Antes de protagonizar películas como In the Heights, Abigail o Scream, Melissa Barrera imaginaba una vida muy distinta: una donde pudiera subirse cada noche a un escenario de Broadway.
“Mi primer sueño de la vida fue hacer Broadway. Desde los 12 años soñaba con estar ahí. Desde que escuchaba Rent, Wicked, Los Miserables, Spring Awakening, soñaba con algún momento poder estar haciendo una obra en Broadway; para mí era como la meca del teatro musical”, comparte Melissa en entrevista desde Nueva York.
Encontrar el proyecto correcto
Después de su paso por La Academia y por musicales como Hoy no me Puedo Levantar en México, Melissa mantuvo durante años la idea de algún día llegar a Nueva York, pero no se trataba de solo entrar a alguna obra ya existente, sino de encontrar un proyecto que realmente le permitiera debutar como ella lo imaginaba.
“Ya había tenido varios acercamientos en el pasado, porque yo había querido hacer Broadway desde siempre, pero también tenía una idea muy específica de cómo quería que fuera mi debut”, revela.
Si bien recibió oportunidades para integrarse a producciones ya establecidas, Melissa quería originar un personaje y vivir la experiencia completa de lanzar un musical desde cero en Broadway: desde formar parte del elenco original hasta participar en el álbum oficial de la obra.
“Desde chiquita tenía este sueño y lo quería cumplir de esa manera. Una obra me parecía increíble, claro que me encantaría, pero quería que mi debut fuera un musical porque ese es mi primer amor”, añade quien estudió en la American School Foundation of Monterrey, donde participó en montajes de proyectos como Grease, Footloose y Aida, antes de continuar su formación actoral en la Tisch School of the Arts de NYU.
Con una meta clara, Melissa decidió enfocarse seriamente, por lo que sumó a su equipo a una agente especializada en teatro.
“A finales de 2025 dije: ‘A ver, ahora sí quiero hacer todo lo que esté en mis manos para estar en Broadway’. Y mi equipo —normalmente mis agentes y mi manager se enfocan en cine y televisión— no tenía a alguien específico de teatro. Entonces agregaron a alguien que conoce el mundo del teatro en Nueva York. Hablando con ella, me habían ofrecido una obra de teatro y yo dije: ‘Pero es que quiero que mi debut sea un musical’. ¿Qué intensa, Melissa, ¿no?’” dice entre risas.
Subirse al Titanic
El proyecto que finalmente la llevaría a Broadway es Titanique, el musical que reimagina Titanic a través de las canciones de Céline Dion y que esta temporada suma cuatro nominaciones a los premios Tony, incluyendo Mejor Musical.
“Cuando la vi Off-Broadway me encantó, pero no necesariamente me vi a mí ahí. Hay ciertas obras en las que dices: ‘Yo haría ese papel, fácil’. Pero cuando vi esta, ni siquiera me pasó por la cabeza. Dije: ‘Ay, qué padre, esta obra está muy chistosa’, pero nunca pensé que algún día podría hacerla”, admite.
La oportunidad llegó cuando su agente le comentó que estaban buscando el papel de Rose. Aunque la noticia la emocionó, también le provocó inseguridad.
“Cuando mi agente me dijo que estaban audicionando y me preguntó si me interesaría, empecé a apanicar un poco. Dije: ‘¿Será que puedo ser Rose? O sea, véanme’” dice señalándose el pelo. “Pero por eso me encanta el teatro, porque te ponen una peluca y no importa realmente tu etnia. Siempre ha estado pasos más adelante que el cine y la televisión en cuanto a diversidad; lo he visto como un lugar donde dan más oportunidades”.
Finalmente decidida a no dejar pasar esta oportunidad, Melissa rechazó audicionar por Zoom y prefirió viajar a Nueva York para presentarse en persona. Durante días se preparó intensamente, repasó las canciones y se concentró en llegar preparada a una audición que condensaba muchos años de anhelo y disciplina.
“Estuve literal menos de 24 horas, hice la audición y, gracias a Dios, me dieron el papel. Y aquí estoy”, dice emocionada.
Una nueva etapa de vida
Este proyecto ha permitido a Melissa vivir una de las mejores etapas de su carrera; aunque no ha estado exento de retos.
“El teatro en vivo y especialmente el teatro musical, es de lo más difícil que puede hacer un artista; es de atletas de alto rendimiento. No es ninguna broma hacer ocho shows a la semana, cuidarte para poder cantar y poder dar lo mejor de ti todas las noches.
El cuerpo lo siente, lo resiente, y hay que estarse cuidando. Es una disciplina que te obliga a cuidar tu instrumento. Es algo muy diferente a todo lo demás”, asegura.
Además, esta obra incluye escenas que se improvisan CADA noche.
“Cada función es diferente. Marla (Mindelle, quien hace a Celine) es la que decide qué es lo que se va a hacer ese día. Cuando llegamos a ese punto de la obra, yo siempre me pongo nerviosa porque no sé qué va a decir. Y nuestro trabajo es seguirle el cuento, seguirle el rollo y hacer lo mejor que podamos con lo que ella se inventa. Pero es parte del charm de la obra: que todos los días hay algo diferente”, remarca.
Pero más allá del push mental, y físico, esta experiencia también le ha permitido reencontrarse con una comunidad artística con la que comparte una manera particular de entender el arte.
“Hay gente en esta comunidad de teatro que está más despierta al mundo. Ser artista —por lo menos lo que era ser artista, porque creo que se ha diluido mucho en los últimos años o décadas— es ser un reflejo del mundo. Es que te importe el mundo, que te importe lo que está pasando a tu alrededor. Y eso siento de esta comunidad de teatro en Nueva York, que no se siente igual en Los Ángeles, es muy diferente”, considera.
Así, llegar a Broadway no sólo ha significado cumplir un sueño, sino también encontrar un lugar donde se siente acompañada por personas que entienden el mundo de manera similar.
“Me ha dado el regalo de encontrarme con gente que siente igual que yo y que piensa igual que yo. Es muy bonito sentirte en compañía de personas como tú”, enfatiza.
¿Volver al teatro en México?
Por ahora, Melissa continuará en Titanique hasta septiembre, aunque le gustaría que la obra pudiera extenderse aún más.
“Nos extendemos hasta el 20 de septiembre. Y si seguimos así como vamos, igual y pudiera ser más. Ojalá; a mí me encantaría que nunca se acabara, que fuera una de esas obras insignia de Nueva York y durara para siempre, porque creo que tiene ese potencial. Pero bueno, por lo pronto disfruto cada función de aquí al 20 de septiembre”, invita.
Y aunque en este momento su presente está en Nueva York, no descarta volver a pisar los escenarios mexicanos si aparece el proyecto indicado.
“Creo que tendría que ser la obra correcta, con el personaje correcto. Tengo muchos amigos con los que hice teatro en México, que extraño y con los que me encantaría volver a compartir escena con ellos. Así que yo digo que sí”, concluye.
Por Mariana Mijares, Foto: Cortesía imPRint/Jonny Marlow














