Por Luis Santillán/ Roja es una niña de 12 años, su cuerpo y mundo están cambiando. Vive un proceso de transformación que enfrenta con curiosidad y entusiasmo; la acompaña Chumina. El devenir tensiona su mundo de creencias, y el recorrido es un viaje donde las jóvenes audiencias podrán reconocerse y entender vivencialmente cada momento. La línea argumental de Salvaje o la valentía de encontrarse se desarrolla con una estructura de situaciones donde la evolución no sucede en el campo de la acción, sino en el mundo interno. La fuerza del texto radica en la suma de experiencias que permiten una identificación y apropiación mediante puentes emocionales.

Itzel Razo es una creadora escénica que construye universos donde la teatralidad y lo poético habitan la escena de manera asombrosa, cada proyecto es casi una promesa de gozo estético y emotivo, sus creaciones poseen ferocidad, belleza, exploración, tenacidad; hay una exigencia alta para quienes están en escena, y un elevado grado de compromiso hacia el público.

Razo y Ángel Luna, director de la obra, parten de procesos personales para explorar cambios, eventos de dolor y curiosidad, desean dialogar desde un universo cargado de símbolos para proponer estímulos escénicos que cuentan la historia de quien mira.

Chumina es el detonante para la exploración creativa de Razo y Luna. En la obra es la perrita que acompaña a Roja, tiene su propio recorrido que, por momentos, queda fuera de escena, sirve para sembrar el motor central: asumir los cambios, ser resiliente. Es el personaje que contrasta con los impulsos de Roja, está depositada en el personaje la ironía sobre la visión tradicional entre lo salvaje y racional.

Salvaje sobresale por el equilibrio del elenco y el equipo de producción, cada elemento es una pieza que crea una máquina de fantasía donde las emociones son el impulso que pone en movimiento cada engranaje, ya sea los títeres, las máscaras, la iluminación, el vestuario.

La música creada por Iker Madrid requiere mención especial. Es un hilo narrativo que estimula cada etapa del proceso de Roja, la propuesta posee texturas que abrazan lo fantástico y tétrico (en el sentido gótico). Héctor Cruz crea la multimedia, lo proyectado presenta la complejidad de la transformación de Roja, pero mantiene las características de su espíritu, es un mar de posibilidades, de signos que estimulan la mente de quienes presencian la escena.

Itzel Razo y Lidia Barrios mantienen una complicidad escénica, cada una propone un personaje sumamente empático por las cargas emotivas y sus manifestaciones escénicas, las partes donde la danza es el vehículo central exploran los estados emotivos del personaje. Destaca el trabajo corporal que tiene matices, desde el trabajo con títeres, al momento de la construcción con las máscaras y cuando todo queda en conjunto. Razo propone una niña llena de curiosidad, mutable como parte del proceso de transformación que vive; Barrios crea a Chumina con la gracia propia de su naturaleza, pero logra plasmar la sabiduría de la experiencia, permite que sea el contenedor de las vivencias del público.

La propuesta se centra en un recorrido por un universo onírico, es en sí un tributo a los seres no humanos que siempre están cuando se les necesita, y logra una experiencia escénica cargada de imágenes y melodías memorables. Los procesos del cambio, del crecimiento están en escena y resultan estimulantes los lenguajes escénicos con los cuales construyen la obra.

Salvaje es la oportunidad para ver un equipo que ofrece un alto grado creativo, un trabajo de producción que eleva considerablemente la calidad escénica y promete tocar fibras sensibles.

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Fotos: Cortesía Producción