Por Roberto Sosa/ Éxtasis y belleza, enajenación, beldad y perfección. Helena de Esparta según la mitología griega era la mujer más hermosa del mundo, su belleza extraordinaria provocó la Guerra en Troya. Siendo esposa de Menelao, rey de Esparta, fue raptada por Paris con quien huyó hacia Troya. Una vez concluida la Guerra, errante y perseguida por Nicóstrato -hijo de Menelao-, Helena llega a Rodas donde es recibida con simulada hospitalidad por la reina Polixo.

Años después, guiada por sirenas arriba al reino para enfrentar la venganza de Polixo, afligida por la muerte de su esposo Tlepólemo en Troya. Su belleza se pone en su contra; en este universo femenino no es bien recibida, con la historia en oposición, las mujeres confrontan su culpabilidad por la Guerra en Troya. La historia nos habla de un personaje mítico que intentará reivindicarse y eximirse como mujer.

Ximena Escalante escribe Éxtasis y belleza que tiene como protagonista a una señora que la mitología clásica la tiene un selecto lugar. Escalante crea una versión vanguardista de un personaje mítico que dialoga con la mujer actual. Su relato atraviesa guerras, feminicidios y desapariciones forzadas que son parte de nuestra cotidianeidad. Un texto sólido y potente cuya pertinencia es relevante.

Con la dirección de Mauricio García Lozano la puesta en escena reúne mitología y ficción; erige una obra con elementos que crean una atmósfera idónea para contar la historia; articula las escenas con el talento creativo que lo define. El director es el primer espectador de su obra, acá bajo su mirada nada está fuera de lugar y nada se mueve sin sentido, todo funciona a favor. El trabajo del elenco es fundamental en toda obra, Mauricio lo dirige apropiadamente.

Las actuaciones son de Mariana Giménez (Polixo), Mariana Gajá (Helena), Angie Bauter, Astrid Mariel Romo, Ditmara Nader, Alejandra Farah y Daniela Gaytán / Vivián Cruz. Angie, Astrid y Alejandra son las Erinias (en la mitología griega son diosas cuya misión esencial es la venganza, su presencia se considera una maldición y son la alegoría de la culpa y el castigo moral). Ditmara Nader y Daniela Gaytán son las sirenas que guían a Helena llegar a Rodas. Habitar personajes míticos fue su mayor desafío, lo hacen apropiadamente.

Cabe destacar la actuación de Mariana –Giménez y Gajá-, para ambas esta obra es una gran oportunidad de mostrar su talento; lo que vemos sobre el escenario es un duelo de entre dos grandes actrices, dos maestras de la actuación que saben pararse en un escenario y dar vida a cualquier personaje; construyen, matizan y habitan seres míticos, su trabajo es creíble y honesto.

En esta historia, Helena y Polixo simbolizan belleza y venganza, dos entidades distintas. Una busca redimirse, la otra exige el desagravio. Para la reina Polixo, Helena es culpable de la guerra y sus consecuencias; sin embargo, Helena sostiene otra verdad. En el mundo de hoy tiene resonancia lo que ambas representan. Palestina, Ucrania o Líbano son territorios en guerra, y no la iniciaron una mujer hermosa y otra que busca venganza. La humanidad vive en el absurdo total.

La obra reúne lo necesario para que el espectador disfruté de buen teatro con todas sus convenciones. Los clásicos siempre tendrán algo que decirnos, nos siguen hablando de siglos atrás como si fuera hoy, es una buena oportunidad para las nuevas generaciones que piensan que ese teatro ya no les dice nada. La tragedia que hoy se representa tiene paralelismos con los tiempos que hoy vivimos.

Diseños de escenografía e iluminación, Víctor Zapatero; vestuario, Eloise Kazan; música original, Alfonso Olguín. Producción David Castillo de 25 Producción.

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Fotos: Roberto Sosa