Por Luis Santillán/ Un grupo de adolescentes pertenecientes a un coro tienen un accidente en un juego mecánico. Las consecuencias los colocan en un limbo, donde deben seguir un “juego” para determinar quién podrá evadir la muerte. La línea anecdótica responde más a los estados emotivos de Jacob Richmond y Brooke Maxwell, que los utilizaron para crear un peculiar musical: Ride the Cyclone.

La propuesta de Richmond y Maxwell nació con un espíritu modesto, pero la potente necesidad emocional con la que surgió ha permitido que su creación rebase fronteras y tiempo para generar un fuerte vínculo con jóvenes audiencias. Destaca el sentimiento de pertenencia que despierta porque su contenido no responde a lo políticamente correcto; incluso se puede decir que tiene elementos de comedia negra que pueden ser cuestionados desde las modernas moralidades.

Los números musicales abarcan distintos géneros y trascienden porque, más que un capricho, es una forma de construir la parte más honesta de cada personaje. Los ritmos son aquello que no puede permanecer en secreto y logran colocar en primer plano lo que habita en cada uno de los que están en esa especie de limbo.

La música y letras sostienen de manera firme todo el universo, lo convierten en algo sumamente atractivo, juegan muy bien con los bloques donde el contexto es necesario y establecen las urgencias de cada personaje, al mismo tiempo que exponen sus lados ocultos, acción necesaria para poder establecer quién merece ser “devuelto” a la vida.

En la propuesta estrenada en México destaca la creatividad de Gerry Pérez Brown porque pone en la capacidad de los cuerpos la espectacularidad del montaje. Las coreografías son dinámicas, asombrosas e inquietantes, y permiten que el musical fluya de forma ágil manteniendo el interés.

El diseño lumínico de Jaime García hace uso eficaz de las posibilidades del Teatro Xola, construye imágenes memorables, hace uso del color para resaltar momentos emotivos y trabaja con la creación de sombras para fortalecer el estado espectral.

A nivel vocal, las voces femeninas sobresalen; en realidad todos los integrantes del elenco destacan por su capacidad. Se hace referencia a las femeninas por los contrastes que tienen sus números musicales: los tonos operísticos de Tannia Dávila construyen halos etéreos, la potencia de Ixchel Ragüe cimbra al teatro entero y la capacidad dramática de Farah Justiniani dimensiona con mayor profundidad al personaje.

La exigencia física pone en primer plano la creación de Lorenzo López y Diego Enríquez porque sus personajes se sostienen todo el tiempo con poderosa energía. Enríquez además ofrece un personaje complejo emotivamente y aprovecha el contraste entre la apariencia y los sentimientos.

Joel Abad, desde la dirección, propone un montaje que integra a su elenco creando una empatía por el conjunto. Cada actriz y actor aprovecha los momentos donde son el soporte y se complementan como un mecanismo perfecto donde crean contexto.

La estructura en términos de desarrollo podría pensarse inconsistente: emplea una voz narrativa que permite sumar números musicales, cada uno para presentar, desde su interior, a cada personaje, sin acumulación o transformación. El final bien podría estar uno o dos números musicales antes o después; aun así, no importa porque no es una propuesta que apuesta al “¿qué va a pasar?”, sino que se sostiene por la creación de personajes y por la forma en que el público se identifica según su personal universo.

El elenco tiene un trabajo muy destacable, convence y crea puentes emotivos para que el público se emocione y viva la experiencia de manera satisfactoria. Sus aportaciones pueden convertir el montaje en un acontecimiento de cartelera.

La parte que requiere poner atención para mejorar está en el sonido: hay momentos donde la voz se pierde, donde se vuelve ininteligible, pero —en tanto que parece ser un problema técnico— puede no estar en la próxima función.

Ride the Cyclone, en la propuesta de Abad, logra estar a las expectativas de esas jóvenes audiencias que acuden por su vinculación con el musical, acción muy complicada de lograr. A su vez, tiene un equipo creativo y actoral que puede convencer a quienes no tienen ninguna referencia y buscan simplemente un buen musical.

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Fotos: Cartelera de Teatro