Si sientes que el algoritmo te respira en la nuca o que el mundo se va al despeñadero, mientras solo buscas un bolero y un abrazo, estas tres propuestas, sin duda, te brindarán un momento existencial favorito. Entre viajes en el tiempo para salvar un ex amor, lugares hipnotizados por juguetes tecnológicos y jóvenes que prefieren el silencio absoluto antes que seguir siendo “humanos”, estas obras demuestran que el futuro ya nos alcanzó.
Si buscas teatro que incomode, divierta y deje pensando mucho después del aplauso, aquí hay tres opciones que valen el clic:
Nosotros íbamos a cambiar el mundo
De José Emilio Hernández
¿Quién no ha querido viajar al pasado para cambiar algo? Esta no es la típica historia de ciencia ficción con naves espaciales, sino una “ciencia ficción a la mexicana“ donde conviven las Chivas, la ZIA (sí, con Z) y Jean-Paul Sartre. A través de una aventura demencial que nos lleva de una fonda de comida china a Bucarest, la obra utiliza la nostalgia como motor para preguntarnos si salvar al mundo es más importante que salvar nuestro propio corazón. Es un viaje emocional, divertido y profundamente honesto sobre el tiempo que se nos escapa.
Humanos no
De Luis Eduardo Yee
¿Y si la solución a todo el caos fuera, simplemente, dejar de ser humanos? Aquí, cinco jóvenes deciden emprender un viaje radical: renunciar a la palabra para eventualmente dejar de pensar, convencidos de que el pensamiento es “una sofisticada forma de cáncer” que nos ha convertido en depredadores. A pesar de su premisa oscura, la obra destila una esperanza luminosa sobre los vínculos reales, lo colectivo y la belleza que aún sobrevive en los escombros de la modernidad.
El mar es un pixel
De David Gaitán
¿Somos dueños de nuestras decisiones o simples títeres de un algoritmo? Esta ingeniosa propuesta, escrita en verso con métrica, nos lanza un dardo cargado de ácido sobre la cultura de la cancelación, la obsesión por los likes y el privilegio. El relato muestra a una aldea trastornada por la llegada de un “juguete” tecnológico que revela verdades que nadie quería escuchar. Se trata de un espejo incómodo pero hilarante sobre cuán ridículos podemos ser en nuestra búsqueda de aprobación digital.
No dejes que te lo cuente una IA, ¡Vívelo en carne y hueso antes de que decidamos dejar de ser humanos!
Por Itaí Cruz














