Por Roberto Sosa/ Una mujer intenta limpiar el Pantano, pero no hay agua. Busca ayuda en la alcaldía, se enfrenta al aparato burocrático, el titular es un Licenciado que la escucha pero no le resuelve nada. En otro sitio una pareja en ropa interior habla de su futuro; para otra pareja lo más importante es amarse; dentro de una patrulla una pareja de hombres enamorados sueñan con ir juntos a la playa, los policías tienen encuentros eróticos en el interior del vehículo. Esto sucede en el México contemporáneo, llámese el Pantano.

En esta historia escrita por Aurora Cano, aparece la figura de Dios Tezcatlipoca, deidad mexica, omnisciente, viril y siempre viejo. Su nombre significa “Espejo Humeante”. Lo que podría ser un sinsentido, Cano acertadamente crea una analogía entre un Dios conflictivo, complejo y voluble, con el comportamiento, conducta y ser de la mayoría de los mexicanos. El relato está aderezado con cumbias y mucho baile.

Los personajes se mueven dentro de círculos diseñados a través de la multimedia, cada uno con diferente decorado según lo que se está representando. Para los antiguos mexicanos, los círculos tenían un profundo simbolismo, asociado a la cosmovisión y continuidad del tiempo. La propuesta de Aurora –quien también dirige- es representar el origen de un pueblo prehispánico y la índole del mexicano de hoy; cómo actuamos, pensamos, hablamos y…bailamos.

La puesta en escena la presenta en dos actos, con todo lo anterior el primero impacta visualmente, atrapa con su lenguaje escénico, la forma en que mete al espectador al espectáculo es genial. Elenco y coro realizan un trabajo impecable, bajo su mirada todo se mueve con ritmo y precisión. Sin embargo en el segundo acto la obra no crece, la progresión dramática se dilata; el segundo episodio representa mucho de lo que se presentó en el primero.

Los actores pertenecen al elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), lo encabeza Julieta Egurrola (Refugio) y Daniel Giménez Cacho (Licenciado Hernández) quien alterna funciones con David Hevia. Refugio desea limpiar el pantano, para lograrlo necesita que le suministren mejor el agua; Hernández es el arquetipo del burócrata huevón y valemadre, que no le interesa su trabajo. Ambos grandes actores, sorprende ver a Julieta bailar con buen ritmo y Daniel no hay duda de su talento, lo demuestra en cada intervención.

Complementan el reparto Rodolfo Guerrero (Jefe de policías), Pedro Martínez (Abogado / Tezcatlipoca), Adriana Reséndiz (Servidora pública/ Tonatiuh), Armando Comonfort (Marcelino), Mireya González (Patricia), Ana Karen Peraza (Rosita), Shadé Ríos (Lucía), Fernando Sakanassi (Gustavo), Iván Zambrano (Oficial Ramírez), Salvador Carmona (Pepe), Omar Silva (Oficial Fuentes). Músicos en vivo Sebastián Espinosa, Elvira Marzal y Yurif Nieves.

Formar parte del elenco en la CNT no es sencillo, es necesario ser actor / actriz con vocación, convicción, preparación y por supuesto tener talento. El trabajo que realizan sobre el escenario es con aptitud, disposición e inmersos en la creación del personaje; honestidad y credibilidad son factores que acentúan su labor. El trabajo actoral está al nivel de un proyecto como este.

Si en Los empeños de una casa, Aurora Cano no hizo cantar, en La cumbia del Pantano nos pone a bailar; en la primera, convirtió la sala del teatro en un karaoke, ahora el escenario es una pista de baile. La cumbia se baila en el barrio, en las calles, el “caché” con los “sonideros” (sistemas de sonido móviles) que reúnen a la banda. Las coreografías de esta obra así lo avalan.

Diseño de escenografía, Miguel Moreno Mati; iluminación Xóchitl González; video, Raúl Munguía; vestuario, Jerildy Bosch; coreografías, Aurora Cano y Daniel Jaime Guadalupe; música original y diseño sonoro, Yurief Nieves. El coro lo conforma estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral, El Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM y CasAzul.

Para más información sobre La cumbia del pantano, da clic aquí.

Foto: Roberto Sosa