir el trabajo de Olguín con el de Gabriel Pascal. Esta mancuerna de director-escenógrafo logra darle un sello particular a las producciones de El Milagro. Pascal crea un teatro dando el ángulo de visión es el mismo que tendría Lent, eso da al público la perspectiva que le interesa a Olguín para pensar en qué consiste la belleza.

El texto y puesta en escena de David Olguín, es una obra con las características que definen la creación de Olguín, tiene un alto nivel actoral y la calidad acostumbrada de El Milagro, es de esas propuestas que deben ser vistas por la suma del excelente trabajo de quienes la hacen posible.

Las funciones son en el Teatro El Milagro, hasta el 15 de diciembre, consulta precios y horarios, aquí.

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