Mujeres soñaron caballos es uno de los textos más reconocidos del dramaturgo argentino Daniel Veronese. Una obra que que explora la violencia cotidiana, los secretos y la fragilidad de los vínculos humanos.
Tres hermanos —Iván, Rainer y Roger— se reúnen en el departamento de uno de ellos junto a sus respectivas parejas, Lucera, Ulrika y Bettina. En ese espacio cerrado, la tensión y la violencia se intensifican. Las relaciones arrastran resentimientos, mientras los hermanos parecen retarse constantemente. Las diferencias de edad, las luchas de poder y los rencores se acumulan, haciendo que la violencia crezca sin freno.
Un texto poderoso que resuena con nuestra cotidianidad y nos involucra plenamente en la historia. La sensación de estallido inminente y la atmósfera de precariedad social y económica nos sumergen en un ambiente visceral y conmovedor.
El montaje muestra cómo el deseo, manchado por la violencia, nos encierra en un espacio del que no podemos mirar más allá. Esa idea late en toda la obra, resignificándose cada vez que se presenta en distintos contextos latinoamericanos. El escenario es pequeño; el contacto físico y violento es constante. La dirección busca que todo se vuelva vertiginoso, regalándonos momentos intensos y caóticos que transmiten las tensiones, tristezas y frustraciones de los personajes.
La obra nos confronta con la fragilidad de los vínculos humanos y nos recuerda que, cuando los resentimientos se acumulan, basta una chispa para que todo estalle. Mujeres soñaron caballos es un clásico contemporáneo que refleja la sociedad y la condición humana a partir de un microcosmos familiar.

















