Por Roberto Sosa/ Según la mitología griega Eurídice era una ninfa enamorada de Orfeo -otro mítico personaje-, se dice que cuando él tocaba su lira las fieras se calmaban, y los hombres se reunían para oírlo, así enamoró a la bella Eurídice. Casada con Orfeo es acosada por Aristeo quien intenta raptarla, en su huida a mitad del bosque pisa inesperadamente a una serpiente, el reptil le muerde un pie lo que provoca su muerte.

Ante los dioses del inframundo Orfeo suplica por su amada, ante el dolor, suplicas y embelesados por su lira, los dioses acceden a dejarla salir con la condición de que Orfeo no voltee a ver el rostro de Eurídice hasta que ambos hayan salido de los infiernos. Orfeo desobedece ante la impaciencia de ver a su amada, en ese momento ella se convierte en sombra (otros mitos dicen que se convierte en estatua de sal o piedra) y él es expulsado del infierno.

Alexander Wright escribe una versión contemporánea del mito Orfeo y Eurídice. En esta adaptación ella de niña soñaba ser un héroe, con capa y súper poderes. Cuando crece se enamora de Ari (Aristeo), pero él la engaña. Después conoce a Orfeo, con quien siente gran conexión y atracción. La dramaturgia de Wright reinterpreta el mito desde una visión que pondera lo femenino.

La dirección es de Ana Graham, “No es exactamente un musical, pero tampoco podríamos decir que no lo es”. Conjunta acertadamente los elementos que componen el montaje; música, canciones, bailes y dramaturgia. Su mayor desafío es representar el mito griego con una mirada actual, una Eurídice que dialogue con los jóvenes de hoy. Graham tiene vasta experiencia en teatro y aquí lo demuestra, bajo su dirección todo tiene sentido y todo se mueve perfectamente. El resultado está bien logrado.

Las actuaciones son de María Kemp y Aldo Guerra, dos artistas completos y versátiles, su desempeño es sobresaliente, actúan y encarnan con solvencia a los personajes; con excelente voz cantan en español e inglés, bailan tap y nos muestran su talento musical. María dialoga con Eurídice, la habita e interpreta. Su formación es interdisciplinaria, es actriz, bailarina de tap y percusionista corporal. Aldo Guerra se desdobla en dos personajes, Ari y Orfeo a los cuales da vida con propiedad. Es actor, músico y bailarín.

El mito Eurídice se representa según Eurídice; esta versión nos cuenta la anécdota según ella, desde lo femenino, no permite que un hombre la engañe. La puesta en escena es orgánica y armónica con dos artistas que llenan el espacio, cerca del espectador al cual impactan con su talento y vocación. El trazo escénico a dos frentes pone a los asistentes viéndose como si tuvieran un espejo enfrente; en medio la dramaturgia fluye como un río.

La obra tendrá una temporada itinerante en distintos espacios de la CDMX, ya se presentó en el Jardín Escénico, ahora lo hace en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles en Coyoacán, después estará en Laguna México y termina en el Museo de Arte Popular.

El diseño de escenografía le permite caminar por diferentes recintos, la energía en cada uno es distinta, un desafío para la producción y elenco… ¿Y hacer teatro hoy en día no es un desafío? Lo cierto es que se trata de una obra distinta, original, con otro lenguaje y bien montada.

Actuación especial de Ana Graham y Belén Aguilar (alternan funciones). Dirección musical y diseño sonoro, Cristóbal Maryán; escenografía e iluminación, Anna Adria; vestuario, Ana Graham; coreografía de Tap, María Kemp. Producción Por Piedad Teatro.

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Fotos: Roberto Sosa