* “Era Novo el iconoclasta, Novo el poeta, Novo el director y el dramaturgo. Novo el cronista, Novo el gourmet y Novo el archienemigo. Novo y su Teatro La Capilla, un teatro esplendoroso, en miniatura (…) Novo en todas partes. Novísimo. Novo el enamorado de la belleza masculina que le dio a la homosexualidad su carta de naturalización, la hizo legal y la sacó del clóset. Y de Novo son las anécdotas. Sus mejores historias quizá no las escribió, sino las vivió. ‘Yo tengo vida, no biografía’, le gustaba decir.” Así presenta Ofelia Guilmáin en El retablo rojo –su libro de memorias, escrito por Carlos Pascual– el capítulo dedicado por completo al genio y figura de Salvador Novo. ¿Hay forma más concisa, contundente y bella de resumirlo en un párrafo? Lo dudo.
* Ante todo, a Novo se le nombra poeta y, enseguida, cronista. En ambos casos, mayor. Pero Salvador Novo, quien este 2026 cumple 122 años de haber irrumpido en el mundo, fue principalmente un ser de teatro. Y allí hizo de todo, lo que quiso y lo que pudo: actuó, dirigió, escribió, tradujo, dio clases y produjo, no necesariamente en este orden de importancia. Construyó un recinto teatral –al cual acompañó con un feudo culinario–, coordinó a recintos y creadores desde la gestión institucional, inauguró y despidió foros escénicos, forjó a las primeras generaciones de estudiantes de arte dramático, dirigió a divas, galanes y monstruos escénicos, rompió tradiciones e introdujo vanguardias, pasó al español a autores entonces desconocidos que hoy son referentes universales, saludó a los clásicos y se arriesgó a escenificar –en Bellas Artes– a una nueva generación disruptiva que hoy es la base de nuestra dramaturgia, puso en escena una comedia musical antes de que la comedia musical de Broadway se instalara en México, escribió piezas que criticaban los ámbitos que mejor conocía: los del periodismo, el teatro, la historia; mereció sendos premios y, sí, sendos vituperios.
* El cumpleaños 122 de Salvador Novo sucede en el marco de otra efeméride crucial: en 2026 se cumplen 100 años de que Antonieta Rivas Mercado y el grupo –sin grupo– de poetas conformado por Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia y, por supuesto, Salvador Novo, se encontraron y, bajo el auspicio de la joven escritora y mecenas, se unieron en el Grupo Ulises, que un año más tarde presentaría una revista con ese mismo nombre y, al año siguiente, en 1928, arrancaría las actividades del grupo teatral también llamado Ulises.
* En estos días que está tan de moda por razones cinematográficas, hay que recordar que Ulises desembarcó en México en 1926 en la forma de una agrupación integrada por jóvenes artistas e intelectuales interesados en cambiar un poco algo de lo que entonces se conocía como “arte y cultura” en nuestro país. Y que, si bien la travesía del héroe homérico los animó, fue más bien el viaje del héroe joyceano el impulso definitivo: en ese año, apenas habían pasado cuatro de la publicación de Ulises, la novela de James Joyce que cambiaría las reglas de la novela en el mundo, legando incluso un día para conmemorarla: el 16 de junio.
* Esa odisea particular que vivió el grupo que más adelante cambiaría el mote de Ulises por el de Contemporáneos –como son más ubicados hasta la fecha–, no fue más que el principio de una odisea colectiva: la del teatro mexicano del siglo XX, de la cual el Teatro de Ulises –gestado en 1927 e inaugurado y cerrado en 1928– fue el punto de partida y renovación. Y la declaración de principios teatrales de Salvador Novo, quien, a diferencia de sus compañeros que se centraron en la literatura –sí, varios tuvieron presencia en el teatro, pero no tan abarcadora–, se afincó y se aferró al teatro, al drama, y a sus infinitas posibilidades y posibles futuros.
* Quizá ya se sabe –¿qué se sabe hoy en día sobre Novo?–, no es nada nuevo, pero no está de más recordarlo: Novo, junto con Carlos Pellicer, Concepción Sada, Ana Mérida, Clementina Otero, Fernando Torre Lapham y Xavier Villaurrutia funda en 1946 la Escuela de Arte Teatral, esa que hoy en día se conoce como la ENAT, que está cumpliendo 80 años de existencia y cuenta con una sala teatral nombrada en honor a su distinguido fundador.
* Si en sus veintes Novo y sus amigos fueron apoyados de una u otra forma para lograr sus sueños literarios, a sus cuarenta se erige como el principal soporte de una nueva generación de dramaturgos que estaban rompiendo con las reglas establecidas por su maestro, Rodolfo Usigli. Su apoyo va más allá de una palmada en sus espaldas: toma los textos de dos dramaturgos veinteañeros y los escenifica en el Palacio de Bellas Artes, haciendo nacer a dos leyendas de nuestro teatro llamadas Emilio Carballido y Sergio Magaña.
* Cuando encontró en la actriz española Marilú Elízaga una especie de nueva mecenas, Salvador Novo tradujo y dirigió comedias europeas para su lucimiento: Trece a la mesa de Sauvajon, Mi marido y tú de Ferdinand, Un cuerpo diplomático de Clayton, por ejemplo. Y entre esas obras, estrenó otra comedia que más bien era una farsa o probablemente una tragedia, el último grito –no necesariamente comprendido– de la moda francesa, Esperando a Godot de Samuel Beckett. ¿Por qué nunca publicó Novo su traducción tan elogiada?
