Por Alegría Martínez/ El cuerpo humano y la posibilidad de vencer la resistencia personal al desnudo, a ser mirado, a ser descifrado en el silencio, en el transcurso de un tiempo que se alarga y parece detenerse bajo luz tenue y música que viaja entre quien acepta el desafío y el que observa. Una audacia por partida doble que abre paso a lo desconocido y al camino para encontrar a ese yo, despojado del que nos figuramos ser, hasta que es desmenuzado por un extraño. Algo así hace Jasper Gwyn, al interrumpir su existencia como escritor para dedicarse a otro oficio.
El personaje central de Mr. Wyn, la novela escrita por Alesandro Baricco (Turín, 1958), llega al teatro, con dramaturgia de Juan Cabello, dirección de Alonso Íñiguez, un sólido elenco y un Cuerpo artístico, conformado por cinco integrantes, que en equipo se abocan a construir el universo en el que se encuentra el personaje principal, un reconocido autor, que ha tomado la decisión de dejar de escribir, entre un total de las 52 cosas que se ha comprometido a dejar de hacer en su vida.
Mr. Gwyn, la novela del también músico y autor de Seda, Novecento y Homero, Ilíada, entre otras, sedujo profundamente al director Íñiguez y al dramaturgo Cabello, como la ha hecho con cientos de lectores desde 2011 en que circula su edición original, a la fecha traducida a más de 30 idiomas.
La forma en que el escritor Jasper Gwyn defiende su decisión de alejarse de su profesión -aún contra la insistencia de su editor y único amigo, Tom Bruce Shepperd- lo conduce por un camino que paulatinamente le muestra lo que desea hacer: realizar “retratos” compuestos por breves frases escritas a partir de observar a la persona, desnuda y sin hablar, durante 32 días, a lo largo de cuatro horas, en un horario de 4 a 8, aunque en libertad de movimiento, dentro de un estudio, meticulosamente habilitado para ese efecto.
La dramaturgia de Juan Cabello, fiel al planteamiento que hace Baricco en su novela, elige cuidadosamente partes esenciales y frases reveladoras del autor italiano, que en voz de los actores enfatizan su poesía intrínseca, aunque naturalmente, hace elecciones enfocadas al lenguaje escénico que en algunos casos aportan y en otros toman distintos rumbos.
El texto de Cabello, retoma con eficacia el valioso vínculo que se genera entre Jasper Gwyn y el personaje de la Maestra mayor de edad, que porta paraguas, carrito del mercado y gorro de impermeable, construida con conocimiento de causa y experiencia por Lucero Trejo, quien le otorga una inmensa chispa de vida a esta mujer, que transita en dos planos de realidad, como la consciencia del escritor que opta por ser “copista”.
La actriz, Assira Abbate, interpreta a una enfermera, a una mujer -quizás aquella que en la novela, es la soltera de 40 años que no se quita sus joyas al momento de posar- entre otros, y a Lottie, la joven pareja del Tom, el editor de Jasper Gwyn. En el rol de la mujer cuarentona, que paga una importante suma por su retrato, la actriz construye a un personaje real, que se mueve con naturalidad en el estudio y se libera, mientras que bajo la piel de Lottie, proyecta con nitidez el entusiasmo y la admiración que su personaje siente por Tom.
Asimismo, más de un papel recae en un mismo actor, como el del viejo electricista, creador de bombillas, y un “cliente” de Jasper que llega a su estudio. Ambos interpretados por Arturo Reyes, que en el rol del artesano de la luz, es entrañable bajo su aparente rigidez, aunque convendría que como el hombre de edad -tal vez Mr.Andrew, en el texto de Baricco, el vendedor de relojes de anticuario- pudiera incorporar cambios externos definitorios para diferenciar con mayor claridad a su silente segundo personaje.
Angélica Bauter, crea meticulosamente y con gran sensibilidad a Rebecca, la asistente del editor y colaboradora de Jasper, que en su azoro responde firme y a la vez se muestra abierta a la expectativa ante su interlocutor, mientras que su personaje crece a medida que avanza en su comprensión de lo que Gwyn es, ha sido y en la búsqueda de los secretos que lo determinan.
Bauter, quien en 2023 construyó a detalle un personaje fársico, como la dueña de la estética en la obra Lavar, peinar, enterrar, en Mr. Gwyn encarna a una mujer enigmática, confiable y certera en su paso -por momentos titubeante- hacia el camino que desea conocer.
Jacobo Lieberman, compositor de la delicada y hermosa música que transporta al espectador al interior de ese lugar, adecuado para una intimidad que propicia el diálogo interno y la observación entre silencios, sonidos y pausas, es también el actor que hace el papel de Tom, el hombre que descubre al escritor 12 años atrás, y cruza la zozobra de la incomprensión hasta que descubre cabalmente lo que hace su amigo.
