Si Jorge Ibargüengoitia utilizó la ironía para desnudar las contradicciones de México, Jaime Sabines eligió un camino más íntimo y emocional, hablar de aquello que atraviesa a cualquier persona, como el amor, la muerte, la soledad y el paso del tiempo.
La poesía de Sabines rompió con la idea de que lo poético debía ser distante o solemne. Con él, la poesía mexicana encontró una voz cercana, dolorosa y profundamente viva.
¿Quién fue?
Jaime Sabines (1926–1999). Fue poeta y ensayista, considerado una de las voces más importantes y populares de la poesía mexicana del siglo XX. Nació el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en una familia marcada por la influencia de su padre, un inmigrante libanés cuya personalidad y visión de la vida dejarían una profunda huella en su obra.
Aunque inició estudios de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México, abandonó la carrera para dedicarse a la literatura. Más tarde estudió Lengua y Literatura Españolas en la misma universidad, donde comenzó a construir una voz poética propia, alejada de las formas más rígidas o académicas de la época.
Sabines fue becario especial del Centro Mexicano de Escritores, aunque nunca obtuvo un grado académico. En 1952 regresó a Chiapas, donde vivió varios años entre la actividad política y el trabajo como vendedor de telas y confecciones, experiencia que reforzó el carácter cotidiano y cercano de su escritura. Su vínculo con la política continuó tiempo después, fue diputado federal por Chiapas entre 1976 y 1979, y nuevamente electo en 1988, esta vez representando a la Ciudad de México.
Obras clave
- Tarumba. Escrito con una voz poética marcada por la rebeldía, el humor y la reflexión existencial, donde Sabines utiliza un lenguaje cercano que rompe con la solemnidad tradicional de la poesía. A través de poemas cargados de imágenes cotidianas y emociones contradictorias, Sabines muestra una mirada profundamente humana sobre el amor, la locura y la vida diaria.
- Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. Considerado uno de sus textos más conmovedores, aquí el poeta transforma el duelo por la muerte de su padre en una reflexión dolorosa y universal sobre la pérdida. Más que un homenaje familiar, el poema se convierte en una confrontación directa con la muerte, el deterioro y la impotencia humana frente a la ausencia.
- Los amorosos. Su poema más icónico, publicado inicialmente dentro de su primer libro, Horal. Aquí Jaime retrata el amor desde la incertidumbre, la contradicción y la vulnerabilidad. Lejos de idealizar las relaciones, el poema muestra a los amantes como seres incompletos, atravesados por el deseo y el miedo, construyendo uno de los textos más reconocibles y citados de la poesía mexicana.
Dato curioso
Jaime Sabines provenía de una familia profundamente ligada a la historia de Chiapas: su madre, Luz Gutiérrez Moguel, era nieta de Joaquín Miguel Gutiérrez, figura en cuyo honor Tuxtla Gutiérrez lleva su apellido. Mientras estudiaba Lengua y Literatura Castellana en la Universidad Nacional Autónoma de México compartió aulas con figuras como Emilio Carballido, Sergio Magaña, Rosario Castellanos y Ramón Xirau. Conocido como “el francotirador de la literatura”, se convirtió en uno de los poetas más leídos y viscerales en español. Su poema más famoso, Los amorosos, comenzó a circular de manera marginal en 1950, cuando apenas tenía 24 años y vivía en Chiapas, lejos todavía del reconocimiento institucional.
Además de su faceta literaria, fue diputado federal durante el sexenio de José López Portillo. En 1996, miles de personas se reunieron fuera del Palacio de Bellas Artesl para escucharlo leer poesía. Al año siguiente se presentó en las Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario y el recinto se desbordó. A lo largo de su trayectoria recibió reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia, la Medalla Belisario Domínguez y el Premio Nacional de Ciencias y Artes, entre otros.
¿Por qué importa hoy?
Pocas voces han hablado de las emociones humanas con tanta cercanía y honestidad como la poesía de Sabines, porque entiende que el amor, el dolor, la pérdida y la soledad forman parte de la experiencia cotidiana. Su lenguaje directo y profundamente humano permite que distintas generaciones sigan encontrándose en sus versos.
Por Itaí Cruz
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