A más de una década de su estreno en Nueva York, Asesinato para dos se mantiene vigente alrededor del mundo y, en México, esto en gran parte ha sido por el talento de cuatro intérpretes: Aldo Guerra, Humberto Mont, Iker Madrid y Silvestre Villarruel, quienes alternaron desde el estreno en octubre de 2024 y han tenido la misión de dar vida a 13 personajes, al tiempo que cantan y tocan el piano.

La idea de este montaje surgió hace más de 15 años, cuando Joe Kinosian (responsable de la música y coautor del libreto) y Kellen Blair (letrista y también coautor del libreto) se conocieron en el BMI Lehman Engel Musical Theatre Workshop, un prestigioso taller de Nueva York del que han surgido famosas duplas como Ahrens y Flaherty (Ragtime) y Jeff Marx y Bobby Lopez (Avenue Q), y donde el propio Lopez conoció a Kristen Anderson-Lopez, con quien años después escribiría las canciones de Frozen y Coco.

Esta semana, Blair visitó México para conocer al elenco y estar presente en la última función de la temporada en el Teatro Milán, donde aseguró que Guerra y Mont conforman una de las duplas más talentosas que ha visto alrededor del mundo.

Aquí, parte de nuestra conversación exclusiva con también coautor de la adaptación musical de la película clásica de ciencia ficción It Came from Outer Space, la farsa musical Diane Steals the Show y la comedia musical interactiva Just Between the All of Us.

Una ‘creativa’ cita a ciegas

Kellen Blair formó parte del BMI Lehman Engel Musical Theatre Workshop, uno de los programas de formación más reconocidos para autores de teatro musical en Estados Unidos. Fundado en 1961 por el director de Broadway Lehman Engel, busca desarrollar a nuevas generaciones de compositores, letristas y libretistas, y ha sido reconocido tanto con un Drama Desk Award como con un Tony Honor for Excellence in Theatre.

Fue precisamente ahí donde Blair conoció al compositor y actor Joe Kinosian, con quien terminaría creando Murder for Two. “Es algo así como citas rápidas para compositores y letristas. Es un taller de dos años en Nueva York y cada año entran unos 15 letristas y 15 compositores, y después más o menos los emparejan al azar. Es bastante difícil entrar”, explicó el escritor.

Por el programa también han pasado figuras como Alan Menken (Beauty and the Beast, Little Shop of Horrors, Aladdin), Robert Lopez (Avenue Q, The Book of Mormon, Frozen), Kristen Anderson-Lopez (Frozen), Lynn Ahrens y Stephen Flaherty (Ragtime, Once on This Island).

Precisamente uno de los objetivos del taller es propiciar la colaboración entre compositores y escritores a través de ejercicios y proyectos conjuntos, algo que terminó siendo decisivo para Blair y Kinosian.

“A mí me emocionaba muchísimo formar parte. A Joe y a mí nos emparejaron al azar para escribir una charm song (número musical diseñado para ganarse el afecto del público) para It’s a Wonderful Life. Cuando te emparejan con alguien, se reúnen y empiezan a intercambiar ideas; empezamos a hablar de nuestros intereses, de las cosas que nos gustaban, y descubrimos que coincidíamos en muchísimas cosas. De hecho, fuimos el primer equipo de nuestro año que declaró oficialmente que seríamos compañeros creativos, y a partir de ahí empezamos a escribir juntos”, recordó.

Entre esas coincidencias estaban su gusto por Agatha Christie, las historias de misterio y los Hermanos Marx, influencias que eventualmente terminarían encontrando un lugar dentro de Murder for Two.

“Soy un gran fan de Agatha Christie. Ya sabes, And Then There Were None, Murder on the Orient Express. Y esa fue una de las primeras cosas por las que conecté con Joe: a los dos nos encantaban los misterios de asesinato. Vimos juntos la adaptación cinematográfica de los años 40 And Then There Were None y fue como: ‘Dios mío, tenemos que hacer algo así’”, relató.

De cien actores a solo dos

Si bien la idea inicial de Blair y Kinosian era crear un musical de gran formato, la crisis de 2008 (la peor recesión que había vivido Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial) los hizo replantear todo. En medio de ese panorama, los autores veían cómo las grandes producciones daban paso a propuestas más pequeñas y económicas, por lo que encontraron ahí una oportunidad para crear un musical más sencillo.

