Por Mariana Mijares/ Al entrar al Teatro Insurgentes, el público se encuentra con una escena familiar y, a la vez, mágica: el recinto ha sido transformado en un teatro del siglo XIX, con cortinajes, detalles dorados y un monumental telón de espejo.
Tras la tercera llamada, los inconfundibles primeros acordes, dominados por el retumbar del órgano que parece ascender desde las entrañas del teatro, inundan la sala. Esta característica melodía es la señal infalible de que El Fantasma de la Ópera ha vuelto a los escenarios mexicanos.
Creada por Andrew Lloyd Webber, con letras de Charles Hart y Richard Stilgoe, e inspirada en la novela Le Fantôme de l’Opéra de Gaston Leroux publicada en 1910, esta historia sigue a una misteriosa figura enmascarada que habita los sótanos de la Ópera de París y se obsesiona con una joven soprano, Christine Daaé, a quien está decidido en convertir en estrella.
El montaje mexicano cuenta con la dirección y el diseño de escenografía de Federico Bellone, el mismo director responsable de la exitosa versión europea (la primera autorizada por el propio Lloyd Webber, pensada para adaptarse a diferentes escenarios internacionales), reconocida por combinar la obra original con tecnología de vanguardia en efectos especiales, sonido y escenografía.
Esta producción, una colaboración entre OCESA, Morris Gilbert, Claudio Carrera y LETSGO Company, en asociación con Alfonso J. González y María Elena Galindo, y Dirección Residente de Gabriela Aldaz Perroni cuenta con un equipo artístico internacional y un elenco mexicano de primer nivel.
La dirección musical está a cargo de José Skertchly, mientras que la supervisión musical en México corre por cuenta de Isaac Saúl, compositor y director con una destacada trayectoria en el teatro musical nacional (Rent, Los Miserables, Wicked, Aladdín), reconocido por haber participado como solista en su Concierto para piano y orquesta con la Orquesta Sinfónica de Minería y en proyectos de Disney.
El montaje conserva la escala del original: la versión europea movilizaba una compañía de más de 90 integrantes, seis tráilers de transporte y un escenario giratorio de 400 kilos capaz de reproducir los grandes efectos del West End. En México, esa misma ambición técnica se mantiene, combinando precisión y espectacularidad.
La historia nos transporta a la Ópera de París a finales del siglo XIX, donde una compañía ensaya una nueva producción mientras un misterioso personaje enmascarado se oculta en los sótanos. Desde ese primer cuadro, un gran ensamble de alrededor de veinte intérpretes demuestra precisión y energía, anticipando la espectacularidad que definirá el resto del montaje.
Lina de la Peña en el papel de Christine Daaé, destaca como una de las coristas de esta compañía. Daaé es una huérfana que pasa desapercibida hasta que una voz misteriosa —que ella cree ha sido enviada por su difunto padre— la impulsa al centro del escenario. Al igual que en la trama, es durante el número “Piensa en mí” (Think of Me) que Lina de la Peña brilla con una interpretación llena de dulzura e inocencia, pero también con el poder vocal de una protagonista que irá transformándose a lo largo del montaje.
Una de las mayores sorpresas de esta producción originada en Milán, Italia, en 2023 y que también se presentó en la Ópera de Montecarlo y en España, es su escenografía: de un lado muestra el frente de un teatro (tal como lo vería la audiencia) y, al girar 360 grados, revela lo que hay detrás: las bambalinas.
Ese cambio de perspectiva resulta impactante desde los primeros minutos, pues el público presencia un teatro dentro de otro teatro cobrando vida. El efecto es inmediato: el espectador se siente dentro del propio edificio de la ópera, testigo de sus secretos y del fantasma que lo habita.
Luego de que Christine comienza a escuchar a su “Ángel de la Música”, llega uno de los momentos más hipnóticos —y el que da título al montaje—: “El fantasma de la ópera” (The Phantom of the Opera), en el que la protagonista es seducida por la voz del enigmático personaje y conducida a través de un subterráneo lleno de túneles, humo y espejos. La escena que incluye un bote deslizándose entre luces y neblina, mantiene intacta la magia del original y se acentúa con efectos de agua, fuego y reflejos que logran un realismo casi cinematográfico.
Edward Salles, en el papel del Fantasma, da vida a este genio brillante y torturado que busca amor y redención en la figura de Christine. Su interpretación de “La música de la noche” (The Music of the Night) es uno de sus momentos más lucidores del montaje.
El primer acto llega a su fin con “No pido nada más” (All I Ask of You), el dúo entre Christine y Raoul, interpretado por Luis Anduaga, actor destacado de Préndeme que aquí aporta calidez y romanticismo.
El montaje se fortalece con un elenco secundario que incluye a Cristina Nakad como Carlotta; a Jonathan Rubén en el papel de Piangi; Emily Valdés como Meg Giry, que aporta frescura y energía juvenil; mientras que Alicia Paola dota de autoridad y misterio a Madame Giry, la enigmática guardiana de los secretos del teatro. El relief cómico recae en Monsieur André y Monsieur Firmin, interpretados por Beto Torres y Andrés Pichardo, quienes aportan ligereza a los momentos de tensión.
Al inicio del segundo acto, la energía y el colorido de “Festival” (Masquerade) llenan el escenario entre máscaras y capas tornasoladas. El vestuario, diseñado por la italiana Chiara Donato (ganadora del Premio Vittorio Gassman y del Premio del Público Broadway World Spain), con la coordinación para México de Estela Fagoaga, es una de las joyas del montaje. Sus telas, corsés y trajes de época evocan la opulencia del París decimonónico con una gran variedad de colores y texturas, mientras que los efectos especiales de Paolo Carta aportan momentos de auténtica magia teatral.
Tras recibir instrucciones y amenazas del Fantasma, la compañía cambia de producción y presenta Don Juan Triunfante, una ópera dentro de la ópera que revela el lado más sensual de Christine, donde ella vuelve a ser atraída por su oscuro mentor.
El triángulo amoroso alcanza su clímax en “El umbral final” (The Point of No Return), cuando De la Peña se luce encarnando a una mujer dividida entre la razón y el deseo, entre el amor y la compasión. Si bien la iluminación difuminada resta algo de fuerza a esta escena, la intensidad emocional se mantiene y prepara el terreno para el icónico desenlace, cargado de tensión y melancolía.
Esta nueva versión no solo rinde homenaje a la obra original, sino que celebra la fuerza del talento mexicano para reinventarla con nuevos matices. Los ajustes en atmósfera, escenografía y enfoque visual aportan frescura sin traicionar su espíritu. Así, El Fantasma de la Ópera logra que el público salga del teatro con la sensación de haber presenciado —y escuchado— un clásico renacido bajo una nueva luz.
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Fotos: Cartelera de Teatro














