“Durante cincuenta años he servido a la televisión, pero también me he servido de ella. Si para agotar las mil representaciones que ofrecí de La Celestina tenía que hacer tal o cual telenovela, para que el público fuera a ver “a la de la tele”, lo hacía siempre con gusto”, dejó consignado en sus memorias la legendaria actriz Ofelia Guilmáin. De incuestionable raíz teatral, La Guilmáin fue primero una estrella de las tablas y posteriormente se convirtió en una estrella de la televisión y, a juzgar por su sentencia, le tocó vivir esa época en la que el público asistía a los teatros para ver a los actores que ubicaba no por estar toda la vida sobre el escenario, sino por aparecer como protagonista o antagonista de una telenovela.

Actualmente, son diversos y distintos los casos de esos actores que el público reconoce gracias a la televisión – o al streaming – y que acude a ver al teatro.

En estos días, sobre el escenario de La Teatrería, la actriz Itatí Cantoral personifica a Helena de Troya en el monólogo del español Miguel del Arco, Juicio a una zorra, bajo la dirección de Alonso Íñiguez. Allí, a través de una dramaturgia contemporánea, la actriz deconstruye el mito griego y le da voz a una mujer que enfrenta con argumentos propios del mundo actual a quienes durante siglos la han señalado como la responsable, nada más y nada menos, de la Guerra de Troya.

La actriz encara a su personaje y se planta con él frente al público que llena la pequeña sala en la Colonia Roma. No está en un foro de gran formato, como podría pensarse, ni estelariza una comedia ligera para complacer a sus fans. Una vez más, la actriz interpreta un personaje que la reta y la confronta y la pone en un lugar distinto al que ha tenido de manera visible a lo largo de su trayectoria: el de estrella de telenovelas, el de ícono televisivo gracias a su personaje de la perversa Soraya Montenegro, la archienemiga de María la del barrio – que a treinta años de su transmisión, sigue siendo referente para las nuevas generaciones gracias a numerosos reels, memes, gifs y stickers –.

Al contrario del encasillamiento como villana siniestra o heroína sufrida que tuvo durante varios años, Cantoral ha participado en proyectos teatrales que se alejan bastante del prototipo televisivo: interpretó a la mismísima Blanche DuBois en Tennessee en cuerpo y alma de Ximena Escalante, bajo la dirección de Francisco Franco, estelarizó Sola en la oscuridad de Frederik Knott dirigida por Enrique Singer y Testosterona de Sabina Berman con dirección de Ana Francis Mor; también formó parte del atractivo ensamble de Julio César de William Shakespeare que dirigió Claudia Ríos. Eso sí, su fama fue aprovechada para que encabezara el reparto del musical Cabaret en el montaje de 2004 y en el montaje más reciente de la obra en 2024. Además, ha encabezado las versiones teatrales de Miseria (Misery) y Atracción fatal.

Con Juicio a una zorra, Itatí demuestra su constante interés por ir más allá del estereotipo de la actriz que enunció la frase más famosa de las telenovelas mexicanas – sí: “¡Maldita lisiada”! – y estar involucrada en proyectos de calidad notable.

Otro tipo de fama y cómo la aprovecha el teatro es la que tienen los miembros del elenco de Lagunilla mi barrio, una comedia popular que a partir de la adaptación al escenario de la emblemática película de Raúl Araiza luce a figuras bien ubicadas por sus apariciones en la televisión, lo cual garantiza la taquilla: Maribel Guardia, Ariel Miramontes – quien participa con su célebre personaje “Albertano” –, Niurka, Lisardo y Eduardo España.

Otra garantía de taquilla es la que ofrece la reunión en escena de Adal Ramones, Arath de la Torre, Freddy y Germán Ortega – Los Mascabrothers –, y María Elena Saldaña -y anteriormente Adrián Uribe, Omar Chaparro y Susana Zabaleta– en la comedia musical Spamalot de John Du Prez y Eric Idle. Curiosamente, al contrario de lo que se podría esperar al ver estos nombres, se trata de un ensamble que interpreta la versión teatral de una de las películas clásicas del humor británico, del legendario sexteto humorístico Monty Python. El sello característico del humor de Los Mascabrothers, cede ante las bromas propuestas por los maestros del humor inglés, y convive con ellas.

Igualmente famoso por su trabajo como galán y villano de telenovelas es Jorge Salinas, quien ya ha escenificado textos de probada calidad como Variaciones enigmáticas del prestigiado dramaturgo francés Eric-Emmanuel Schmitt, junto a César Évora y fue elegido para suceder a Daniel Giménez Cacho en la reposición de temporada de Network de Lee Hall en el Teatro Insurgentes.

Actualmente, en un formato ampliamente comercial estelariza La obscenidad de la carne, escrita y dirigida por Esteban Román, acompañado por las actrices Elizabeth Álvarez y Sugey Ábrego – quien en 2023, bajo la dirección de Hugo Arrevillaga, protagonizó Tengamos el sexo en paz – y el actor Horacio Pancheri, ubicados por su trabajo televisivo. Aunado a la fama de su elenco, la obra explota el tema de las fantasías y los juegos sexuales entre matrimonios, con lo cual allana el camino para que el público “se atreva” a ocupar una butaca de esta producción.

De distintas maneras, obras que en los últimos meses han poblado la Cartelera de Teatro, han aprovechado la fama de sus cabezas de reparto. No es igual el cartel de Perfume de gardenia que anuncia a un rostro por demás familiar para el gran público como Aracely Arámbula, que Chantal Andere al frente del elenco de La tiendita de los horrores, que la presencia de Arap Bethke – quien viene de una serie de recientes éxitos televisivos – en Siete veces adiós que Mario Bezares y Arath de la Torre estelarizando La Señora Presidenta, tras su paso por La Casa de los Famosos, que Angélica Aragón y Victoria Ruffo – dos actrices sumamente distintas – encabezando Las leonas, que Marina de Tavira – una actriz de extracción teatral con reconocimiento internacional gracias a su nominación al Premio Oscar – anunciada como Blanche DuBois en Un tranvía llamado Deseo.

Quizá uno de los casos más interesantes de alguien famoso participando en el teatro es el reciente estreno de la cantautora chilena Mon Laferte interpretando a Sally Bowles en el musical Cabaret de John Kander y Fred Ebb. No es actriz, no había hecho musicales, pero a juzgar por los videos que consignan su interpretación, parece que Sally, a quien han interpretado Itatí Cantoral, Tiaré Scanda, Chantal Andere, Kika Edgar, Ilse Salas y Cassandra Sánchez Navarro, ha encontrado su voz más genuina – a pesar de una traducción de canciones no siempre justa – en esta artista latinoamericana que ha llenado auditorios y estadios en México y otras partes del mundo.

Sí, como decía Ofelia Guilmain, para que el público vaya al teatro es necesario convencerlo a través de la televisión, que suceda. Siempre y cuando en el teatro encontremos, si no la extraordinaria Celestina que hizo la Guilmáin, sí una propuesta de calidad, que apele a la inteligencia y sensibilidad del público. Si no, mejor quedarnos a ver a los famosos en la tele.

Por Enrique Saavedra