Cabello e Íñiguez sustituyen asertivamente para la escena, el pasaje en el que Jasper Gwyn busca a un afinador de pianos, capaz de componer un loop “larguísimo y apenas perceptible que forrase tan solo el silencio, amortiguándolo”, al eliminar la descripción y a un posible personaje más, mediante la música de Lieberman, que es distinta a lo que el personaje solicita en la novela, pero que es un lenguaje armónico y esencial en escena.
Mauricio García Lozano es Mr. Gwyn, personaje que oscila entre la determinación y el desaliento, el pasmo y el entendimiento, la duda y la contención, rumbo al autodescubrimiento que su observación le otorga a personas desconocidas. En su progresión lenta pero constante -que el actor dota a ratos de ingenuidad extrema- su personaje se instala en apariencia, en un afluente que lo arrastra, entre indefenso y expectante. Un ente neutro en el camino que ha elegido para guiar a otros.
Alejandro Morales, como John Septimus Hill, hombre que le renta a Jasper el sitio ideal para realizar sus retratos, propone un personaje distinto a otros que ha realizado. Irreconocible en un inicio y a la altura de otros brillantes que ha creado como Polonio en Hamlet, o Mitch, el amigo de Stanley, en Un tranvía llamado Deseo, por mencionar solo dos. En Mr. Gwyn, Morales construye con solidez al arrendatario y al atribulado Mr. Trawely, padre de la joven de 19 años, que también posa para Jasper y que detona un gran giro en los acontecimientos.
Tanto Ana Sofía Gatica, en el rol de la joven insumisa, como Assira Abbate y Angélica Bauter, cada una en la distinta circunstancia de su personaje, abren ampliamente la posibilidad que la expresión del cuerpo requiere en su traslado a las escenas dentro del estudio. Complejo y delicado trabajo actoral que cada actriz enriqueció de diferente forma. Virtud a la que se suma la del actor Abraham Jurado.
Alonso Íñiguez tomó la decisión de incluir la presencia de distintos “clientes” de Jasper al mismo tiempo en el estudio, donde conviven al desnudo y en silencio, los cuerpos de diferentes personajes que se mueven ahí como si estuvieran, individualmente y en soledad ante el ex escritor.
La novela de Baricco, narra, describe quién es cada nuevo cliente del copista, a qué se dedica, cómo es, y así hace que el lector imagine a esos cuerpos. El montaje de Mr. Gwyn los muestra sobre el escenario, silentes, deambulantes, contenidos o extrovertidos y en este grupo incluye integrantes del elenco y del Cuerpo artístico, lo que otorga una composición heterogénea, en la que se mezclan cuerpos que posan y personajes.
Mauricio Ascencio, autor de escenografía, iluminación y vestuario, propone un efectivo y evocador espacio multifuncional, con pocos elementos, que son utilizados indistinta y simultáneamente por los personajes, aunque éstos se encuentren en distintos lugares.
Un escritorio, una cama de fierro, una lavadora, una banca larga y algunos elementos más, son cambiados de lugar, entre telones terrosos y ocre, que reflejarán la luz del día, o la noche; serán muro de espacios cerrados y también dejarán pasar la luz del exterior entre las persianas del espacioso estudio. El vestuario, entre beige, blanco, marrón y detalles coloridos para personajes vivaces, se integran tersamente a la estética, donde la piel desnuda es parte esencial del paisaje.
Mr. Gwyn es una obra exigente para elenco, creativos y público, que a cambio de escucha y atención, abre la posibilidad de auto observarse, de mirar al ser humano como parte esencial de su entorno, de conocer lo que se ha soslayado, de atreverse a encontrar otro camino, arropados en conjunto por una hermosa música. Subraya que un ser humano desnudo, como parte viva del paisaje, constituye un territorio por descifrar.
Mauricio García Lozano, Angélica Bauter, Jacobo Lieberman, Lucero Trejo, Alejandro Morales, Arturo Reyes, Assira Abbate, Ana Sofía Gatica, Abraham Jurado y Luis Ra Acosta, integran el elenco.
Silvia Herida, Alejandro Arreola, Enrique Cervantes, La Nars y Marina Ortiz, forman parte del Cuerpo artístico.
Coordinación general y producción ejecutiva, David Castillo; diseño de escenografía, iluminación y vestuario, Mauricio Ascencio; música original, Jacobo Lieberman; diseño gráfico, cartel y fotografía, Héctor Ortega; asistente de dirección y vestuario, José Manel Majul; asistente de producción, Carlos Alexis; segundo asistente de dirección, Javier Tascón; segunda asistente de producción, Marina Ortiz; producción musical, Alfonso Olguín.
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Fotos: Luis Quiroz














