Por Roberto Sosa/ La narraturgia es con tres chicas que figuran una familia unida ante la muerte de su abuelo y su perro. La regla es que los padres no lloran frente a sus hijas y la hermana mayor no lo debe hacer frente a la pequeña. ¿Se vale llorar por la muerte de tu mascota…? ¿Es propio lagrimear por qué se murió tu abuelo…? ¿Por dolor…? Y ¿Frente quién se puede y debe llorar…? La hermana menor no entiende, no sabe que pensar, ni que sentir.

Las ausencias del abuelo y “Banana” lastiman. Ante las reglas no escritas, la familia sabe qué hacer y dónde acomodar sentimientos y emociones; la muerte le arrebató a esta familia dos miembros irremplazables. Todo lo representan con dibujos, risas, llanto y música punk. La música en vivo y las desenfadadas actuaciones le quitan dramatismo al relato. El luto lo transforman en mini concierto escénico.

La dramaturgia es Penélope Alfeirán, su historia indaga la muerte dentro de un núcleo familiar y como se aborda el luto desde las reglas que se tienen a su interior; el texto de Penélope cuestiona las normas desde una perspectiva lúdica; el tono es una comedia con guiños de humor negro. La tensión dramática está en el dolor emocional que provoca el quebranto y Las reglas del llanto.

La dirección es de Ricardo Rodríguez quien había dirigido en 2022 “Mi pequeña gran historia de terror” de la misma autora. Será que le agrada la pluma de Penélope para sus propuestas escénicas; acá el planteamiento prioriza la visión de las tres actrices, lo que acordaron hacer y cómo llevarlo al escenario. El trabajo colectivo expone su forma de hacer teatro desde otras convenciones. La obra le habla a los jóvenes, conecta con ellos.

Las actuaciones son de Julia Palomeque, Constanza Ballesteros, Laura Baneco, y la propuesta musical de Yayo Villegas. Las tres manejan con propiedad el drama y la comedia; se integran como la banda punk “Las que no lloran”. Su estridencia y acordes distorsionados acompañan su trabajo actoral. Con la narraturgia las chicas dan relevancia a la historia.

Las reglas del llanto es un montaje pensado en los jóvenes, allí se ven y se escuchan; están en sintonía con lo que se dice y la forma en que se representa. De la música ni que decir, es lo de ellos, su disonancia es una voz que se levanta, que necesita ser escuchada. Los demás nos la pasamos bien atestiguando lo que presentan. Música y teatro se adhieren a un espectáculo donde cuatro jóvenes hacen del drama una comedia.

La puesta en escena regresa en esta segunda temporada para quienes no la habíamos visto, es otra oportunidad de ver la historia de un abuelo y un perro que mueren y las consecuencias dentro de su hogar; donde el dolor está regulado y llorar se debe hacer bajo ciertas reglas. Un poco de humor negro nos cae bien en este inicio de año, de algo hay que reírse. Diseño de escenografía, Fernanda García; propuesta sonora Yayo Villegas.

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Fotos: Roberto Sosa