Por Mariana Mijares/ A veces la manera de mantener un clásico vivo es revitalizarlo y releerlo desde el presente para que siga dialogando con nuevas generaciones. Este es el caso de Cuento de Navidad, la obra de Charles Dickens en versión musical que ahora se presenta en el Nuevo Teatro Silvia Pinal.

Publicada originalmente en 1843, Cuento de Navidad se enfoca en Ebenezer Scrooge, un hombre avaro, solitario y huraño que desprecia la Navidad y todo lo que representa. La visita inesperada de tres espíritus: el del pasado, el presente y el futuro, lo obliga a enfrentarse con sus propias decisiones, miedos y culpas, en un viaje emocional que lo confronta con la posibilidad de cambiar.

Si bien Cuento de Navidad es un clásico que se representa en escenarios de todo el mundo durante la temporada navideña, esta versión mexicana destaca por un elenco que le aporta dinamismo y gran nivel.

La producción regresa con el mismo protagonista: Adal Ramones, quien recrea a un hombre avaro y amargado que se ha aislado de sus seres queridos y se niega a ayudar a otros. El actor, que ha comprobado su talento en el escenario en obras como Los Productores, El joven Frankenstein, Shrek y, recientemente, Spamalot, parece entender bien a este personaje. Esto se nota en la forma en que modifica su postura corporal y encorva la espalda, en las expresiones que transmiten indiferencia y dureza, y en cómo su interpretación evoluciona conforme la historia avanza y lo enfrenta con lo que fue, con lo que es y con lo que podría ser.

Acompañando al también conductor de La Granja VIP, hay otros actores con gran experiencia en musicales, como Mauricio Hernández en el personaje del Espíritu del Pasado; Lisset como el Espíritu del Presente; Caro Vélez como el Espíritu del Futuro y hasta talentos como Jonathan Portillo, quien recientemente encarnó a Oggie en Waitress y se llevó por este trabajo el ACPT como Mejor Actor de Reparto en un musical.

En esta producción con dirección escénica y coreográfica de Óscar Carapia y dirección musical y vocal de Analí Sánchez, otro de los personajes más sobresalientes es Bob Cratchit, interpretado por Axel Alcántara, quien además de buen cantante realmente convence cómo ese amoroso padre de familia que, por un lado, tiene paciencia para lidiar con el mal carácter de Scrooge; y por otro, sabe recordarles a sus hijos que mientras haya amor, estarán completos.

Complementando los personajes emotivos está el niño Ricardo Galina, quien da vida a Tim, el hijo de Bob que vive con una condición grave de salud pero no pierde el ánimo ni el optimismo, como ocurre en el momento en el que sugiere comprar un pollo porque no les alcanza para un pavo. Axel y Ricardo destacan especialmente en el número “Si te tengo a ti”.

Además de estos actores, otro de los grandes aciertos del montaje es el ensamble, coordinado por Cristina Castañeda, que reúne a niños, jóvenes y adultos. A lo largo de la obra, este conjunto transita entre personajes incidentales y aporta vida a los números musicales, que llenan el escenario de energía, con un destacado lucimiento del vestuario y las coreografías.

También hay oportunidad de destacar talentos individuales, como el número en el que regresa el socio de Scrooge (Óscar Piñero), un momento que destaca entre bailes y fantasmas que maniobran con cadenas; o aquel en el que el personaje de Mauricio Hernández lleva al protagonista a su pasado para recordarle sobre “las luces del ayer”.
A ello se suma la música de Alan Menken (responsable de partituras tan reconocidas como La Bella y la Bestia, La Sirenita y Aladdin), con letras de Lynn Ahrens y un libreto creado por Mike Ockrent y la propia Ahrens, creadores también de títulos como Anastasia y Ragtime, obra que recientemente volvió a Broadway.

Los vestuarios en los que destacan diseños de Estela Fagoaga y Ángel Fardalla, son otro de los grandes atributos de este montaje, pues no solo acompañan la narración, sino que ayudan a construir el universo visual de la obra; marcando épocas, atmósferas y contrastes entre los distintos mundos que atraviesa la historia.

En esa misma línea, la escenografía —concebida originalmente por Félix Arroyo— se adapta ahora al nuevo espacio bajo la mirada de Emilio Zurita, quien suma nuevos elementos al diseño, entre ellos un puente elevado que integra a la orquesta y la sitúa en lo alto del escenario, reforzando el componente musical de este montaje.

Con todos estos atributos, el montaje de Dickens se mantiene no solo vigente y llamativo, sino con la capacidad de seguir cautivando a nuevas generaciones y a familias que regresan para recordar que ayudar a los demás puede ser el mejor regalo de Navidad; y que el teatro, como la vida, es mejor compartida.

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Fotos: Cortesía Producción