Por Alegría Martínez/ Un viaje marino que permita encontrar la propia escucha y la de un público cercano, abierto a adentrarse en la vida de una mujer ya fallecida, que vincula la existencia de tres mujeres más, en el momento en que eligen hacer un alto rumbo a su libertad contra todo obstáculo interno, político, logístico o fuera de cálculo, es parte de lo que propone Por el mar (aún si nosotras nos ahogamos), obra de la dramaturga francesa, Anaïs Allais Benbouali, que plantea una crítica social, e incluye humor en su travesía.

La escritora, actriz, directora de diversas obras teatrales y directora artística de la Compañía La Grange aux Belles, Allais Benbouali, que realizó prácticas profesionales con Joël Jouanneau, Claude Buschvald y Wajdi Mouawad, también autora de la obra En pleno invierno descubrí en mí un verano invencible, pone en voz de los personajes de Por el mar (aún si nosotras nos ahogamos), un llamado a la hermandad entre mujeres y a salir de la circunstancia que obstaculiza su autonomía.

Un azul profundo da la ilusión de un espacio de mar concentrado sobre el piso, como si el océano hubiera abierto un gran boquete en el suelo de madera del teatro, que aparece roto en sus orillas. Encima, una doble plataforma cuadrada, con su parte menor sobrepuesta, configuran el piso que recuerda la arena; tierra blanca y marrón claro, de la que se levanta un marco del mismo tono, delimitación, que asemeja a ratos una fotografía viva, o quizá el dintel protector de una balsa a la deriva, que sin embargo es también parte de tierra firme, donde un mínimo mueble resume vida y deterioro de una vieja casa, donde sobrevive una pequeña planta en su maceta.

Hasta ahí, en ese hábitat rodeado de agua, que también caerá del cielo en tormenta, el marco resplandece y encuadra con su luz blanca un ciclorama azul, cruzado por siluetas de animales marinos, seres que serpentean mágicamente, al ritmo de una música suave que abrirá paso a la mujer que desde otra dimensión, necesita completar, modificar, enriquecer su historia de vida, la de su hija, la de una mujer madura que llega su vieja casa y la de una inmigrante en busca de hogar y plenitud.

La dirección de Rebeca Trejo equilibra la interacción de los cuatro personajes femeninos; el que se hace presente para comunicarse con los espectadores y con los otros tres, que gracias a su intervención, se reúnen en una derruida casa, vértice de un nuevo comienzo para todas.

El espacio escenográfico y la iluminación, la música original y el diseño sonoro, así como el diseño audiovisual, valiosas aportaciones de Jesús Hernández, Carlos Gómez Matus, y de Karla Sánchez y Miriam Romero, respectivamente, crean el ámbito ideal, entre evocación y presente, para la convivencia de los tres personajes, en una reunión orquestada desde el más allá.

La dramaturgia de Anaïs Allais Benbouali, construida entre narraciones y escenas, despliega la problemática que aqueja a las tres mujeres, quienes paulatinamente muestran parte de los detonantes, generadores del nuevo giro en su vida.

El texto otorga a su personaje principal la oportunidad de expresarse, de saldar pendientes enfocados, desde otro plano de realidad, a la reconstrucción propia y a la de las recién llegadas, sobre todo a la de su hija, personaje a cargo de la actriz Astrid Romo, que proyecta la imperiosa necesidad de hallar estabilidad y refugio emocional.

Por otra parte, el personaje con raíces árabes, a cargo de Teté Espinoza, quien también hace el papel de la fallecida madre, dota al primero de la entereza que aporta sabiduría, y al segundo, de esa timidez envuelta en la necesidad de agradar, de pasar desapercibida, hasta que es vulnerada por la urgencia de una vida armónica, sin condicionamientos por su preferencia sexual, ni por su calidad de migrante.

Mahalat Sánchez interpreta a una mujer, también madre, que requiere eliminar las huellas de soledad y vacío con las que su personaje emprende una nueva etapa de vida en el mar, más allá de los obstáculos que espera vencer para renovarse.

El espacio en el que tiene lugar la acción de Por el mar (aún si nosotras nos ahogamos), hace viajar al público placenteramente, entre imágenes, música, sonidos y la sensación de estar rodeado de mar, hasta donde irrumpen los personajes para derribar el cerco que había detenido a su nuevo yo, que tras el encuentro, avanza hacia su propósito de ser, finalmente, la mujer en la que cada una quiere transformarse.

Con traducción de Raquel Urióstegui, que encuentra la forma de que los juegos verbales, las metáforas y el humor, sean nítidas en nuestro idioma, Por el mar (aún si nosotras nos ahogamos), colaboración entre Dorado 70 y La Máquina del Tiempo, cuenta con diseño de vestuario de Lizette Barrios, diseño de movimiento de Arantza Muñoz Montemayor y, producción general de Paola M. Salgueiro y Rebeca Trejo.

Para más información de Por el mar (Aún si nosotras nos ahogamos)

Fotos: Cortesía Producción