La función comienza antes de que te des cuenta. Un oso panda aparece entre las butacas buscando abrazos y, poco a poco, te conduce hacia un escenario dominado por una enorme estructura metálica de varios niveles. No sabes exactamente qué va a ocurrir ahí arriba, pero desde ese momento la obra captura tu atención.
La historia sigue a cinco personajes atrapados en recuerdos que no han podido dejar atrás. Todos habitan la llamada Calle de Sueños Rotos, un lugar donde el amor perdido, la espera y la soledad se convierten en parte de la rutina.
Más que una obra sobre el desamor, es una reflexión sobre la soledad, los vínculos humanos y las historias que seguimos cargando incluso cuando creemos haberlas superado.
La obra alterna humor, ternura y melancolía sin caer en el melodrama, haciendo que sea fácil reconocerse en sus personajes.
Destacan la música en vivo, una monumental estructura metálica de varios niveles y una propuesta accesible donde la Lengua de Señas Mexicana y la audiodescripción forman parte natural de la experiencia.
Si buscas una obra diferente, emotiva y visual memorable, Odio que los abrazos no duren más de cuatro horas, escrita por Itzel Lara y producida por la compañía Teatro Ciego, es una experiencia que demuestra que existen muchas formas de mirar el mundo.















