Por Roberto Sosa/ Violeta se fue al otro lado, dejó su casa y tierra a los quince años. Regresa ahora que su padre ha muerto, el cortejo fúnebre ingresa al panteón para dar sepultura al muerto. La familia esperaba que ella dijera algo, esperaban verla atravesada por el dolor, pero Violeta no asiste, después del entierro sus pasos los dirige a la casa de Dominga, su madre y su hermano Beto. Los fantasmas del pasado se hacen presentes. Las heridas siguen abiertas.

Con Beto comparte recuerdos de su infancia, crecieron juntos; ahora él cosecha mucho dinero, riqueza que no producen las tierras que dejó su padre. En EE.UU. David espera a Violeta, él es un mexicano indocumentado, viven en pareja y comparten sueños. El luto que no participa con su familia, es menos incomodo con la presencia del niño Tomás, él vive con una pierna imposibilitada; una resortera y su conejo “canelo” es lo mejor que tiene.

La dramaturgia se estructura magistralmente desde distintos ángulos; toca temas, como migración, violencia, la familia, crimen organizado, etc., el relato atraviesa por distintas circunstancias que como mexicanos nos duele y lastima. El eje temático es la migración, nos habla de una joven que a su temprana edad tuvo que abandonar su hogar por causa de violencia sexual y emocional.

La dirección de escena narra la historia desde la oscuridad que habita en cada uno de los personajes. El trabajo es afín con el proceso de creación de los actores, entiende sus impulsos y emociones; los guía desde su propia experiencia como actriz. El resultado es una puesta en escena que propone desde un espacio mágico y oscuro; un relato doloroso y desesperanzador. Quien dirige equilibra el trabajo de creativos, elenco y producción. El resultado está bien logrado.

El desempeño del elenco es nivelado, en cada actor y actriz vive el personaje. Después de leer el texto cada uno (a) debió trabajar por separado con la directora para saber cómo crearlo y desde dónde lo interpretaría, con verdad escénica. El talento y capacidad están presentes, con rigor, fuerza y aptitud toman el escenario, y desde allí le hablan al espectador, le comparten emociones y sensaciones que viven sus personajes. Excelente trabajo.

Violeta es teatro que aborda el realismo mágico desde lo más oscuro. Nos toma de la mano y nos lleva al norte del país, a sus polvorosos paisajes; donde habitan fantasmas. Donde el dolor guarda secretos que la familia no quiere revelar. Violeta no sabe si quedarse o volver, siente esa sensación de “pues a la chingada todo” y volver a empezar. El realismo por momentos deja de ser mágico, existe y duele.

“Desde que la leí, siento que la obra es muy pertinente, la migración, el crimen organizado y la violencia han estado presentes; en estos momentos lo que pasa con los migrantes es muy doloroso. El contexto de la obra es muy pertinente. Como sociedad hay situaciones que no nos gustaría pasar, sí, ojalá no fuera pertinente tocar estos contenidos y pudiéramos hablar de otras cosas, menos graves… menos oscuras. Ojalá el teatro tenga ese poder”: Teté Espinosa

Dramaturgia, Luis Eduardo Yee; dirección, Paula Watson. Elenco: Teté Espinoza (Violeta), Mayra Sérbulo (Dominga), Luis Eduardo Yee (Beto), Cuauhtli Jiménez (David) y Matías Urbina (Tomás). Diseño de escenografía y utilería, Natalia Sedano; iluminación, Patricia Gutiérrez; vestuario, Fernanda García; diseño sonoro, Joaquín Martínez; música original, Álvaro Emiliano López Reyes.

Para más información de Violeta, da clic aquí.

Fotos: Roberto Sosa