Si aún no te has atrevido a entrar al universo inquietante, irónico y profundamente humano de Samuel Beckett, agosto es tu oportunidad perfecta, ya que el Centro Nacional de las Artes (Cenart) rinde homenaje a uno de los grandes dramaturgos del siglo XX con un ciclo teatral que nos invita a mirar de frente el absurdo de la existencia… y tal vez, a reírnos un poco en el camino.
Bajo la dirección de José Luis Cruz, tres montajes pondrán en escena lo mejor del pensamiento crudo, crítico y ácido del autor irlandés: Esperando a Godot, Final de partida y Tributo a Beckett, una fusión que cierra el ciclo con una mirada contemporánea. Las funciones se llevarán a cabo en el Foro de las Artes del 7 al 29 de agosto.
Una cita con el vacío… y con la risa
Esperando a Godot inaugura el ciclo del 7 al 10 de agosto. En ella, dos personajes vulnerables matan el tiempo entre juegos y conversaciones mientras esperan a un tal Godot, que nunca llega. ¿Es una metáfora del paso del tiempo? ¿Del sinsentido de la vida? ¿De la espera eterna que todos conocemos? Beckett nos lanza estas preguntas como un espejo en el que, aunque queramos, no podemos dejar de mirarnos.
Del 14 al 17 de agosto, llega Final de partida, una pieza escrita en 1957 que empuja los límites del teatro tradicional. Con personajes encerrados en un mundo en ruinas —un anciano ciego, su sirviente incapaz de sentarse, y dos padres sin piernas metidos en botes de basura—, la obra se convierte en una sinfonía amarga sobre la dependencia, la decadencia y la espera eterna por un final que no llega. Trágica y poética, es también una de las obras más influyentes del llamado teatro del absurdo.
Beckett hoy: redes sociales, delirio y existencia vacía
Como cierre, del 21 al 29 de agosto se presenta Tributo a Beckett, una puesta en escena que combina lo esencial de Godot y Final de partida, pero con una lectura actual. José Luis Cruz propone un diálogo entre el vacío existencial que atraviesa las obras del autor y el de nuestra vida contemporánea, saturada de pantallas, redes sociales y una necesidad constante de validación. En esta versión, el humor oscuro y la desesperanza becketiana se cruzan con los dilemas del presente: la soledad, la deshumanización y el sinsentido amplificado por la tecnología.
El homenaje también destaca por su elenco, integrado por actores de gran trayectoria, capaces de encarnar esas “farsas trágicas” que exigen profundidad, madurez y sensibilidad. Porque para habitar a Beckett, hay que haber mirado de cerca el paso del tiempo… y haberle devuelto una carcajada amarga.
En un mundo que va demasiado rápido, Beckett nos invita a detenernos… y a esperar, aunque no sepamos exactamente qué. Tal vez eso sea lo más humano de todo, lánzate a disfrutar de este ciclo al Cenart, para más información da clic aquí.
Por Itaí Cruz, Fotos: Secretaría de Cultura
















Hay homenajes que mejor no rendirlos.