“Cuando Joe y yo estábamos pensando en ideas de obras que pudiéramos escribir, la primera que empezamos a desarrollar era este enorme espectáculo de Broadway que habría tenido, ya sabes, un elenco de cien personas y una orquesta enorme. Y entonces empezamos a darnos cuenta, en plena terrible recesión global, cuando la economía estaba fatal, de que todos esos espectáculos grandes estaban siendo sustituidos por obras como The 39 Steps, con cuatro actores, o por shows más sencillos. Pero no había muchos musicales pequeños”, rememoró.

Lo que comenzó como una solución práctica terminó siendo una de las principales virtudes dramáticas de Murder for Two: conforme avanzaban en la escritura, Blair y Kinosian se dieron cuenta de que limitar la historia a dos actores tenía sentido dentro de una trama que, en el fondo, habla de aprender a trabajar con otra persona.

“Conforme fuimos escribiéndola, nos dimos cuenta de que también había una especie de divertida metahistoria entre los dos actores. Dentro de la propia historia, Marcus tiene que aprender que no puede hacer todo solo. Tiene que aceptar a un compañero… Es una obra que habla muchísimo de la colaboración, de aceptar la amistad y de hacer equipo con otra persona. Y temáticamente eso funciona muy bien con solo dos personas”, enfatizó.

El piano, el tercer personaje

Parte de lo que hace que este espectáculo sea tan complejo de montar, y de lo que lo convierte en una experiencia particularmente memorable en vivo, es la cantidad de habilidades que exige de sus intérpretes: actuar, hacer comedia, cantar, cambiar constantemente de personaje y, además, tocar el piano frente al público.

Este instrumento estuvo contemplado desde el nacimiento del proyecto, en buena medida porque Kinosian era no solo compositor y coautor, sino también actor y pianista.

“Cuando estábamos pensando en ideas, una de las cosas que usábamos como filtro era el hecho de que Joe era un gran actor que además tocaba el piano. Teníamos todas estas ideas para shows y, como en el número siete de la lista, estaba: misterio de asesinato en el que Joe interpreta a todos los sospechosos y toca el piano. Así que desde el principio tuvimos en mente que el piano fuera una especie de pieza central del espectáculo. Y durante las primeras lecturas ni siquiera pensábamos que habría escenografía, utilería o vestuario”, detalló.

En las primeras versiones, únicamente el actor encargado de los sospechosos tocaba el instrumento, algo que terminó resultando desequilibrado. La solución fue entonces convertir el piano en un elemento compartido por ambos protagonistas.

“El momento en el que la obra realmente empezó a tomar forma fue cuando decidimos que los dos personajes tenían que tocar el piano. Creo que es esa especie de baile… sí, esa especie de baile alrededor del piano entre los dos”, explicó.

La dificultad técnica, sin embargo, no es un elemento accesorio. Blair contó que desde el inicio pensaron Murder for Two como una exhibición de virtuosismo.

“Desde el principio desarrollamos esta obra como una especie de escaparate para el virtuosismo. Queríamos que se sintiera como si estuvieras presenciando una hazaña. Y en realidad solo nos interesa hacer teatro que únicamente pueda existir como teatro. En cada obra que escribimos queremos que haya algo que te haga pensar: ‘Ah, esto nunca podría ser una película. Nunca podría ser un libro. Todo el punto es que estás viendo actores hacer estas cosas increíbles en vivo’, remarcó.

México, una nueva vida para la obra

Luego de que la obra se presentara en múltiples países y fuera traducida a siete idiomas, la versión mexicana contó con un elenco rotativo que incluyó a Iker Madrid y Silvestre Villarruel. Durante su visita, Blair tuvo oportunidad de conocer a Aldo Guerra y Humberto Mont, por lo que no dudó en elogiar su virtuosismo.

“A veces escuchas cosas como: ‘La obra se va a presentar en México’, pero no parece real. Pero entonces vienes realmente al lugar, conoces a los productores, a los actores, la ves y piensas: ‘Ah, claro. Esto realmente está pasando’”, compartió. “A estas alturas ya han pasado más de diez años desde que estuvo en Nueva York. Así que darte cuenta de que sigue siendo fresca, y de que sigue entreteniendo al público en otros lugares, realmente hace que todo haya valido la pena”.

El autor, que durante su primera visita a la Ciudad de México tuvo la oportunidad de conocer Teotihuacán, el Museo Frida Kahlo y recorrer el Centro Histórico, destacó también que la obra cambia mucho según el país donde se presenta.

“He tenido la suerte de verla en Japón, China e Inglaterra. Más adelante este año voy a verla en Italia. Se ha presentado en otros países, pero llegó un momento en el que pensé: ‘No puedo seguir viajando a todas. Tengo una familia que atender’, bromeó.

