¿Qué ocurre cuando algo que sentimos con fuerza no cabe dentro del molde social que nos impusieron? Eso es justo lo que plantea EQUUS, el clásico de Peter Shaffer que vuelve al escenario mexicano con una nueva producción dirigida por Miguel Septién.
La obra arranca temporada el 8 de agosto en el Teatro Milán, y llega con una mirada fresca, física y profundamente inquietante sobre el deseo, la culpa, el instinto y los límites de lo “normal”.
¿De qué trata?
La historia es tan potente como incómoda: un psiquiatra debe tratar a un joven que ha cometido un acto brutal —cegar a seis caballos con una vara de metal—. Pero lo que empieza como una búsqueda de respuestas clínicas se convierte en una exploración profunda de dos almas rotas, atrapadas entre lo que sienten y lo que deberían sentir. La pregunta central queda flotando en el aire como un susurro punzante: ¿y si lo enfermo no fuera el paciente, sino el mundo que lo rodea?
Dirigida, traducida y con diseño de movimiento escénico de Miguel Septién, esta nueva versión no le teme al vértigo emocional ni a la crudeza simbólica. Septién construye la puesta como un ritual escénico, casi chamánico, donde los cuerpos y el movimiento tienen tanto peso como las palabras. En escena, los caballos no son títeres ni proyecciones: se manifiestan a través de la fisicalidad del elenco, fusionando teatro y rito, humanidad e instinto.
El elenco principal está conformado por José María de Tavira como el doctor Martin Dysart y Emilio Schoning como el joven Alan Strang, una dupla actoral de alto voltaje emocional. Les acompañan Flor Benítez, Héctor Berzunza, Humberto Mont y Luz Olvera, bajo la producción de Cuarta Pared e Ícaro Teatro, dos compañías unidas por una misma brújula: hacer teatro que no pase de largo, que transforme.
Mientras que el equipo creativo está conformado por Félix Arroyo en el diseño de iluminación, Dano Coutiño en la composición musical original y Giselle Sandiel en el vestuario, completan un equipo que apuesta por el poder sensorial del teatro. Nada está ahí porque sí: todo respira, cruje y duele en sincronía.
EQUUS no es una obra de respuestas fáciles, ni busca ser cómoda, pero sí intenta sacudirnos con preguntas que no se cierran al salir del teatro, para conocer más información, da clic aquí.
Por Itaí Cruz, Foto: Mariana Medina

















