Por Mariana Mijares/ A veces las mujeres pueden vivir situaciones que las llevan a estar adormecidas, a funcionar en una especie de piloto automático: cargan culpas, silencian deseos y se mantienen inmóviles, pero con el apoyo de otras mujeres, y al reforzar su autoestima y amor propio, pueden despertar a la ‘leona’ que llevan dentro. Ese es el corazón de Las Leonas, obra que se presenta en el Teatro México.

El elenco del montaje dirigido por Rafael Perrín reúne a Victoria Ruffo, Angélica Aragón, Ana Patricia Rojo, Paola Rojas, Mara Patricia Castañeda, Lupita Jones y Laura Flores, alternando funciones.

Al inicio se nos presenta a dos amigas: Frida (Victoria Ruffo) y Valentina (Mara Patricia Castañeda). Por una confusión, cada una se queda con el celular de la otra, por lo que deben ponerse de acuerdo para intercambiarlos. En una llamada, Valentina le pide a su amiga que localice a su ex, a quien tiene guardado como ‘Memo Parásito’. Al mencionar este apodo, inevitablemente el público se ríe, y las risas aumentan aún más cuando llegan una serie de alusiones a los exes de las actrices en la vida real; como ‘Chente’ en el caso de Castañeda y ‘Ludovico’ en el de Ruffo (en referencia al personaje que interpretaba Eugenio Derbez en La Familia P. Luche).

Resulta un verdadero deleite ver a Ruffo en un personaje como éste; lejos de sus papeles melodramáticos donde el sufrimiento y las lágrimas eran la norma, aquí Valentina afronta la vida con ligereza y un sentido del humor que revela una faceta versátil y luminosa de la actriz.

Luego el público conoce a las otras dos amigas: Sofía (Ana Patricia Rojo) y Miranda (Lupita Jones). A la primera la vemos dando una clase de francés en línea en la que intenta ayudar a un hombre a halagar a una mujer; y a la segunda como la responsable de reunir a sus amigas para tomar una sesión de terapia con Diana Vaglio (Angélica Aragón), una terapeuta que ha ganado mucha fama en TikTok.

Si bien este personaje de la ficción se ha viralizado gracias a las redes sociales, en la vida real la sola presencia de Angélica Aragón es una de las más celebradas en la obra. Tras ser recibida con una gran ovación, la actriz de telenovelas como Mirada de mujer y Vivir un poco mantiene continuamente el foco gracias a sus innegables tablas, a su perfecta dicción y a que su personaje funciona como el ‘pegamento’ del grupo.

Aunque había reticencias iniciales para reunirse (pues las relaciones entre ellas se han ido fragmentando por razones que se van revelando en la trama), la terapeuta logra convencerlas de tomar la sesión y darse la oportunidad de intentarlo.

Además de ex parejas, los diálogos también hacen alusión a proyectos que marcaron la trayectoria de estas actrices; como un momento en el que el personaje de Ruffo habla de La Fiera, icónica telenovela en la que compartió créditos con Guillermo Capetillo, y al de Aragón le dicen que tiene ‘mirada de mujer’; sin duda uno de los mayores éxitos de su trayectoria.

Por ello, la obra de Francisco Oyanguren va integrando guiños a la vida real de las actrices, quienes, gracias a décadas de trayectoria y proyectos que permanecen en la memoria, se han ganado el cariño del público.

En cuanto a la escenografía, durante los primeros momentos los personajes se muestran en espacios sencillos, con elementos como mesas, sillas y un fondo impreso; no obstante, cuando todas se reúnen para la terapia, el escenario se abre para revelar una sala perfectamente equipada, con muebles y ventanales que expanden el espacio y sugieren una nueva perspectiva: la posibilidad de mirar más allá de lo que las limita.

La obra progresa a través de momentos grupales en los que hay discusiones y confrontaciones, pero destacan sobre todo los momentos individuales: aquellos en los que, gracias a las atinadas preguntas de la terapeuta, cada una comienza a identificar sus problemas y limitantes. Al ponerlos en palabras, la terapeuta les ofrece herramientas para afrontarlos y, sobre todo, empezar a transformarlos.

Cada personaje tiene así su momento para brillar, y aunque de inicio se mostraban ante sus amigas y ante el mundo con una coraza, los encuentros con la terapeuta —y con ellas mismas— les ayudan a descubrir cómo sacar a la ‘leona’ que llevan dentro.

De este modo, Las Leonas es un proyecto que va más allá de entretener, pues logra inspirar a las mujeres y, ojalá, motivarlas a reconectar con su propia fuerza y a recuperar el control de su historia. Porque las leonas son conocidas por proteger aguerridamente y por no dejar que nadie ni nada las someta, aunque para ello tengan que pelear… y rugir.

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Foto: Cartelera de Teatro