¿Qué pasaría si te dijeran que el destino de Judas Iscariote —sí, el mismísimo traidor de los Evangelios— está por definirse… y que tú formas parte del jurado? Así de directo, incómodo y fascinante es el punto de partida de Los últimos días de Judas Iscariote, la comedia negra escrita por Stephen Adly Guirgis que por fin se presenta en México y que promete una temporada cargada de emociones fuertes, humor filoso y preguntas incómodamente actuales.

Del 16 al 31 de agosto, el Teatro Helénico se transforma en un tribunal celestial (con tintes bastante terrenales), donde Judas tiene una última oportunidad de apelar su condena. Y mientras el caso se desarrolla en el purgatorio —llamado, irónicamente, Esperanza—, desfilan por el estrado testigos como Satán, la Madre Teresa, Poncio Pilato, María Magdalena y hasta Freud. Cada uno con su versión de la historia. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién manipula? ¿Quién se atreve a perdonar?

Con dirección de Marco Vieyra, este montaje no es un sermón ni una clase de catecismo, es una obra que hace lo que mejor sabe hacer el buen teatro: cuestionar. A través del sarcasmo, la ternura y la contradicción, nos invita a mirar de frente temas como la culpa, el castigo, la empatía y la dificultad de perdonar (al otro… o a uno mismo).

El elenco combina nombres conocidos del teatro y la pantalla: Silverio Palacios, Nailea Norvind, Sebastián Silveti, Pedro de Tavira, Mónica del Carmen, Francisco Rubio, Michelle Rodríguez, Yessica Borroto, Enrique Arreola, Luis Fernando Peña, Federica Rangel y Baruk Serna. Un dream team que se multiplica para dar vida a personajes históricos, bíblicos y ficticios con una mezcla de ironía, drama y precisión escénica.

La producción es de Casa Spanda con Ana Mancera al frente, y el equipo creativo reúne a Lumila Ramírez en vestuario, Emilio Zurita en escenografía, María Vergara en iluminación y Rodrigo Castillo Filomarino en música original. El texto llega en traducción de Sebastián Silveti y Federica Rangel, quienes también actúan en la obra.

Los últimos días de Judas Iscariote es una invitación a pensar por cuenta propia, a reírse de lo que parecía intocable y a abrir preguntas que (spoiler) probablemente no se resuelvan en una sola noche, pero vaya que vale la pena vivirlas en comunidad, desde la butaca, para más información da clic aquí.

Por Itaí Cruz, Foto: Angie Ramírez/Gaddi Miranda