La figura de Helena de Esparta se revela como mujer de carne y hueso, atrapada en un destino impuesto por su belleza y por los ojos ajenos. Una reinterpretación poderosa de la mitología griega desde la mirada crítica de Ximena Escalante.
En Éxtasis y belleza, Helena busca refugio tras ser culpada de la guerra que devastó Troya y Esparta. Guiada por las sirenas, acude a la reina Polixo en busca de asilo, pero el rencor y la venganza la persiguen. Personajes como Teucra, Rodo y la ninfa la enfrentan, incapaces de perdonar.
La obra cuestiona las narrativas machistas que redujeron a las mujeres de la tragedia griega a villanas lujuriosas y ambiciosas. Escalante propone un discurso que rescata la voz femenina, mostrando cómo la belleza de Helena fue usada como arma para justificar violencia y sangre. Es un relato sobre la injusticia de la mirada patriarcal y la necesidad de reescribir los mitos desde otra perspectiva.
El espectador se sumerge en una atmósfera mística y onírica: brujería, sirenas y humo que ahoga en angustia. Helena enfrenta demonios que no le pertenecen, atrapada en un destino de rencor y venganza. La experiencia es intensa, cargada de dolor, belleza y un eco de injusticia.
La puesta en escena se construye con una estética ritual y simbólica: una tina como espacio de enfrentamiento, humo que envuelve la acción, y un universo sonoro donde las sirenas marcan el destino y la venganza cobra forma humana.
Éxtasis y belleza nos invita a mirar de nuevo las historias que creíamos conocer.














