Por Roberto Sosa/ Pasión, ardor, ímpetu…vehemencia, es lo que sienten y transmiten. Su historia inicia una noche en un parque, con la escultura del David como testigo. Caminan, se enamoran, entran a una casa y tienen sexo. Mur y Cris deciden vivir juntos, nada es más importante que su amor. ¿Pero qué pasa cuando una relación cambia y la atracción, el deseo, las ganas…el amor ya no es el Fuego que los consumía y se convierte en una lucha de poder?
La fábula podría ser con dos almas, dos seres que se amaron y vuelven para narrar su ficción. En esta traslación se citan en un parque con un grupo de espectadores para hacerlos partícipes de su amor y desamor. Una casa vaciada es el escenario donde se entra a espectar; los asistentes son parte de la historia, voyeristas que ingresan para seguir el relato de esta pareja en una casa semivacía y poco iluminada.
Fuego es una experiencia inmersiva, si aceptamos como inmersivo algo que hace vivir al espectador una realidad virtual como si fuera auténtica. La autoría y dirección son de Marco Vieyra un creador que no sigue las convenciones del teatro; explora nuevos lenguajes, se sale del recinto tradicional para habitar espacios alternativos. La idea es acercar al espectador con las actuaciones y dramaturgia, y lo logra.
Su texto indaga la relación de una pareja en los tiempos furiosos que hoy vivimos. Vieyra titula su obra Fuego, sinónimo de calor, pasión, ardor, entusiasmo…amor. Su propuesta es que el espectador cambie la forma de ver teatro, que sea una experiencia distinta. Un pasillo, escaleras y habitaciones vacías son los espacios por donde transita la historia con el público formando parte de la misma.
Los personajes los alternan Frida Astrid / Mayte Fierro (Mur) y David Loza / Rodrigo Torres y Francisco Rubio (Cris), el desafío inicia en la creación e interpretación de sus personajes, sin embargo el mayor es actuar con el público tan cerca, se respiran, tocan y ven con tal cercanía que no hay margen para falsear; se debe hacer un trabajo verosímil, preciso y honesto, y lo logran. En esta dinámica la ficción habita la realidad.
Para el espectador que acostumbra ver teatro desde una butaca, la experiencia inmersiva tiene su magia ya que los personajes no están en la ficción ni un escenario diseñado ex profeso para la representación. Durante el recorrido el personaje le habla al oído y platica con él, con ella; el grupo reducido facilita el desarrollo. Inicia con el frío de la noche y concluye en el calor de un recinto donde habitan las almas de los protagonistas.
El teatro sucede dentro o fuera del recinto convencional, acontece si hay alguien que tiene algo que decir y alguien que está dispuesto a escuchar, en este sentido Fuego cumple, y ofrece una vivencia distinta desde su concepción, diseño y realización. En este concepto todo cabe, los transeúntes, restaurantes y las calles con su tráfico habitual. Y dentro de la casa el montaje toma otra dimensión; bajar al sótano, visitar el cuarto oscuro se convierte algo más que una experiencia… inmersiva.
La experiencia inicia a las 20:00 horas, el punto de iniciación es el Parque Río de Janeiro (a espaldas de la fuente del David), después una caminata –se sugiere calzado cómodo y ropa abrigadora- corta hacia el segundo punto de reunión en la calle de Tonalá #95 Col Roma Norte. Las funciones reinician a partir del 17 de enero.
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Fotos: Roberto Sosa















