Por Alejandra Vera/ Slava’s Snowshow es un espectáculo que estimula todos nuestros sentidos. Una historia que no solo nos conmueve, sino que también nos hace reír, jugar, creer y sorprendernos en cada momento. Durante las dos horas que dura la función, nos convertimos en niños otra vez, y eso es lo que hace que Slava’s Snowshow sea tan exitoso.
Estos entrañables payasos han visitado nuestro país en múltiples ocasiones a lo largo de 20 años, y el público lo agradece, porque es una experiencia que, una vez que la vives, querrás repetir más de una vez. Es la aventura de ponerse en los zapatos de un niño: con las emociones a flor de piel, los ojos atentos a cada sorpresa y una sonrisa que entumece los cachetes. Sin duda, sales del Teatro Hidalgo siendo distinto a como entraste.
Me atrevo a decir que todos disfrutan esta obra, pero hay una emoción peculiar y hermosa que embarga especialmente a los adultos. Porque, con las labores atareadas, el ritmo de vida acelerado, el estrés económico y la presión social que enfrentamos día a día… ¿Quién no desea volver a ser niño? Y ese es el regalo que nos da Slava Polunin, creador de Slava’s Snowshow.
Todo el teatro se sumerge en un sueño nostálgico que nos pone frente a los ojos la posibilidad de transformar esta vida —que a veces parece desesperanzadora— en un cachito de cielo, usando solo a las personas y objetos que nos rodean. Ser testigo de ese acto enternece, conmueve y llena el corazón de esperanza. Por eso, no sorprende que, si alguien cercano a ti ve el espectáculo, corra a contarte que es necesario que lo veas.
A través del clown —al igual que las caricaturas de nuestra infancia, como La Pantera Rosa , esta historia nos presenta personajes arquetipos, bien construidos, que nos cuentan distintas situaciones sin palabras, solo con acciones y símbolos que compartimos como colectivo. En este espectáculo, cada detalle, cada movimiento, cada gag, te sumerge en el mundo onírico del protagonista.
La historia comienza en un espacio cubierto de nieve, con un cielo acolchado lleno de estrellas brillantes y una luna que, en todo momento, nos transporta a un ambiente nostálgico. Allí, personajes simpáticos —parecidos a los minions— complican de forma lúdica el camino del protagonista. Escuchar una sala llena de niños exclamando “¡woow!”, “¡aww!” o “¿ya viste?” y riendo a cada instante es un gozo. Te conviertes en parte de un grupo presente, deseando que los personajes interactúen contigo, asomando la cabeza para no perderte ninguna de las sorpresas.
Además de las actuaciones que sorprenden por su control corporal y su gesticulación —que se puede apreciar incluso desde la última fila—, este espectáculo te deslumbra y te transporta a un viaje onírico gracias a su diseño escénico.
La iluminación te envuelve en una atmósfera tenue, a ratos iluminada por focos cálidos que, paradójicamente, nos transportan a un ambiente frío. Ese efecto se refuerza con el piso cubierto de nieve… nieve que, de formas inesperadas, ¡llega hasta tu butaca! Sí, aunque estés en la última fila.
La música que acompaña los números refuerza las emociones que se transmiten al público: desde la nostalgia hasta la comedia y la alegría. Podrás ver impresionantes números acompañados de canciones que van desde Carmina Burana hasta Más que nada Luiz Henrique Rosa.
Destaca la precisión en la sincronía de movimientos, efectos de sonido y algunos efectos especiales que —sin spoilers— realmente sorprenden. Cuando decimos que todos tus sentidos estarán alerta, no exageramos. Vas a entrar a un sueño… y no vas a querer despertar.
En resumen, Slava’s Snowshow es magia pura: música, sueños, anhelos, melancolía, sorpresa y mucho humor, que aborda temas humanos —algunos complejos, otros cotidianos—, dándoles una mirada más luminosa y esperanzadora.
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