Por Mariana Mijares/ Desde que tenía cinco años Jeff soñaba con ser actor, pero esto no fue casualidad, sino un deseo que empezó a forjarse luego de presenciar una función de teatro infantil. Aquel momento lo marcó de manera que de adulto decide unirse a una compañía que recorrerá el país contando cuentos a niños, bajo una ambiciosa meta: lograr 186 funciones sin cancelaciones.

La manera en la que inicia esta historia con inspiraciones biográficas de Jeff Leard que originalmente tenía lugar en Canadá —pero ahora se adapta al contexto mexicano —, inicia justo en un teatro, donde el público está por presenciar un espectáculo. No obstante, ante algunos retrasos técnicos, uno de los actores: Jeff (Marcos Radosh), sale a ofrecer una disculpa… y aprovecha para anunciar que intentará entretenerlos mientras tanto.

Esta circunstancia se convierte entonces en la puerta de entrada a un entrañable recuento de su experiencia llevando cuentos; un recorrido de múltiples ubicaciones, varios retos y diversos personajes; pero todos, interpretados con notable versatilidad por Radosh.

Esta producción que estrenara en 2022 en La Capilla, se ha mejorado y aumentado para una nueva versión en el Foro Lucerna. Hay más espacio, una escenografía más vistosa y otros cues de iluminación; no obstante, Marcos sigue siendo el foco y quien ilumina todo el escenario.

Vestido solo con un pantalón casual y una playera que dice “too old for luck” (una frase que, de cierta manera, funciona como analogía de cómo todos debemos forjar nuestro propio destino) el actor nominado al ACPT por su rol de la Muerte en El Hilador tiene la habilidad de transformarse por completo únicamente con props tan sencillos como un pedazo de tela.

Este elemento en particular se utiliza para marcar la diferencia entre los tres actores de la compañía itinerante: Jeff (que usa la tela como una especie de corbatín), Amanda ‘Mandy’ (que la incorpora en su tocado) y el viejo Murphy (para quien la convierte en una barba). Con movimientos rápidos de esta tela y, sobre todo, con un sorprendente registro actoral, Marcos demuestra su enorme capacidad para dar vida a estos, y muchos otros, personajes.

Y es que además de presenciar las divertidas interacciones de Jeff, Mandy y el anciano Murphy, también veremos a los protagonistas del cuento de Rumpelstiltskin: desde el duende hasta la reina, a quien se le agregan rasgos españoles que la vuelven aún más hilarante.

El talento camaleónico de Radosh se complementa con el timing cómico que lo ha hecho famoso en proyectos como Las Mamás Presentan; no solo gracias a las hilarantes situaciones que plantea el autor (y a la adaptación que hizo el propio actor mexicano), sino también a la aparición de personajes inesperados, como una divertida sátira del famoso pintor Bob Ross.

Las situaciones que se van dando en el road trip también provocan las risas; como ejemplos, un incidente en el que una niña se hace pipí (pero se culpa a un niño al que empiezan a apodar ‘Hermion’), o una visita a una fondita rural en la que se va la luz y ocurren cosas inesperadas.

La escenografía de Eduardo Soto (también responsable de la Dirección, Producción y Música) es sencilla pero efectiva. Se compone principalmente del teatro de cartón con el que viajan los personajes, coronada con el nombre del cuento: Rumpelstiltskin, o un pequeño marco que nos transporta a la combi viejita en la que se trasladan los tres actores. A esto se suman elementos de utilería que permiten construir escenas completas, como una que representa el vuelo de una parvada de pájaros.

Ese mismo lenguaje visual que propone Soto se potencia en uno de los ‘cuadros’ más emotivos de la obra: al ritmo de una tranquila melodía, Jeff atraviesa paisajes en la camioneta; quizás reflexionando sobre cómo este no es solo un viaje de trabajo, sino un viaje de vida.

Casi al final de la obra, el tono cambia para plantear una situación delicada que no solo remueve al protagonista, sino seguramente a la audiencia. En definitiva, otro elemento que suma para hacer El Show que debe continuar aún más entrañable.

La historia de un actor que está en un lugar donde nunca imaginó, pero que intenta ver el lado positivo, puede llevarnos a recordar aquello que soñábamos hacer… y preguntarnos si lo estamos haciendo. Porque más allá de conseguir un trabajo remunerado, nuestras decisiones (a veces tan significativas como hacer teatro para audiencias infantiles) realmente pueden hacer una diferencia que deje huella…

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Fotos: Cortesía Marcos Radosh