Vivimos en un mundo donde todo es competencia: llegar primero, ser el mejor, subir de puesto, querer siempre más. Por eso Grand Slam se siente como un respiro. En Cartelera de Teatro fuimos a ver este monólogo que habla justo de eso: la presión constante, la rivalidad, la inseguridad y la envidia.
La protagonista forma parte de un equipo juvenil y es la mejor. Si gana el torneo interno, irá a París. Pero de pronto llega una nueva integrante al equipo: una neozelandesa que resulta ser aún mejor. La presión, la comparación y la preocupación la consumen, y su rendimiento empieza a decaer. Poco a poco, va perdiendo su lugar.
Durante más de una hora, Valentina Garibay danza por el escenario con movimientos cuidadosamente estudiados de una tenista. Sorprende su agilidad y la precisión con la que se desplaza de un lado a otro a lo largo de todo el montaje.
Ver desde fuera la historia de una joven atrapada en la presión te hace reflexionar sobre cuánto nos exigimos, lo duros que somos con nosotros mismos, si realmente vale la pena compararnos con los demás y, sobre todo, entender que el éxito .
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