Por Alegría Martínez/ El deseo de dejar atrás la existencia y la falta de unas palabras escritas en una nota que expliquen de algún modo la toma de una drástica decisión, descubren el inmenso vacío que padece un matrimonio formado por un famoso psicoanalista y una pianista destacada, que más allá de los hijos, ya adultos, el éxito profesional y la estabilidad financiera, han perdido el impulso para continuar con su vida juntos, como si a ésta se hubiera descarapelado.

La Nota, segunda obra escrita por la dramaturga y guionista francesa, Audrey Schebat, detona una serie de verdades y palabras, latentes en la pareja, pero nunca dichas, a partir de una situación inesperada que deja al descubierto lo que ocurre en cientos o miles de matrimonios, en los que se ha instalado la pérdida de anhelos y el desencanto.

Esta batalla expuesta es quizá la razón del éxito que durante 2025 han recibido los distintos montajes de esta obra en teatros de países como Bélgica, Suiza, el Principado de Mónaco, a los que siguieron Argentina, Uruguay, Colombia, Perú y actualmente México.

El texto de la también guionista -autora de series documentales para el cine y la televisión francesa, interesada en temas sobre la condición humana- denota su capacidad para desmenuzar las distintas maneras de pensar de un hombre y una mujer, en este caso adultos privilegiados, por su propio esfuerzo, que mediante diferentes vías han perdido el interés en general, hasta topar con el desencanto.

Lo que hace de esta circunstancia una comedia, es la forma en la que el personaje femenino, la pianista, percibe y reclama la falta de sensibilidad, de prevención y de análisis sobre las consecuencias del acto que él se proponía cometer. Avalancha de faltas, que ella encuentra, analiza, expone con tino y con gracia y finalmente traduce en una gravísima ausencia de amor.

Cierra el círculo de la comicidad el hecho de que por su parte, el personaje masculino, que se supone es conocedor de los conflictos humanos y de las distintas vías para ayudar a otros seres humanos a salir adelante, afronta su falta de horizonte de manera individual, sin pensar en su mujer, sus pacientes y sus hijos y que durante la discusión con su esposa, descubra secretos propios y de la mujer a quien creía conocer a fondo.

La habilidad y el talento de la autora para construir los diálogos, que la actriz Tiaré Scanda libera a borbotones a partir de la incredulidad de su personaje, Magda, ante lo que hubiera ocurrido, en caso de que su esposo cumpliera su objetivo, así como su sorpresa, que escala cada vez más al hablar con él y al cuestionarlo directamente, son parte del atractivo de la obra.

La forma en que el actor Enrique Arreola, interpreta a un hombre instalado en el desenfado, personaje que disfruta escuchar música clásica, sin huella alguna de lo que sería no volver a disfrutarla jamás, al tiempo en que hace varios intentos por hacer lo correcto y sin embargo desiste en cada oportunidad, conduce al público a darle completamente la razón al personaje.

El asombro que produce en el personaje masculino la furia de su esposa, que vive su propia carencia de estímulos, cargada de humor y crítica, muestra nítidamente lo que la autora ha indagado sobre la actitud de algunos hombres, que en su ímpetu de lograr su objetivo, se olvidan de su entorno y la consecuencia de sus actos, mientras, por otra parte el ímpetu femenino por hallar respuesta a cada paso dado y a cada palabra pronunciada por su pareja, se incrementa.

Esta crítica a las distintas formas de ser y de reaccionar de algunas mujeres y hombres, inmersos en las circunstancias en las que la autora inscribe a sus personajes, profesionistas destacados y maduros, se vuelve tersa a partir de algunos recuerdos, de la honestidad con la que se comunica la pareja a partir de su educación, sus logros y ante todo, de la confianza conseguida 30 años después de compartir la vida.

Julián y Magda, logran hablar, discutir, reír, burlarse de sí y del otro, y eso es lo que más acerca al público, que empatiza con una pareja que sin herirse, aún en el estupor ante lo que el otro hace y piensa, se abre para encontrar y pronunciar en voz alta lo que no se había atrevido a decir antes.

La equipada, agradable y cómoda sala con libreros, lámparas de luz tenue, mullidos sillones y un piano, proporciona el marco adecuado a un intento de fuga, a un campo de batalla, al espacio del diálogo y la sorpresa activa de una confesión más, que le da un giro a los acontecimientos.

La Nota, que dirige Cristian Magaloni, invita a una tarde amena, sin sobresaltos, algunas risas y una reflexión sobre la costra que deja la cotidianidad en una pareja que en apariencia lo tiene todo, sobre el valor y la importancia de lo que esconden las palabras que construyen frases escritas sobre un papel, tanto frente a una decisión que puede ser definitiva, como para utilizar algo previamente escrito, con algunas sustituciones, que permita salvarse de la solemnidad en otro tipo de fuga.

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Fotos: Mejor Teatro