Por Roberto Sosa/ Lo que queda de nosotros es el vacío y dolor por lo irreparable. Nata afronta el desconsuelo al morir su padre y reniega de Dios. A Toto –su mascota- lo deja a su suerte en un parque lejano, desconocido; ya no desea tener lazos afectivos con nadie. Su perro la ve alejarse, no comprende porque lo abandona. Camina solo sin saber cruzar las calles, un carro lo atropella… pierde una pata.

“La muerte nos recuerda que estamos vivos…” le dijo su papá a Nata cuando sabía que iba a morir. Unas gaviotas hacen nido en lo más alto de los postes que transmiten la electricidad. El perro es fiel hasta su muerte, es la mejor compañía, amigo incondicional. Nata sabe que Toto podría morir en la perrera donde electrocutan a los canes sin dueño. Arrepentida sale a buscarlo ¿Llegará a tiempo para salvar a su mascota…?

Alejandro Ricaño y Sara Pinet escriben Lo que queda de nosotros. Ricaño es recordado por obras como: Más pequeños que el Guggenheim, El amor de las luciérnagas, Cada vez nos despedimos mejor, Los vecinos del violinista entre muchas más. Pinet es una excelente actriz, versátil, con calidad probada en montajes como: Radio Roma, Algo de un tal Shakespeare, Palimpsesto, Simulacro de idilio, etc. Ambos por el momento, alejados de los escenarios capitalinos.

Dos grandes talentos sin duda. Sara Pinet tenía algo íntimo, entrañable que deseaba expresar; sentía la necesidad de realizar un viaje introspectivo, hacia su interior. Se unió a Ricaño para explorar e indagar sus emociones. El resultado es una obra que conmueve, una puesta en escena que sacude y provoca. Se trata de una historia que desborda sensaciones entre los asistente a la representación. La dramaturgia es el resultado de esta íntima exploración.

Esta nueva temporada es con dos elencos que alternan funciones: Fátima Favela y Carla Adell en el personaje de Nata; Luis Rodríguez El Guana y Mario Alberto Monroy son Toto. La función de prensa fue con Fátima y El Guana, los dos realizan un magnífico trabajo, nivelado; Fátima muestra sensibilidad y capacidad, su actuación está llena de matices. Luis lo hace con fuerza y rigor; el lenguaje corporal lo maneja de forma excelente.

La dirección de escena es de Adrián Vázquez, creador experimentado, con muchos años de trabajar como actor y director. En este montaje refleja la disciplina y seriedad que exige a sus elencos; bajo su mirada nada está fuera de su sitio, nadie se para mal en el escenario y nadie puede relajarse. Todo lo tiene bajo control, sin embargo no vemos una obra rígida y plana, en Adrián hay pasión por lo que hace. El resultado está bien logrado.

En este drama el protagonista es un perro que es abandonado en la calle, a su suerte, como sucede en realidad con gente que así se deshace de sus mascotas. Después del accidente que lo deja sin una pata, Toto intenta regresar a su casa; utiliza su “lenguaje” para darse a entender, para hacer pensar en su dolor, el sufrimiento físico y emocional que vivió cundo fue tirado en la vía pública.

Quien ha vivido la muerte de su padre y ha tenido la fortuna de tener y sentir el amor de un perro, deducirá mejor a los personajes, no podrá sustraerse a la carga enternecedora de la obra. La travesía de Toto nos habla del incondicional cariño que tiene por Nata. El vínculo emocional entre animal y persona suscribe el relato. En el pequeño escenario cabe toda emotividad que desprende esta obra.

La compañía Los Tristes Tigres celebra 20 años de trayectoria con esta nueva versión de Lo que queda de nosotros. Música en vivo compuesta por Ricardo Estrada; escenografía, Félix Arrollo; vestuario, Giselle Sandiel.

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Foto: Roberto Sosa