Por Luis Santillán/ La muerte deja al ser en el mayor estado de indefensión; cuando ocurre, las propiedades quedan expuestas al ojo curioso, lo que queda atrapado en las pertenencias personales revela fragmentos de historias, más cuando están atrapadas en viejas cartas. David se enfrenta a la idea que tenía sobre su padre cuando – al morir éste – encuentra entre sus cosas un fajo de cartas que le ofrecen un mundo desconocido.
Juan Carlos Rubio explora un universo donde se pone en relieve que las personas tienen múltiples líneas de vida, que la complejidad surge por las contradicciones y, sobre todo, por el paso del tiempo que va deformando los sucesos vividos hasta convertirlos en interpretaciones. El autor español escribe en 1999, Las heridas del viento, un texto donde se plantean preguntas sobre su propio padre y esas zonas grises que pueden convertir a cualquiera en un desconocido.
Su texto enfrenta la visión de un hijo que, sorprendido por todo lo que nunca percibió, tiene la perturbadora necesidad de reconstruir un pasado que no le pertenece, de enfrentar al autor de las misivas que halló. Es un universo que pone frente a frente necesidades opuestas, y hay en eso un toque de crueldad sembrada en la confrontación porque un ser es parte de ese pasado desgastado, degradado y el otro posee un tímido morbo y la insolencia de poner su curiosidad en primer plano.
La fuerza del texto de Rubio está en las palabras de los personajes porque son la manifestación de estados de ánimo complejos; el decir se propone como una ventana que exhibe temores, anhelos, melancolía, todo en un ritmo que va creando el espacio de intimidad para que el lector/espectador vaya sintiéndose cercano a los hablantes.
El texto llega a manos de Eduardo España por medio de Ricardo Ian; ambos determinaron que la persona para dirigir la puesta en escena debía ser Anahí Allue y así comienza la producción de esta nueva visita a la obra de Rubio en escenarios mexicanos.
Félix Arroyo crea el diseño escenográfico en esta propuesta estrenada en el Teatro Milán. Propone dos niveles espaciales que van a ir cediendo sus restricciones lógicas para contener el relato; esta posibilidad permite enfatizar la teatralidad porque es una metáfora visual de los temas que desarrolla el texto.
El elenco tiene como actor estable a Eduardo España y, para el personaje del hijo, alternan Markin López y Claudio Morales. La escena es musicalizada por Christopher Bullé-Goyri.
España se compromete con el personaje, modula la voz según las expresiones emotivas que motivan los bloques. Tanto López como Morales trabajan poniendo la naturalidad del personaje como eje de construcción, cuidan que la expresión corporal se sienta espontánea y que las reacciones sean matizadas para responder a las situaciones.
La propuesta de dirección de Allue confía en la fuerza del texto y permite que sea la palabra lo que protagoniza la escena. Las heridas del viento es una propuesta donde el público puede plantearse varias preguntas sobre la percepción que se tiene de los seres más cercanos sabiendo que la mitad de su vida puede ser desconocida.
Para más información sobre Las heridas del viento, da clic aquí…
Fotos: Cartelera de Teatro















