Por Luis Santillán/ Vicente Leñero es un faro de la dramaturgia mexicana, sus textos son referencias obligadas tanto por su contenido como por su confrontación al contexto en que cada uno fue creado; es un autor que siempre quería poner en crisis a la escena a partir de las exploraciones que hacía en la dramaturgia. Aun hoy en día plantea desafíos tanto para quienes hacen los montajes como para quien los mira.
La visita del ángel es un texto con tres personajes, dos de ellos habitan el espacio y comparten la cotidianidad de su vida, el tercero los visita provocando una vorágine discursiva; en convivio los tres comparten alimentos, el pasado inmediato de la visita se establece en la conversación, concluye con una promesa hacia el futuro que augura la visita de un técnico para reparar el televisor, pero un evento radical lleva la obra a su fin.
La propuesta de Leñero podría catalogarse como pieza, manifestación donde la acción puede quedar relegada en beneficio del acontecer de los personajes, en este modelo no existe una transformación sino tan solo una contemplación; los personajes no cambian, a lo mucho adquieren conciencia, pero sin repercusión. El final podría pensarse como evento transformador, pero al ser semejante al de La gaviota de Chéjov (donde la consecuencia solo queda en la mente del espectador) no rompe las características del género dramático.
Se podría pensar que la palabra expresada casi como monólogo es la parte que sostiene la obra, sin embargo, su estructura coloca como pilares a las reacciones no verbales de quien escucha, en ese sentido puede crearse una confrontación de visiones. El texto acentúa el peso de lo cotidiano invitando a que el público sea un invasor de la rutina; la apuesta de Leñero es atrevida porque va en sentido contrario de lo extraordinario que es aquello que cabe en el escenario.
Quienes están en escena bajo la dirección de Benjamín Cann y Miguel Santa Rita son: Jesusa Ochoa Leñero, Silvia Mariscal y Juan Carlos Colombo.
Colombo ha manifestado su gusto por el texto, ahora que puede hacer realidad su deseo de escenificarla crea un personaje que escucha con atención y complicidad a la nieta, disfruta las experiencias que le narra, se intriga por la ligereza o despreocupación de las acciones que cuenta. Mariscal realiza labores cotidianas para establecer una dinámica donde el público puede leer la repetición casi enajenada, reacciona casi de manera automática a los comentarios sueltos que van acompañándola mientras hace de comer, al llegar la nieta tiene un ligero cambio que permite entender el aprecio que siente, su escucha es más activa en tanto la emisión de juicios. Ambos actores trabajan con el silencio, lo dominan para que sea su medio de expresión, toda la construcción emocional que hacen les permite desarrollar los momentos de la obra.
Ochoa con el personaje de la nieta rompe el ambiente establecido en el primer momento de la obra, lo sacude generando una variante que el público celebra, pero con el paso del tiempo el mismo caos se establece como rutina. Esa confrontación entre ruido y silencio, esteticidad y movimiento, lentitud contra premura son la fuerza que posee el texto y llega a escena.
Hacer una reflexión sobre los logros o limitaciones del trabajo actoral es complicado porque están ceñidas a la propuesta de dirección. Si bien la triada actoral hace un buen trabajo y permite que la creación de Leñero se expanda, existen algunos detalles disonantes. Ochoa podría parecer que centra demasiado el trabajo de la velocidad del texto y ciertas reacciones demasiado marcadas que le quitan espontaneidad; Colombo por momentos parece disperso, sus movimientos generan inquietud porque parecen abandonar la ficción. Ciertas acciones de Mariscal podrían parecer muy sistematizadas. Cada uno de los planteamientos tienen un eje en común: la dirección, da la impresión de no estar apuntando a un lugar (propósito o planteamiento) específico.
La propuesta parece apostar a la línea dura del realismo, esa que raya en el naturalismo donde todo es lo que es, es decir, la estufa realmente enciende y calienta la sopa, la licuadora realmente muele el jitomate, el grifo realmente da flujo al agua, pero el trazo plantea algunos movimientos artificiales, lo natural (real) de los objetos parece estar sin una causa o uso; la construcción de las acciones del final se sienten débiles al estar enmarcadas en el realismo de la escena.
Es un texto complicado porque le pide mucho al público, más en estos tiempos de “Fast Content” (contenido rápido), pero el trabajo de Mariscal, Ochoa y Colombo hacen que la obra pueda volverse una oportunidad para apreciar el valor del convivio sin prisa y sin finalidad concreta.
La visita del ángel es una obra que se sostiene desde la pluma del dramaturgo, pero que se vuelve una experiencia gratificante por el trabajo actoral.
Para más información de La visita del Ángel, da clic aquí.
Fotos: Cartelera de Teatro














