Por Mariana Mijares/ En el primer cuadro de la obra escrita por la dramaturga holandesa Lot Vekemans, dos hermanas de carácter contrastante se ven atrapadas en un espacio cerrado que bien podría ser una celda. Con frases que se contraponen: “Todo va a estar bien” versus “Esto no se ve nada bien”, desde los primeros minutos ambas van dejando claro que ven la situación, y el mundo, de manera diferente. Conforme evolucionan los diálogos, sus interacciones muestran que esto no solo es una diferencia de opiniones, sino una relación intrincada y llena de heridas del pasado, abriendo la puerta a las complejidades de las relaciones familiares.
Bajo la visión de la directora Pilar Boliver, el vestuario ayuda a definir a las hermanas: Denise (Talía Marcela) luce un cuello de tortuga, pantalón rojo y saco azul, colores vibrantes que reflejan su deseo de destacar. Ella, una actriz famosa de televisión, está acostumbrada a la atención y a una vida donde la imagen, y lo que se dice de ella, es lo más importante. En contraste, su hermana Cat (Ana Karina Guevara), que luce una blusa y pantalón verde y un suéter dorado, es una presencia más sobria. Ella es actriz de teatro, y una de las razones por las que está ansiosa mientras están encerradas en ese cuarto sin ventanas es porque no llegará a tiempo para dar función.
Se revela entonces que ambas están ahí porque son sospechosas de haber causado un accidente y haberse dado a la fuga. Pero, ¿qué pasó en realidad? Denise asegura que estaba cansada, dio un volantazo y le pegó a un poste. En su versión ante las autoridades, señaló que Cat estaba dormida; en realidad, estaba “hasta atrás” y no recuerda nada. No obstante, sin importar lo que pasó, ambas parecen estar de acuerdo en algo: sus versiones sobre el accidente deben coincidir.
Denise está dispuesta a manipular los hechos para proteger su imagen pública; en contraparte, Cat se resiste, subrayando la importancia de la verdad, incluso en situaciones comprometedoras. Aunque intenta mantener la calma, se muestra agitada cuando la ética entra en juego.
La dinámica entre las hermanas Vals se contrasta con un tercer personaje: un hombre desaliñado, sucio y con heridas visibles en el rostro, quien asegura haber presenciado el accidente vial y ahora está decidido a dar su versión. Su intervención enfatiza cómo un mismo evento se puede interpretar de maneras tan distintas.
Este hombre, interpretado por Constantino Morán, interviene con monólogos que a veces parecen desgajarse de la narrativa central. De inicio, su presencia es enigmática, y va revelando detalles que exponen la brutalidad a la que ha sido sometido durante el proceso de interrogaciones. Incluso le muestran imágenes de su perro muerto.
A través de un juego de luces y efectos de sonido, las transiciones marcan los cambios de escena, alternando entre las conversaciones de las hermanas y las reflexiones del hombre. Sin embargo, tras varios cambios, esta dinámica deja de resultar novedosa, y la obra pierde ritmo, especialmente porque el público sigue cautivado por el duelo entre las hermanas.
Este enfrentamiento, cargado de resentimiento, continúa revelando aspectos profundos de su pasado, siempre cautivando la atención con una intensa tensión emocional. Denise, nerviosa por poder perder su fama, le recuerda a su hermana que los periodistas que la elevaron también podrían destruirla. En cambio, Cat le reprocha que, mientras ella se aferra a su carrera televisiva, importan más otras cosas, como el teatro y la lectura. “El teatro pone las cosas en movimiento, la TV idiotiza al público”, sentencia Cat. “Es fácil aferrarse a los principios cuando no tienes nada que perder”, le rebate su hermana en algún momento.
Finalmente, el hombre y las hermanas comparten el mismo espacio, y es a partir de esta interacción que la verdad sobre el accidente se revela, permitiendo al público entender el trasfondo de las acciones.
Las hermanas Vals plantea dilemas éticos en un contexto de emociones tensas, resentimientos y rivalidades familiares, convirtiéndose en un reflejo de una sociedad en la que el prestigio y la verdad están en constante conflicto. De este modo, la obra nos sumerge en un tenso viaje introspectivo que invita a cuestionar nuestras ideas sobre la responsabilidad, enfrentar las consecuencias de nuestros actos e incluso reflexionar sobre hasta dónde seríamos capaces de llegar con tal de mantener las apariencias.
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Fotos: Frida Chacón










