Por Roberto Sosa/ Dentro del aeropuerto un autor espera su vuelo, no ha podido escribir nada en mucho tiempo, necesita un lugar apartado, lejos, donde vuelva a encontrar inspiración para escribir su libro. El avión lo traslada al Perú, el sitio elegido es la selva amazónica; sólo, en la austeridad de un cuarto de hotel, evoca a sus padres ya fallecidos. A su papá lo perdió cuando era adolescente; su madre murió durante la pandemia por el Covid-19.

En soledad y orfandad realiza otro viaje, hacia su interior, allí donde los recuerdos latentes lo llevan a su infancia y adolescencia, a encontrarse consigo mismo cuando sus padres aún vivían. Una iguana aparece en la habitación, la sigue con la luz de su linterna, afuera el vuelo de un cóndor cruza la cordillera; la introspección es en las majestuosas montañas donde viven lobos y felinos.

La dramaturgia, dirección y actuación son de Erick Israel Consuelo, con dirección adjunta de Valeria Fabbri. Consuelo escribe el biodrama, un monólogo como ejercicio de sanación, concepto que él llama Teatro Espíritu: Teatro Medicina. El texto lo construye con la presencia onírica de sus padres muertos, desde el dolor que evoca al extrañar decir papá…mamá. Su dramaturgia como actor y escritor es una muestra de su capacidad creativa.

Con el acompañamiento de Valeria en la dirección, la actuación de Erick es sobresaliente, su trabajo está lleno de matices, análogo con su escritura. Los dos comparten sensibilidad creativa que reflejan en la obra. Consuelo se abre emocionalmente para interpretar desde sus entrañas el cúmulo de sensaciones que guarda su memoria, donde residen los recuerdos, donde se encuentran sus seres queridos; trae al escenario el tiempo pretérito para hablar con su padre y madre.

Un elemento esencial en el montaje es la multimedia, es un personaje más que se adhiere al relato logrando crear una estética alucinada y soñadora a la puesta en escena. El diseño (Yoatzin Balbuena) fue creado para tomar al espectador y llevarlo junto con el protagonista a un periplo por la selva y las montañas; a un momento íntimo para iniciar un ritual ancestral que lo conecta con su espíritu.

El AmareSer o El Canto de la Selva es un monólogo con el protagonista en la soledad y oscuridad del escenario, arrumbado en un rincón con el alma atravesada por la pena y los recuerdos. Sin embargo él sabe que hablar frente al espectador lo sana, el teatro sana espiritual y emocionalmente, y este es un ejemplo. La catarsis que vive en cada función le limpia el alma. La comunión que logra con el público en conmovedora.

El relato conecta con el espectador que ha perdido a su papá o mamá, hará suya la historia y viajará seguramente hacia su interior a buscar el sitio donde se pueda comunicar con quienes ya no están, y en una catarsis emancipar sentimientos guardados, liberar el dolor emocional; en esta representación encontrará la forma de hacerlo. El teatro sana, no tengo la menor duda.

Diseño sonoro y ejecución sonora en vivo, Alberto Palavicini; iluminación y espacio escénico, Tenoch Olivares. Música medicina y canto selvático, Azul Barrientos (USA-MEX), Shine Herrera (MEX) y Herbert Quinteros (PERÚ). Producción, Erick Israel Consuelo. Tierra de en Medio.

Para conocer más información de El AmareSer o El Canto de la Selva, da clic aquí

Fotos: Roberto Sosa