Por Mariana Mijares/ ¿Qué significa ser hombre? ¿Es necesario enseñarle a un niño cómo serlo? Estas son algunas de las preguntas que se hace Rodrigo, quien decide compartir su historia con una audiencia, explorando las expectativas y desafíos que ha encontrado en el camino de descubrir su identidad.
Desde el inicio, la propuesta que se presenta en el Teatro Milán comienza de manera singular. No es en el momento de la tercera llamada, cuando los actores—en este caso, el actor Luis Arrieta—se preparan para salir al escenario, sino minutos antes, cuando Arrieta empieza a mover las macetas con plantas que adornan el lobby del teatro. Las carga y las coloca cuidadosamente sobre el escenario, marcando un ritmo diferente.
Aún sin interactuar con el público, sigue concentrado, moviendo cosas y ocasionalmente volteando a ver a la gente que entra al teatro. Después, finalmente anuncia que está listo para comenzar, pero que seguirá esperando a que entre la gente que ha llegado tarde.
Sin que oficialmente se dé una ‘tercera llamada’, momentos más tarde, Rodrigo, quien viste unos pantalones beige y una polo azul, se para a la derecha del escenario e inicia diciendo que está ahí para contar su historia.
Con estos primeros instantes, el monólogo dirigido por Paula Zelaya y escrito por el propio Arrieta, se siente como una experiencia diferente, como una obra sencilla, pero honesta. Yo la clasificaría incluso como un coming-of-age, como se dice en inglés para describir esas historias de maduración.
En este caso, la de un niño que tiene que aprender a ser hombre. Un joven que va transitando por situaciones que lo hacen crecer demasiado rápido, por lo que se comporta más como ‘señor’ que como joven, durante su etapa de secundaria.
La escenografía de María Vergara (quien también hizo la iluminación y el vestuario) consiste en tres paneles distintos con elementos colgados que hablan un poco de quién es este personaje; se ven VHS y Blue Rays de películas como Kill Bill y Saw, un Atlas de México, fotos como de un anuario, un coche de juguete, un diploma y una caja de gansitos. Aunque la mayoría de los objetos no se utilizan dentro del montaje, hay algunos que sí; por ejemplo, los gansitos.
Rodrigo cuenta cómo un día decidió tomar varios gansitos y llevárselos a su cuarto no sin antes tapar el hueco que estos dejarían en la caja con algo de periódico. Tiempo después, el día que le informaron que sus papás se separarían y que él viviría con su papá, se terminó todos los gansitos, tanto los que quedaban en la caja, como los que tenía en su cuarto. Este hecho: la partida de su madre, definitivamente marca su vida, pues además del vacío que deja, se queda con una sensación de que ya no pertenece en el mundo, pierde la motivación de vivir. Justo eso: las ganas de quitarse la vida, son una constante con la que lidiará el resto de su vida, pero a la vez se vuelven demonios con los que aprende a coexistir.
Su historia tiene también momentos luminosos, escenas en las que Arrieta brilla gracias a su enorme carisma; por ejemplo, cuando Rodrigo comparte su determinación para conquistar a Susana Ortiz (aunque ella lo rechaza por considerarlo chaparrito), o su gusto por bailar.
Con un movimiento escénico a cargo de María Penella, cada vez que Rodrigo baila va soltando poco a poco el cuerpo para moverse sin pensar en nada: en lo que puedan pensar otros, o si alguien lo está juzgando, solo se deja llevar por esa sensación de libertad. Es bailando como realmente se siente vivo.
El baile tiene también el simbolismo de ser ese lugar donde podemos ser nosotros mismos; en los momentos en que solo fluimos, ya no estamos buscando complacer o agradar a otros, o pertenecer a un grupo, solo nos concentramos en sentir, en disfrutar, en dejar que el cuerpo, y el alma, se muevan a placer.
Rodrigo también comparte sus intentos por hacer deporte para complacer a su padre y ‘canalizar la energía masculina’; intenta por ejemplo taekwondo, o jugar fútbol, pero en aquellos partidos, más que concentrarse en seguir la pelota, opta por esconderse. Él prefiere ser invisible. No obstante, en el proceso encuentra algo que sí le ayuda a canalizar su energía: correr. Correr lo hace sentirse diferente y se vuelve una especie de terapia.
Si bien se incluyen momentos serios, este trabajo contrasta enormemente con otro monólogo que Arrieta interpretó hace unos años: Tom Pain, en donde el personaje parecía estar despidiéndose de la vida, continuamente sumido en la obscuridad. Quizá como una evolución de ese trabajo -o de ese personaje-, aquí Rodrigo también transita por lugares obscuros, e inciertos, pero a la vez, el correr y bailar le ayudan a no ahogarse, a mantenerse a flote.
Arrieta ha compartido que admira monólogos como Autoconfesión, El Gorila y Puras Cosas Maravillosas, particularmente de este último pueden encontrarse algunas reminiscencias; especialmente, la ausencia de la madre y cómo el protagonista pasa parte de su vida intentando compensarla. También, de la misma manera que ‘Sam’ inspira al protagonista de aquella obra escrita por Duncan MacMillan actualmente interpretada por Pablo Perroni, Rodrigo tiene sus ilusiones puestas en Susana Ortiz.
Y es que, al igual que Rodrigo, sin importar cuantas veces nos hayan roto el corazón, es bonito recordar que el amor es lo suficientemente importante como para seguirlo buscando; a pesar de las decepciones, o de que no hayamos sido correspondidos.
Con una trayectoria de más de 20 años que incluyen decenas de obras y películas, también es luminoso comprobar que Arrieta no se queda en una zona de confort. En cambio, constantemente regresa al escenario para entregar todo tipo de propuestas: Perfectos desconocidos, Tom Pain, Finlandia y ahora Hombre; trabajos que nos muestran facetas distintas de él como histrión, pero también, trabajos que lo mueven y motivan. Ahora, como autor, productor y actor de Hombre, es de aplaudirle que haya concebido este nuevo reto, y él mismo le esté dando vida.
Las cosas que le van ocurriendo al protagonista de Hombre nos hacen recordar que la vida estará llena de claroscuros, y que cada uno enfrentamos nuestros propios demonios, pero también, que siempre podremos encontrar algunas ‘chispas’, o quizá, solo notas de música que nos hagan querer seguir bailando.
Hombre se presenta los martes, hasta el 17 de septiembre, en el Teatro Milán, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.
Fotos: Cortesía Producción
















Escribiendo desde Guadalajara, ví la entrevista que le hicieron al actor en un noticiero de CDMX en la cual anuncio la obra y mi pregunta es ¿La traerán a Guadalajara?
Hola, Perla! Gracias por contactarnos, desconocemos si la obra ofrecerá funciones en el interior de la República, te sugerimos consultar las redes sociales de la obra o actor, Saludos.