Por Roberto Sosa/ Se cree que los gatos tienen siete o nueve vidas, números que se asocian con magia y buena fortuna. Para no errar, el título lo dejaron en Ocho vidas y media. Un grupo de ocho personas habitan un espacio que podría ser la sala de un aeropuerto, allí también está un gato. Entre ellos nadie se conoce, esperan un vuelo que no se sabe hacia donde habrá de llevarlos. En medio de la sala una maleta simboliza el centro emocional alrededor de cual giran los viajeros. El felino observa.

Antes de abordar se conocen y relacionan; se develan sueños rotos, frustraciones y miedos. Se entretejen historias que tienen poco en común; el vuelo que esperan tomar los habrá de salvar de un destino incierto. La terminal aérea es un universo suspendido en el tiempo donde un grupo de personas transitan el espacio, bajo la mirada del gato. El surrealismo alude un vuelo demorado que el grupo de pasajeros espera abordar.

El texto es una creación colectiva, resultado –datos del boletín de prensa- de la Tercera Generación del Laboratorio de Formación y Creación Escénica LAB Capilla. Los jóvenes se dieron a la tarea de escribir el texto, a partir de historias personales que nos hablan de sus anhelos y miedos. El resultado es una obra donde los personajes reflejan emociones y sensaciones que los propios actores viven.

Bajo la dirección de Daniel Bretón, la puesta en escena tiene mucho movimiento –lo mejor, desde mi perspectiva- , con creatividad y sentido artístico; reúne favorablemente los elementos que conforman el montaje. Se trata de una colectividad, un grupo importante sobre el escenario, sin embargo, Bretón cuida que cada participante tenga personalidad propia y aporte talento; cada uno y una se apropian de sus historias y las comparten.

Elenco: Aldahir Corona, Daniela Torres, Estreyah Uribe, Ivanna Montalbán, Luis Ceceña, María del Roble, Mikaela de la Torre, Natalia Leza, Rafael Gaytán y Jovanna Ladino. El trabajo agrupado es aceptable, están en tono, se cuidan y caminan unidos. El personaje que representan refleja su preparación, sus actuaciones son con las herramientas que les concedió la formación en LAB Capilla. La dramaturgia del actor está bien asimilada.

Ocho vidas y media es teatro que se hace de manera orgánica, la corporalidad crea ficción; los personajes habitan un utópico aeropuerto donde el surrealismo crea sueños y lo irracional. El gato es una figura que transita esta dicotomía escénica, su presencia fusiona utopía y realidad. El movimiento es la elocuencia de los personajes y es, así mismo, una vorágine de sensaciones que atrapa a quien especta.

Se trata de una puesta en escena bien realizada y bien montada; refleja el trabajo de este colectivo desde su escritura, saben lo quieren expresar y cómo, lo hacen con lenguaje propio. El compromiso con el público es innegable, lo resuelven con entrega y buenas actuaciones; con afinidad y correlación logran un buen resultado. Dejará satisfecho a quien paga su boleto por ver esta obra.

Coordinación de vestuario, Ivanna Montalbán; iluminación y musicalización, David Barrera; asistente de dirección y musicalización, José Xavier Vences. Producción Estreyah Uribe y María del Roble.

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Fotos: Roberto Sosa