* En 1955 introdujo a Beckett y el absurdo y la vanguardia y el azote, sí, pero tres años antes, en 1952, Salvador Novo presentó la primera comedia musical en México: Ni fú ni fá. Sería hasta 1958 que se estrenaría la primera comedia musical importada desde Broadway, gracias a la inquietud de Silvia Pinal. Para no quedarse atrás con la nueva tendencia de teatro y música, Novo dirigió en 1960 el hoy clásico de Lerner y Loewe Brigadoon, que es un musical con todas las de la ley, aunque entonces se le consideró una opereta.
* Amén de edificar, inaugurar y dirigir su Teatro La Capilla –que ahí está, de pie, pleno de vida, gracias al trabajo de Boris Schoemann y su invaluable equipo–, Novo inauguró el Nuevo Teatro Virginia Fábregas con su versión de Orfeo en los infiernos de Offenbach dirigida por André Moreau. Eso fue en 1954. Cuatro años después inaugura el Teatro de Orientación con El canto de los grillos de Juan García Ponce y en 1965, abre el telón del Teatro Jiménez Rueda con la escenificación de su propio texto Adán y Eva (parte de los “Diálogos”) el cual dirigió e interpretó al lado de Silvia Pinal.
* En contraste a esos regocijos, con tristeza ofreció el discurso de despedida del Teatro del Caballito, propiedad de Marilú Elízaga, debido a las obras para ampliar Paseo de la Reforma, en 1963: “Urge zanjar la ciudad, abrir anchos canales a su tráfico denso; comunicar a los Fernández de Peralvillo con los Fernández de las Lomas”, rescatan los periodistas Dolores Carbonell y Luis Javier Mier Vega en su crónica sobre esa noche.
* Aunque no existe ningún libro que compendie en particular sus artículos y ensayos enfocados en el teatro, no hay antología en la que no esté presente el comentario sobre la escena nacional y extranjera. De sobra está decir que el teatro es asunto fundamental en sus crónicas-memorias (en su mayoría reunidas en los tomos de La vida en México compilados por José Emilio Pacheco y en los tomos Viajes y ensayos editados por Sergio González Rodríguez). El único libro centrado por completo en el arte dramático es 10 lecciones de técnica teatral, las cuales organizó por petición de un maestro, a fin de iniciar en el mundo del drama a jóvenes estudiantes y curiosos. Novo siempre manifestó su interés por acercar al teatro a los jóvenes en las escuelas y a los trabajadores del campo.
* Novo dirigió lo mismo a La Pinal, Manolo Fábregas y Ernesto Alonso que a María Douglas, Carlos Ancira, Rita Macedo y Emma Teresa Armendáriz. A Ofelia Guilmáin, luego de un accidentado inicio de su relación laboral –el director defendía una propuesta contemporánea y la actriz venía de la grandilocuencia del Teatro del Siglo de Oro–, le otorgó dos personajes protagónicos en las que, de hecho, son las dos obras más conocidas de él como dramaturgo: A ocho columnas y Yocasta o casi.
* Salvador Novo, esa figura teatral que es más mentada que llevada a escena. Apenas en 2018, A ocho columnas mereció una reposición importante, dirigida por Fernando Bonilla y dedicada a la memoria de todas y todos los periodistas desaparecidos y asesinados durante los últimos sexenios. En los setenta, Rafael López Miarnau dirigió los Diálogos –con Ofelia Guilmáin, Aurora Molina, Augusto Benedico y José Gálvez– y a finales del milenio, Rosenda Monteros hizo otro montaje con ellos. En los noventa, Miguel Córcega dirigió La guerra de las gordas. Aunque fue puesta en los setentas por la Compañía Nacional de Teatro bajo la dirección de Alejandro Bichir, destaca la versión musical que José Antonio Alcaraz hizo de El espejo encantado, bajo la dirección de Gustavo Torres Cuesta, en 1982.
* Eso sí, El tercer Fausto es un caballito de batalla para diversas agrupaciones de aficionados o estudiantes y es una pieza fundacional de la dramaturgia LGBTQ+. Ojalá se ponga pronto en el escenario profesional, aunque hay que decir que una compañía presenta desde hace algunos años una versión libre titulada I Love Fausto Tercero.
* Del Novo teatrero se ha hablado en cada biografía, en cada ensayo. En un ámbito literario que desdeña el arte dramático y a sus hacedores, se habla de teatro al hablar de Novo porque no hay forma de esquivarlo. Por eso, entre todos los estudios y creaciones destaca el poema dramático Novo en el Mictlán escrito por Luis Felipe Fabre como parte de su ensayo sobre Novo, Escribir con caca –y escenificado en 2016 en el marco del DramaFest, con Tito Vasconcelos y Pedro Kóminik–, así como el monólogo Novo, un clóset de cristal cortado de Alejandro Román, que se estrenó en La Capilla, como parte del cumpleaños 115 del mero mero de ese recinto, con la exquisita interpretación de Gerardo González.
* En un ámbito teatral que tiende a olvidar a sus cimientos, es preciso voltear de nuevo, de siempre, a Novo. Si a alguien le debemos mucho de eso que hoy llamamos teatro mexicano es a ese ser de genio y figura controvertidos, privilegiados, pero dispuestos a emprender el viaje de Ulises hacia una Ítaca dramática y mexa.
Por Enrique Saavedra
















Te quiero mucho Salvador Novo 🫶