Por Mariana Mijares/ Una relación de pareja es un conjunto de momentos, ‘destellos’ que la construyen; como lo vemos en Julio y Carlos, a quienes conocemos a través de una serie de instantes que se entrelazan entre el presente y el pasado.

En una de esas primeras ‘luces’, esta pareja interpretada por Pablo Perroni y Alejandro Oliva se conoce en una aplicación en línea. De entrada, ninguno parece tener expectativas, aunque poco después Julio es claro sobre cómo cree que sucederán las cosas; por ejemplo, el número exacto de citas antes de que intimen. Para su sorpresa, Carlos piensa similar, y así, simplemente dejándose llevar, cita a cita, momento a momento, se permiten sentir, hasta que finalmente se enamoran.

Julio y Carlos no podrían ser más distintos; tanto en físico como en personalidad. Julio, interpretado por Pablo Perroni, es un hombre maduro, atractivo, y de apariencia llamativa: cuerpo trabajado, barba perfectamente delineada y seguridad al moverse. Carlos es más alto, algunos años menor y con una energía desbordante; un artista de retratos que tiene ganas de comerse tanto al mundo, como a los sujetos que retrata en sus lienzos.

A pesar de sus diferencias, ellos logran complementarse, y aunque Julio preferiría pasar noches más tranquilas, y a solas, permite que Carlos siga explorando, descubriendo, viviendo; lo que deja claro que su relación es abierta.

Movido por su naturaleza inquieta y social, Carlos insiste en que asistan al cumpleaños de un amigo suyo. Pero es lunes, y Julio prefiere descansar. La conversación -aparentemente trivial-sobre este posible plan: arreglarse, prepararse para salir, intentar convencer al otro, se convierte en una suerte de leitmotiv que se repite en distintos momentos de la obra, marcando el lunes en que todo cambiará para siempre.

La obra original: Remembrance Monday de Michael Batten estuvo dirigida por Alan Souza y se estrenó Seven Dials Playhouse en 2024. Solo un año después, la obra llega a la ciudad de México producida por Pablo Perroni y dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui, quien motiva a los actores a habitar las distintas emociones que atraviesan sus personajes, entregando ‘destellos’, o matices, que los definen y humanizan.

Perroni entrega un Julio profundamente sensible: alguien que no teme a mostrarse vulnerable, expresar lo que siente o hablar de lo que le duele. Es alguien que encuentra placer en el contacto, en las caricias, en los gestos de afecto físico; justamente, uno de los lenguajes en que más conecta con Carlos. Oliva, por su parte, da vida a un personaje que aún no alcanza cierta madurez emocional, o tal vez quien simplemente no ha vivido lo suficiente para ver el mundo con el mismo grado de dureza y realismo que su pareja.

La escenografía -diseñada también por Sánchez Amunátegui-, nos transporta al departamento que comparten los protagonistas, un espacio sencillo e íntimo en el que destaca un elemento central: una tina. Más que solo un objeto, la tina se convierte en testigo de su relación; un escenario donde emergen los destellos de pasión, de ternura, de confesiones profundas… y ultimadamente, de melancolía.

Porque, sin revelar el giro inesperado en la trama (sería un tremendo spoiler), basta con recalcar que más allá de ser una obra sobre una pareja gay, la historia emocional escrita por Batten resulta dolorosamente vigente en el presente, un momento en que los derechos LGBTQ+ vuelven a enfrentar discursos de intolerancia y decisiones políticas que buscan borrar avances conseguidos con esfuerzo. Un tiempo en el que también la comunidad trans necesita más apoyo que nunca -para no regresar 50 años en el tiempo-, a un pasado de invisibilidad. Porque más allá de las agendas, o de quienes ocupan el poder, el acto de construir comunidad sigue siendo nuestra responsabilidad.

No se trata solo de ser “tolerantes”, sino de convertirnos en verdaderos aliados: de entender, de una vez por todas, que todos tenemos derecho a ser distintos. Que hay que dejar al otro ser, y amar, a su manera; porque ultimadamente -y como sucede en esta obra- el amor seguirá siendo ese ‘destello’ capaz de iluminarnos, incluso en los tiempos más oscuros…

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