En cada país, pudo notar cómo se le daba su propia interpretación. “En Japón, por ejemplo, para empezar, la traducción es una parte fascinante del proceso porque no puedes traducir simplemente palabra por palabra. Si hay una referencia cultural que no tiene sentido, parte del trabajo de traducción consiste en preguntarse: ¿Cuál sería una referencia cultural equivalente? Simplemente tienes que confiar en que esa es una referencia cultural que tiene sentido para ellos. Así que una gran parte del proceso consiste en soltar, en dejar que la obra adquiera su propia vida dentro de culturas diferentes. Ha sido muy divertido verlo”, añadió.

También descubrió que el tono de ciertas escenas podía percibirse de manera muy distinta según el país.

“En las producciones asiáticas que he visto, una de las cosas que me sorprendió fue que hubo ciertos momentos que se tomaron mucho más en serio. Momentos que para nosotros eran simplemente absurdos, caóticos y disparatados, ellos casi los trataban de una forma muy poética, muy lenta y seria. Y fue interesante ver eso: las partes que ellos consideraban graciosas o serias no siempre eran las mismas que nosotros teníamos en mente”, observó.

Incluso la reacción ante la resolución del misterio puede ser muy distinta dependiendo del público.

“Definitivamente en Japón y China noté que el público se quedaba impactado cuando se revelaba quién era el asesino, mientras que en Estados Unidos muchas veces se ríen. Definitivamente las reacciones han sido diferentes. Aunque siempre ha habido risas. Sigue siendo una comedia, y eso ha sido estupendo”, añadió.

Finalmente, el autor espera que la obra pueda regresar más adelante y que más gente en México tenga oportunidad de verla.

“Solamente estoy rezando para que Aldo y Humberto no se vuelvan tan ricos y famosos que ya no tengan tiempo para Asesinato para dos… Aunque apenas los conocí hace un par de noches, me di cuenta inmediatamente, simplemente cenando con ellos, de lo divertidos que son, de lo encantadores y de cómo, cuando están hablando, simplemente no puedes quitarles los ojos de encima. Ahora, al verlos ensayar, siento que cada vez que veo una producción normalmente pasa una de dos cosas: o los actores son muy divertidos pero no son músicos perfectos, o son grandes músicos pero no son tan graciosos. Y desde el inicio pude darme cuenta de que ellos tienen uno de los mejores equilibrios entre ambas cosas que he visto. Así que tienen que venir a ver a estos actores haciendo la obra”, concluyó.

Datos curiosos:

  • La primera versión de Murder for Two estaba pensada casi sin escenografía. En las primeras lecturas, Blair y Kinosian concebían solo a los dos actores moviéndose alrededor del piano durante toda la obra.
  • Encontrar intérpretes capaces de hacer la obra no era fácil. Blair bromeó con que sentía que “cada ciudad tiene como una sola persona” capaz de actuar, hacer comedia y tocar el piano al nivel que exigía este montaje.
  • A Blair le gustaba que hubiera errores en escena. Contó que cuando un actor tocaba una nota equivocada, el público recordaba de golpe que todo estaba ocurriendo en vivo, y eso hacía que la obra resultara todavía más emocionante.
  • Entre más trágica volvían a Dahlia, más graciosa resultaba. Durante la escritura, los autores descubrieron que profundizar en su relación fallida y sus frustraciones hacía que el público se riera más con ella, no menos.
  • La comedia siempre estuvo por encima del misterio. Aunque recibieron notas para agregar más pistas y hacer más seria la investigación, Blair enfatizó que su prioridad fue siempre conseguir que el público se riera y disfrutara la función.
  • Los Hermanos Marx estaban escondidos dentro de la obra. Parte de la manera de tocar el piano en Murder for Two funcionaba como homenaje a Chico Marx.
  • El personaje Marcus se llamó así por un amigo real. El Marcus original era justamente un amigo de los autores, así que de ahí surgió el nombre del personaje.
  • Al principio imaginaban que la obra tendría una vida mucho más modesta. Blair y Kinosian creían que Joe y su amigo Marcus la presentarían cada ciertos meses en pequeños espacios de cabaret de Nueva York. Nunca imaginaron su expansión internacional.
  • En Inglaterra cambiaron la estructura de la obra. Aunque este montaje fue escrito sin intermedio, el público británico quería uno, así que la producción terminó dividiéndolo en dos actos.
  • La producción mexicana lo sorprendió antes de que viera la función. Al observar los ensayos, notó recursos como la pantalla sobre el piano y una propuesta de sombras para “Waiting in the Dark” que nunca había visto en otras versiones.

Por Mariana Mijares, Foto: Cortesía producción