Hace ya casi cuatro décadas que el telón se alzó por primera vez para la obra que transformó al teatro musical moderno: The Phantom of the Opera (1986), con música de Andrew Lloyd Webber, letras de Charles Hart y aportes líricos de Richard Stilgoe, y libreto de Lloyd Webber y Stilgoe. Esta producción es mucho más que un éxito de taquilla: es un fenómeno global que aúna música, espectáculo, teatralidad y una historia de obsesión, belleza y dolor.

Cuando piensas en un musical con chandelier que se desploma, máscara blanca, un fantasma que canta en los túneles de la Ópera de París y una soprano atrapada entre la ambición y el miedo, estás pensando en esta obra. Pero detrás del brillo —escenografía grandiosa, efectos especiales espectaculares, millones de espectadores— hay datos curiosos que quizá desconocías y que revelan por qué “El Fantasma” ha dejado huella en el teatro como pocos.

Sigue leyendo y déjate atrapar por esta historia que sigue atrapando al mundo:

1. Un éxito rotundo
El musical se estrenó en 1986 en el Her Majesty’s Theatre de Londres, donde ha superado las 15 mil funciones y continúa en cartelera. Su versión de Broadway abrió en 1988 y terminó por romper todos los récords: más de 13 mil funciones, antes de bajar el telón en abril de 2023. Con el paso del tiempo ha acumulado más de 140 millones de espectadores en 40 países, que lo han convertido en el musical más exitoso de la historia.

2. Definiendo una era
Es mucho más que un musical: es una experiencia sensorial que definió una era. Con música de Andrew Lloyd Webber, letras de Charles Hart y aportes de Richard Stilgoe —quien también coescribió el libreto junto a Lloyd Webber—, esta adaptación de la novela de Gaston Leroux logró unir la grandilocuencia operática con la emoción teatral contemporánea, y en Broadway permaneció en cartelera por más de 35 años, convirtiéndose en la producción más longeva en la historia del teatro neoyorquino.

3. Momento icónico del musical
La caída del gran candelabro en el escenario está inspirado en un hecho real: en 1896, una lámpara de araña cayó en la Ópera de París. En la producción londinense original, el artefacto recreado pesaba una tonelada y estaba cubierto por seis mil cuentas ensambladas a mano. Su desplome no sólo representa el clímax visual del espectáculo, sino también el poder de la puesta en escena, que combina 230 trajes, 281 velas, 250 kilos de hielo seco y una intrincada maquinaria que coordina más de 120 efectos automatizados por función.

4. La música, un personaje en sí mismo
Lloyd Webber creó una partitura que fusiona la estructura de la ópera clásica con el dramatismo del rock y la intensidad del pop de los años ochenta. La famosa melodía principal, con su escala cromática descendente y el órgano de tonos sombríos, se repite a lo largo de toda la obra como un leitmotiv que encarna la obsesión del protagonista. Esta mezcla de coros, guitarras eléctricas y voz de soprano dio al musical una personalidad sonora única, muy distinta a las producciones tradicionales de Broadway.

5. El fenómeno que regresa a la CDMX
En México, ha tenido dos producciones profesionales: la primera se estrenó el 16 de diciembre de 1999 en el Teatro Alameda (hoy Centro Cultural Telmex) bajo la producción de Morris Gilbert, y la segunda se estrenará este 6 de noviembre de 2025 en el Teatro de los Insurgentes. Esta nueva versión —con la misma música y libreto originales— proviene del montaje italiano dirigido por Federico Bellone, conocido por renovar clásicos del teatro musical con una estética más cinematográfica y contemporánea.

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Por Itaí Cruz