Por Luis Santillán/ Guadalupe llega a casa de un amigo, quiere desahogarse por el terrible día que ha tenido; parte del lamento está dirigido hacia los zapatos con tacón que debe usar, a partir de ahí las analogías se crean para plasmar una serie de incomodidades que debe atravesar. Andrés, el amigo, implica algo más en la vida de Guadalupe, por eso le es inconcebible la forma en que su participación le ha dejado violentada por su actual jefe.
Conforme las situaciones ocurren se devela la telaraña de relaciones que existe entre los cuatro personajes de Tacones altos, obra de Theresa Rebeck. El texto es una confrontación, en principio, entre condiciones sociales: Guadalupe encarna a quienes deben combatir constantemente para lograr una superación aun cuando su preparación de vida haya sido limitada, en el extremo opuesto esta Lidia quien ha crecido con privilegios y ventajas, entre una y otra, la autora coloca a los personajes masculinos como los promotores de un estilo de vida que daña sin miramientos, acto que parece surgir más desde la ignorancia que de la malicia.
Rebeck escribe un texto que podría estar cercano a una comedia romántica desde la dinámica de Guadalupe: inicia con una visión idílica hacia Andrés, se enfrenta a la violencia de su actual jefe, y en la suma de situaciones descubre que hay otros aspectos que la llevan a “permitirse” establecer una relación romántica para cerrar la obra.
Camila Flamenco interpreta a Guadalupe, mantiene un personaje constante que reacciona a los acontecimientos, su desempeño mejora conforme la obra avanza, logrando que la comedia se dé orgánicamente, es interesante como el personaje se enriquece conforme se aleja de los tacones, es decir, las cosas que ocurren van de lo incomodo a lo cotidiano y eso lo aprovecha Flamenco para enriquecer al personaje.
Ditmara Náder tiene un gran bloque donde su personaje no interviene en la escena, pero dada la disposición escénica ella está presente, esa presencia constante es un gran logro de ella porque va construyendo a Lidia, va creando lo que podría ser una amenaza, una aliada. Esa incertidumbre es un gran acierto -parte de la dirección, pero es logrado por Náder-. Cuando Lidia llega a la escena tiene un previo que ayuda mucho para empatizar (o no) con sus acciones.
Vladimir Chorny y David Villegas están cargo de los personajes masculinos, ambos tienen buenos momentos, lo que podría no agradar nace más del perfil de los personajes que de su trabajo actoral.
Otto Minera es quien está a cargo de la dirección, aprovecha a su favor la disposición escénica del Círculo teatral para crear su espacio y trazo, su propuesta parece estar centrada en la dinámica cotidiana de las acciones para darles un soporte al elenco. Se preocupa por construir variantes rítmicas que establecen los momentos, hay un cambio notorio cuando las escenas solo implican a los personajes masculinos, y otro en los momentos donde Guadalupe se ve frustrada por no entender qué quieren de ella.
Tacones altos de Theresa Rebeck, bajo la dirección de Otto Minera es una buena opción para ver una comedia ligera que explora las formas de relación entre quien debe usar tacones y quienes lo ven como un detalle estético.
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Fotos: Cortesía Producción















