Por Mariana Mijares/ Sobre el escenario, se erige un cuadrilátero con tres cuerdas y postes en cada esquina que nos trasladarán a una arena de lucha libre, ese espacio donde los espectadores suelen ovacionar a los luchadores, pero abuchear al réferi; justamente de él se trata esta historia, de ese guardián silencioso que permite que la magia del ring cobre vida.

Conocemos al protagonista inicialmente ataviado como luchador -con todo y capa-, pero luego decide que su camino es ser árbitro, buscando seguir los pasos de su padre e imaginando que así obtendrá respeto como la máxima autoridad del ring. Él no sabe que está equivocado.

El texto de Bernardo Barrientos sigue compartiendo el ambiente que se vive dentro de lucha libre, pero únicamente a través de este personaje: el réferi, interpretado por el actor Jorge Lan, quien también dirige este montaje.

La última palmada tiene así un punto de vista original por el solo hecho de que el protagonista sea este juez, una figura indispensable en numerosos eventos deportivos. Sus intervenciones deben ser rápidas e imparciales, pero inevitablemente, cuando favorezca a ‘x’ equipo, siempre será aclamado por unos -quienes lo llamarán justo-, y odiado por otros -quienes probablemente lo tacharán de ‘árbitro vendido’-.

La labor de esta figura va más allá de aplicar reglas y contar caídas, pues es el encargado de mantener el orden y asegurar que el enfrentamiento sea justo y seguro. Específicamente en la lucha libre, suelen ser ignorados por buena parte de los espectadores, siempre eclipsados por la intensidad y teatralidad de los luchadores, pero su presencia es fundamental para la integridad de cualquier deporte. Justo ese es un buen mérito de La última palmada, que los humaniza, nos recuerda su importancia y dignifica su labor.

Como ocurre a veces en los monólogos, aunque Lan esté solo en el escenario, su actuación convence de que está continuamente rodeado de gente, además de que interpreta a más personas y platica con ellos. A veces son diálogos llenos de vulnerabilidad; otras veces, plagados de dureza, pero siempre se siente honesto. De este modo, el actor nos lleva a transitar, e imaginar, cómo es el detrás de bambalinas de estas arenas.

Además del cuadrilátero, que cuenta con cuerdas que el personaje utiliza para imitar los movimientos de los luchadores -apoyándose en ellas para impulsarse-, la escenografía incluye a ambos lados del escenario dos enormes lonas con fotos y nombres de luchadores como Fly Warrior, Corsario Negro Jr., Drako y Demonio Infernal.
La iluminación, de Edgar Mora, ayuda la visión del director de mantener el foco siempre en el protagonista, aunque cambiando el tono o el color de las luces cuando intervienen otras personas, como en las conversaciones con su padre.

Estas son otro de los elementos clave del texto de Barrientos pues nos hablan de la relación del personaje central con su padre. Él también era réferi -por eso él se dedica esto-, pero murió cuando tenía 12 años, por lo que siempre hay un sentimiento de añoranza, de lo que pudo haber sido. Justamente, las conversaciones donde lo recuerda son los momentos más emotivos de esta obra.

La relación con los padres, y sobre todo, el querer dedicarnos a algo por querer agradarlos, es algo con lo que más de uno podrá identificarse. Incluso fuera del plano profesional, muchas veces nuestras decisiones inevitablemente buscan la aprobación de quien nos dio la vida, aunque con el tiempo entendamos que cada uno debemos buscar nuestro propio camino, o legado.

A la par, añorar a alguien que ya no está también provoca enorme empatía por el protagonista. Imaginar todo lo que pudimos haber hecho, o que nos faltó hacer, con esa persona clave en nuestra vida.

A pesar de las críticas y los abucheos, y de extrañar constantemente a su padre, este réferi debe seguir haciendo su trabajo, garantizando que ‘el show pueda continuar’; del mismo modo, en la vida real, después de nuestras propias caídas y tropiezos, y a pesar de las pérdidas, nosotros también debemos levantarnos y seguir luchando; como si estuviéramos en el ring.

La obra se presenta los viernes, hasta el 21 de junio, en El Círculo Teatral, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

Fotos: Edgar Mora

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